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TRIBUNA

Ciudadanos y derecho de sufragio

El derecho más característico de los ciudadanos es el derecho de sufragio. Históricamente, desde un estatus jurídico de ciudadanía original limitado, ese derecho se ha ido extendiendo hasta hacerse universal. En cualquier caso, en la Unión Europea (UE) el sufragio no debería constituir prácticamente el único derecho exclusivo de los ciudadanos europeos, puesto que el resto que están incluidos en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE son compartidos con las personas o con los nacionales de los Estados miembros.


La UE está mostrando sus debilidades congénitas para enfrentarse adecuadamente con el problema de la ciudadanía. Y, además, la falta de una perspectiva más amplia condiciona la adopción de fórmulas que sean eficaces para abordar unos problemas actuales que están poniendo en peligro a la propia organización, y de paso a todos los que se han embarcado en ella.

En Norteamérica, al final de la época colonial, tuvieron una ilustrativa experiencia con el derecho de sufragio en la Constitución de New Jersey de 1776, cuya aplicación y posterior rectificación ofrecen una buena lección para la Europa actual.

En New Jersey decidieron poner en la Constitución que todo el mundo podía votar, con tal que cumpliera unas condiciones mínimas de vinculación con la comunidad, y así en su Sección IV dice que “todos los habitantes de esta Colonia, mayores de edad, que tengan 50 libras en dinero reconocido, propiedad inmueble legal en ella y hayan residido durante doce meses inmediatamente antes de la elección, tendrán derecho a voto.

La clave de esa disposición es que habla de “habitantes” y no excluye a nadie ni pone más condiciones, como hicieron las otras colonias norteamericanas recién independizadas en aquellos momentos, que exigían, por ejemplo: ser “hombre libre” (Pennsylvania, Maryland, Delaware, North Carolina), “hombre” (Vermont), “habitante de sexo masculino” (Georgia) y “hombre blanco libre” (South Carolina).

Además, la ley de 22 de Febrero de 1797, por si había alguna duda acerca de si los habitantes femeninos podían votar en New Jersey, aclara en su sección XI que “cada votante emitirá su ( en el original his or her) voto de forma abierta y visible.” Sin embargo, no todas las mujeres pudieron votar en New Jersey porque, como hemos visto, había que cumplir un requisito de propiedad (tener 50 libras) que aunque no era mucho, había que tenerlas, y las mujeres casadas no tenían ni eso ni nada, porque entonces la propiedad de los bienes en el matrimonio le correspondía exclusivamente al marido. Así que fueron las solteras y las viudas (ambas con dinero) quienes ejercieron el derecho al voto.

Este artículo fue dictado en una época tan temprana, que algunos juristas que han estudiado ese primer periodo constitucional de los EEUU piensan, sencillamente, que fue un error y que la redacción se hizo o bien de forma precipitada o por accidente. Pero la situación no duró mucho y en 1807 el Parlamento de New Jersey aprobó una ley que restringía el derecho a voto a “los ciudadanos masculinos blancos que paguen impuestos”. ¿Qué pasó para que esto cambiara de forma tan radical en solo 31 años?

El hecho determinante de ese cambio de opinión legal fue el referéndum de 1806 para fijar la sede del nuevo Tribunal de Justicia. Aquí votaron los extranjeros, los negros y las negras, los blancos, las blancas solteras y viudas, y hasta hombres vestidos de mujer, según cuentan las crónicas de la época. De manera que al final se llegó a un porcentaje de votantes del 279 % del censo electoral. La gente, entonces, tenía muchas ganas de votar.

En los comienzos de la independencia de los EEUU se creía ciegamente en los principios, pero luego en la práctica comprobaron que las cosas eran muy distintas. Había que poner un poco de orden en la democracia, y la generosidad inicial fue perdiendo ímpetu en favor de un estatuto de ciudadanía más restringido.

Como había que dar alguna explicación a este evidente paso atrás, en el Preámbulo de la Ley de 1807 se dice que “considerando que han surgido dudas y grandes diferencias en la práctica con respecto a la admisión para votar a los extranjeros, mujeres, personas de color o negros, y con respecto a la forma en que se ha de comprobar su cualificación de propiedad para el voto (..) y que es muy necesario para la seguridad, tranquilidad, buen orden y dignidad del Estado, aclarar las mencionadas dudas por medio de un acto de los representantes del pueblo, que declare el verdadero significado de la Constitución, y que asegure su justa ejecución de acuerdo con la intención de sus fundadores.

En el párrafo hay dos cuestiones interesantes que destacar: una es que tiene que haber una legislación de desarrollo de los principios, y otra, la remisión a los orígenes para comprobar si se están haciendo bien las cosas.
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