
El gigante catalán, que optó por rotar con Iniesta y Neymar en el banquillo y Piqué en la grada, ejecutó uno de los primeros tiempos más jerárquicos que se le recuerda. Luis Enrique colocó a Arda como acompañante de Suárez y Messi y abrigó a Busquets con la calidad entre líneas de Rafinha y el desborde al espacio y en vertical de Andre Gomes. Esta fórmula, aliñada con las subidas constantes de Jordi Alba y Aleix Vidal cofeccionaron un soliloquio con la pelota que empequeñeció de manera soberana al bloque visitante. Las Palmas, desprovisto de la pelota, quedó con su identidad defragmentada y se vio arrinconado a testar su consistencia defensiva. Javi Varas resultaría el mejor visitante en los primeros 45 minutos, hecho que resaltaba lo inconsistente del despliegue canario en la tesitura a la que fue abocado.
La pelota, teñida de blaugrana sin matices y desde el principio, circuló con mayor velocidad y sentido ofensivo que en las citas precedentes. Aunque Setién trató de no encerrarse y alcanzó a contaminar de imprecisiones los primeros 10 minutos (en este tramo sólo una falta directa lanzada por Messi a las nubes figuraba en la producción local), la excelsa superioridad barcelonesa en cada epígrafe del juego abonó la cancha con el fin de provocar el germinar del acierto en el último tercio de campo. Todo ello, ese ejercicio de allegro perenne en la asociación, se desarrolló sobre los cimientos de una presión coordinada e impenitente. El compromiso del once en liza ahogaría el respiro isleño y le entregaría el dictado de la trama sin matices. Así, sólo por la vía de la ardorosa emboscada a la salida de pelota oponente obtuvo el Barça cuatro opciones claras de remate: el mencionado intento de Messi, que tuvo la sentencia, al borde del descanso, en otro mano a mano ganado por Varas con fallo previo de Aytami -que entró por el lesionado Garcia-; el error del apurado Lemos que disparó una trasición a la que Rafinha dio un final con chut demasiado cruzado; y, por último, el centro de Andre Gomes que Suárez no acertó a transformar en cauce atinado por poco. Todo enmarcado en el robo adelantando.
Sí daría con la diana el charrúa en el 14 de partido. Justo cuando empezaba a asentarse el guión de partido monopolístico culé, un desmarque al espacio de Andre Gomes -en una de sus mejores versiones con la casaca del candidato a todo- descosió la endeble estabilidad del cierre visitante. Apuró el luso hasta línea de fondo y centró, raso, hacia la segunda línea. Desde el punto de penalti amortizó su movimiento sin pelota Suárez para engatillar a la cepa del primer poste, en una oda a la maniobra del delantero centro. Abría el marcador el Barcelona con celeridad y ese hito le propulsó en su voluntad de copar cada pulgada del espacio.

Las Palmas reaccionaría con timidez, reclamando una pizca de posesión, pero la adelantada medular rival, comandada por un Busquets patrón de todo -que filtró un pase de seda al desmaque y remate desviado de Gomes en plena tormenta atacante culé-, cortocircuitaría la clase de Roque Mesa y neutralizaría el desequilibrio de Viera y Tana. La presencia de Boateng como falso nueve quedó inutilizada por el buen hacer tras pérdida del Barça más cohesionado de los útimos meses. Así, con un devenir de sacrificio y control locales y agonía visitante Rafinha y Arda también contribuyeron y finalizaron las rápidas combinaciones que desnudaban como demasiado atrevida la decisión de Setién de no solidificar su medular, pues Mesa y Vicente -únicos sostenes ante el vendaval contrincante- sollozaban, desprovistos de las necesitadas ayudas continuas de El Zhar y Jonathan Viera.
La superioridad numérica central y el compromiso e intensidad barcelonistas convirtió en inocuo el susurro de presión visitante y sólo concedería a los amarillos un par posesiones sostenidas y de transiciones aisladas, con acceso a posiciones de remate y en el último cuarto de hora antes del intermedio. De una de esas salidas, que atacaban el perfil defensivo por un Vidal voluntarioso y poco exigido, nació la única aproximación registrada por el colorido estilo canario -Boateng había rematado en escorzo un centro lateral en los primeros compases, sin peligro-. Viera probó suerte en el minto 38 desde la frontal y tras una asociación en vuuelo magnífica, la única.
