Se nota que cierta parte de la sociedad está con dudas. Se percibe que estamos en apuros y eso no es malo siempre que hagamos bueno aquello de “a grandes males, grandes remedios”. Hay preocupación en el ambiente, es como si quisiéramos sacudirnos parte de nuestra culpa y pretendiéramos reinventarnos, o al menos devolver la cordura en algunas de las cosas.
Por extraño que parezca hay personas que ante esta enfermiza situación reaccionan creando ideas. La violencia de género y la desigualdad entre los hombres y mujeres es una de esas asignaturas que todos los años sacamos suspenso. La Unidad de Igualdad de la Universidad de Granada ha editado un calendario con el objetivo de defender la igualdad "todos los días". Lo llamativo del almanaque no son las fotos sino el propio nombre de los meses: cada uno de ellos termina en "a", de forma que no hay "enero", "febrero" y "marzo" sino "enera", "febrera" y "marza". Sus creadores, de hecho, hablan de "calendaria", no de calendario. La ocurrencia se añade al cada vez más habitual "las y los" que defienden los que acusan a la gramática española de sexista.
A mí me parece bien siempre y cuando nos pongamos todos de acuerdo. No me importa decir que he nacido en el mes de maya mientras no me confundan con la famosa abeja y me den con el atizador de insectos. Lo importante es que la violencia abandone las armas y que el canalla o la canalla dejen de ser despreciables. Me parece bien, repito, siempre que no alimentemos a la bestia con más cuestiones sexistas que la de erradicar esta repugnante lacra que por desgracia para muchas mujeres persigue hasta la propia tumba, sin olvidarnos de cuantos hombres también han sucumbido a esta ruina de violencia doméstica.
Mujer u hombre, machista o feminista, en cuestión de respeto debe ser traído desde las aulas, e incluso antes, o sea, desde bien nacido o nacida. Tanto el seno familiar como las instituciones docentes han de exigirse que cada nuevo día uno o una se levante con los deberes hechos. La igualdad se aprende, al igual que se hace para saber leer y escribir. De pequeños a uno o a una se nos enseña a distinguir que mamá y papá son dos personas con diferente morfología pero con idéntico caudal de amor y buenos ejemplos; de lo contrario no habrá calendaria que se precie.
Apoyo la idea porque estamos muy necesitados de respeto, y resulta curioso, porque este condimento es lo que ampara al ser educado. Ninguna persona ha de estar sometida a otra ni obligada a voluntades con usurpación de libertad, por eso la educación es la raíz del respeto. Eso es lo que hay que perseguir para impulsar la igualdad, porque la vida desde el suburbio de los malos tratos es una auténtica vergüenza. Por eso no está de más que un calendario o calendaria nos recuerde a todos que cada nuevo día hay un motivo más para abandonar esta nauseabunda y vil manera de coexistir.
Aquí no hay excusas posibles, toda la sociedad, digo bien, toda sin excepción, está en la obligación de corregir aquellos aspectos indeseables que por su naturaleza menosprecian nuestra condición de seres humanos de orden. Hoy es este calendaria a modo de recordatorio diario, y si con ello hemos de adaptar el refranero con tal de acabar con la violencia de género, pues a ello vamos: “Marza ventosa y abrila lluviosa, sacan a maya florida y hermosa” Como ustedes verán la imprenta no distingue de géneros para el buen entendimiento, así pues, resulta fácil cuando queremos querer (valga la redundancia). Y precisamente por la falta de ese querer tenemos aún esta lacra incrustada en nuestra sociedad. ¿Hasta cuándo? Pues miren, para empezar hasta hoy mismo, porque uno siente asco de las estadísticas llenas de sangre.
La justicia está hecha jirones y a buen seguro que los jueces lo intentan, pero la justicia nunca debe ser una simple declaración de intenciones, porque la sociedad actual demanda leyes que amparen al indefenso, al inocente, al honrado y de una vez por todas dejarse de irreverencias legislativas, porque a estas alturas ya conocemos los resultados. Por esa incuria, por esta ineficaz tarea es por lo que las cifras mortales duelen y a la vez repugnan. Seis mujeres han sido las víctimas de enero, por eso al feminizar el nombre de los meses puede que febrera, marza o abrila, consigan que se pare el tiempo y con ello se acaben los minutos de silencio. Merece la pena vivir y dejar vivir, porque dicho fuere por Don Quijote: “Las iras de los amantes suelen parar en maldiciones” Y no le faltaba razón.