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ESCRITO AL RASO

La era de los líderes prêt-à-porter

David Felipe Arranz
lunes 13 de febrero de 2017, 20:13h
Actualizado el: 14/02/2017 10:57h

Hacerse con el poder: un deseo más viejo que la humanidad misma, que el Código de Hammurabi, que Ana Blanco presentando el telediario, que Pepe Isbert saliendo al balcón de Guadalix de la Sierra. Durante todo el fin de semana los jóvenes de Podemos y los viejóvenes y senectos del Partido Popular han estado torturándonos con sus “democracias” internas y postureo del personal. Hemos visto a antiguos alumnos en la foto de ambos partidos mientras hacíamos zapping o dábamos caña en los medios con la tele puesta… Tanto estudiar y estructurar un pensamiento crítico sobre el Poder para acabar en las juventudes peperas o podemitas haciendo cola.

En el encierro del XVIII Congreso del PP la nota de color la pusieron las protestas del pucherazo por la compatibilidad de tanto cargo que acumula Cospedal: la votación fue en el plenario el viernes por la tarde a mano alzada y el escrutinio a ojo de buen cubero. El compromisario Risueño protestó y propuso que la secretaria general no pudiese ser al mismo tiempo miembro del Consejo de Ministros. Efectivamente, en la mejor tradición de los Picapiedra y sin herramienta digital alguna, allí cada compromisario levanta la mano con una cartulina donde pone “sí” o “no”. ¿Quién contó los votos? Los voluntarios, los Rajoy & Cospe Boys y entonces todo fue tan responsable como moderado. Tanto como los discursos de Mariano, cuyo atinado negro mojó una vez más la pluma en el Bardo: “Antes todo era invierno; hoy, una primavera tibia, pero llena de sorpresas”, un mensaje que no inspira el Marca, lectura de cabecera del presidente. Entre “un plato es un plato y un vaso es un vaso” y “es el vecino el que elige el alcalde…”, estos versos en prosa que nos han pillado a todos por sorpresa inauguran una nueva era, entre sor Juana Inés de la Cruz y Lord Byron.

A Martínez-Maíllo el rosáceo de su affaire con Aída Nízar lo ha favorecido y todos quieren que los coordine generalmente hombre tan apasionado. En este rapto lírico-sentimental de cónclave que compartieron todos en este picnic de estriptis, hasta Feijóo comparó al líder con “el mar golpeando rocas”. Ninguna alusión al dinero negro ni a la Gürtel: queremos un hijo tuyo, presidente, y adiós a Aznar y a todo eso. “Hay cargos que hacen al hombre, también hay hombres y mujeres que hacen al cargo y hoy el hombre con competencia, sentido común y altura de miras es Rajoy”, exclamó Cospedal, en tono Mónica Van Campen y “busco a Jacq’s”.

Con el actual sistema, la política es una desilusión y vincularse a ella un oprobio: el jueves lo comentábamos en “El gato de la mañana” de Radio Inter, que con mano diestra conduce el maestro Eduardo García Serrano, donde coincidimos con dos concejales de ayuntamientos de los pueblos de Madrid, uno del PP y otro de Ciudadanos, que muy pronto se enzarzaron en un estéril rifirrafe electoralista. Entre el inmovilismo de unos y la tibieza de otros, el argumentario imperaba, no el análisis profundo de los problemas del ciudadano. Es el control del partido primero y de las estructuras de poder después lo que ambicionan unos y otros en la dirección del apparatchik,en Podemos, por ejemplo, salvo un recién llegado Pepe Viyuela –de la lista “errejonista”–, al que seguimos, admiramos y conocemos bien y cuya cultura y nobleza de intenciones pronto chocará con la lavandería organizativa. Sus recientes papeles en Mármol de Marina Carr y Rinoceronte de Eugène Ionesco son dos prodigios que no deben enturbiar las salpicaduras wagnerianas de las facciones de Podemos.

Recordemos que en la semana antes del 26-J, Pablo Iglesias se definió como ex comunista, lo cual no es definirse o, si acaso, hacerlo al revés. Este nomadismo de Iglesias, fruto de la cercanía electoral, hizo que la izquierda ortodoxa pusiese el grito en el cielo, especialmente después del abrazo de Sol con el niño terrible Garzón, que de terrible tiene poco y mucho de 0% en materia grasa, que parecía aquella la estampa de los colegas haciendo pellas en la uni. Andan Llamazares y otros de la melé roja muy amostazados y no les falta razón porque el tema se les va de un comunismo dialogante, de la ortodoxia del “anguitismo” ochentero hacia una socialdemocracia rampante, esencialmente presidencialista y salvaje: de todo o nada. Con el 89% de los votos de las bases, Pablo Iglesias continúa como secretario general de Podemos, y hasta el estólido Echenique, político de la nada que mantuvo a su asistente sin contrato ni Seguridad Social, ha superado a Errejón en el sistema de puntos, que no de votaciones. Hubo también su momento épico cuando Fernando Ángel Barredo los puso a todos en el potro de Vallecas, pidió más transparencia y denunció a la Comisión de Garantías, que acumula la friolera de 80.000 casos sin resolver.

Pablo levanta el puño y abraza a un cariacontecido Íñigo: fin de las guerras intestinas. Íñigo se ha hecho soluble en el mensaje socialista y eso a un radical como a Iglesias no le ha sentado bien: ha pagado por ello y lo ha mandado a tomar una “relaxing cup of café con leche in plaza Mayor”, a suceder a Manuela, la carta que Pablo tenía debajo de la manga y que jugó y utilizó a su favor. Ya no habrá más piquitos en el hemiciclo. Irse más a la izquierda de Moscú cuando Putin se manda amorosos whatsapps con Trump y Stalin lleva enterrado en la muralla del Kremlin 64 años… no tiene sentido.

El comunismo era más romántico en la clandestinidad; y hasta Alianza Popular, con su carga de franquismo nostálgico y retro-democrático y aquellas gafapastas de luto visual. Un fin de semana, pues, lampedusiano y catacumbal, el de esta España de dos velocidades que sigue en primera, con la disolución de la izquierda y la derecha en un discurso amuermado. Un prêt-à-porter que ya nace demodé. Para olvidar.

Twitter: @dfarranz

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