No en vano, fue Javi Varas el corazón de la supervivencia de Las Palmas en el duelo. El meta andaluz negaría a los llegadores catalanes buena parte de las intentonas, todas ellas elaboradas en juego -apartado, éste, que denota la mejora en el rendimiento colectivo culé-. El ex portero del Sevilla voló para sacar de la escuadra una falta chutada por Messi desde la frontal, en su acción más resplandeciente del día. Pero la facilidad en la creación y multipicidad de llegadas erosionaría también al guardameta, que no blocó un lanzamiento de Arda en la conclusión del primer acto, regalando a Messi una segunda jugada en el área para que destapara su varita y sentara a su par, en un adoquín, con un cambio de ritmo y de dirección de tacón sublime. Y Varas reproduciría el colapso que le sobrevenía en la apertura de la reanudación, cuando Rafinha llegó hasta línea de fondo y encañonó un centro punzante que el arquero sólo alcanzó a dejar muerto para que Messi sentenciara a bocajarro -minuto 52-. Zanjaría, de este modo, su cuenta pendiente con Las Palmas -nunca le había marcado-.

Había querido Setién recuperar parte de los metros cedidos e interponer una enmienda al monólogo local. Pero, lejos de conseguir inquietar a Stegen, su apuesta valiente conllevó la ruptura de la competitividad del envite. Con espacios para dañar a cuaquiera, la ofensiva catalana se relamió y destrozó la resistencia visitante con rutilante sencillez. Como no habían pausado su intensidad sin pelota, el flujo de recuperaciones lanzó el veneno del contragolpe recuperado por Luis Enrique en su proyecto. Así, las hectáreas a la espalda del mediocampo de Las Palmas abrió las puertas a un frenesí combinativo que selló un rimbombante (y merecido) 4-0 en seis minutos. La oleadas lanzadas de peones sobradamente dotados de clase autografiaron los tantos de Suárez y Arda, este último, anotado en el 58, redondeó el resultado de la conjunción solidaria de voluntades en una plantilla elitista, pues se fabricó tras una recuperación en cancha ajena.
Sin nada en competición salvo reivindicaciones individuales de los entrados en escena (Alcácer sentó al ovacionado Suárez, Rakitic al recnocido Gomes, Mathieu hizo lo propio con el excepcional Busquets, la perla visiante, Mateo, dio descanso a Vicente y el punta Livaja, protagonista en el Calderón, sacó del marasmo a El Zhar) se disparó el enfrentamiento hacia un desenfadado desenlace en el que los locales permitieron algo de alegría al ruinoso ánimo amarillo. Hubo hueco en esta ida y vuelta para el intento de gol olímpico, que se estrelló en el poste, que Messi regaló al respetable, para que Stegen se desperezara, a tiro de Boateng y para que Vidal y Alcácer se granjearan unos cuantos aplausos tras sus discretos cursos. Un avance del delantero desde el pico del área conectó con el chut a la red del lateral incorporado -minuto 79-. El quinto tanto catalán redondearía una síntesis de lo visto en lo que se tornó la última recta: Las Palmas juguetaba, sin llegar a intimidar, con presiones elevadas que el Barça superaba con inolencia gracias a su superioridad en el centro del campo. La ruptura de líneas visitante les penalizó con justicia y Javi Varas se alzó como el más reseñable de su vestuario (que el portero sobresalga en un equipo de estilo atacante da una idea del producto recogido por Setién este sábado).
Con esta convincente victoria levanta el vuelo el sistema de Luis Enrique. El debutativo inicio de 2017 quedó espantado con en rendimiento táctico colectivo sobresaliente que amenaza con resultar simiente de cara a lo que queda de calendario. A pesar de haber reservado a futbolistas nucleares, el segundo clasificado ganó con sabor clamoroso y esbozando un margen de mejora exponencial si la plantilla interioriza la necesidad, en cada envite, de remangarse sin pelota para que la calidad decida. Los tres puntos, repletos de conclusiones y sensaciones positivas, podrían traducirse también en valía estadística, pues el Madrid visita al Pizjuán en lo que aparenta ser una batalla de altura de la que el liderato estaría en disposición de quedar en susenso. Así pues, tarde de reenamoramiento blaugrana (22 a siete en llegadas a portería y 10 a uno en tiros entre palos).