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TRIBUNA

Patxi, Pedro y Susana

viernes 17 de febrero de 2017, 20:05h

Las primarias del SOE -ya nadie pronuncia la “P”, no sé por qué- se han convertido en los aviones alemanes e italianos que bombardearon Guernika mientras Picasso ya va siendo Felipe González. Los socialistas plegan las entrepiernas metiendo la cabeza entre ellas calzando de tal modo un ovillo. Este lío de lanas y carnes es la España que propone el SOE en un guerracivilismo interno más intenso todavía que el de Podemos -éste ya sosegado tras Vistalegre II-. Dice Patxi: “¿A mí chanzas? ¡No llevaréis ni medio¡”. Pedro S., en su coche tirado por cuatro mulas, recorre el geografismo español por convencer a sus militantes de que la socialdemocracia no es tal, sino un socialismo del capital en donde se ha olvidado la frecuencia de la Ilustración Francesa. Pedro Sánchez quiere avivar un socialismo puro y republicano, quizá como el que escribiera don Benito Pérez Galdós. El SOE es toda una grande historia narrada pícaramente por el don Pablos quevediano.

Susana, arena de la Maestranza, va forjando el susanismo porque “tiene ganas, está preparada y con ilusión a la hora de volver a ganar elecciones”. No me cabe la menor duda que Susana Díez será la próxima secretaria general del SOE. Su seseo y su cuerpo grueso -semeja una escultura de Botero-, más esa cara de pan practican ya su instalación en Ferraz. Patxi López sólo es el arte del birlibirloque, un herido en Guernika, una voz que ya sólo sabe recitar cántigas de amigo, pero nada más. La traición de Patxi a Pedro Sánchez motivará que la militancia lo vea como un oportunista, como un alguacil de los corchetes vascos, unas gafas por donde amanece “El Jardín de las Delicias” del Bosco.

Patxi no tiene nada que hacer. Él mismo ha caído en la contradicción, en la vesania, en la pastelería de la Cuaresma. Pedro Sánchez, sin embargo, vuelve a los caminos cual Quixote que intenta desfacer tuertos o desmontar agravios. Pedro torna on the road por una cuestión de soberbia, por razones de piel, por una cuestión de soltar cuatro hostias a los integrantes de la Gestora. Pero ahí está Susana, la Sissí de la novísima tierra socialdemócrata española. Susana es un cuerpo de cañón, donde las armas que usa la protegen de los malhechores militantes protectores de Pedro. Susana tiene el apoyo de los barones, de la élite felipista que resume el liberalismo centrista de la socialdemocracia, un socialismo convertido en un capitalismo europeo que ya practicara González mientras, como digo, iba pintando como Picasso el cuadro “Guernika”.

Hay guerra civil en el SOE y el Congreso que se avecina acabará con el cartel de “No Pasarán” hilado por el pedrismo. Pedro Sánchez ha sido asesinado como Durruti. Patxi tiene los espejuelos de Manuel Azaña, pero Susana representa la modernidad de una socialdemocracia que se ha olvidado ya para siempre de Blanqui o de Gramsci. El susanismo se va a imponer en este gallinero o sopa boba de los conventos que es el capitalismo socialista, no evitando que las bases y la auténtica militancia del “No es No” empiecen a oler a deyecciones provocadas por el Espíritu Santo y la Virgen de la Madera de una izquierda posmoderna que ve en Susana a una divinidad que da el imago de Venus o de Júpiter. “¡A la guerra y al amor¡”, dicen los caballeros de rapiña que hoy tienen puesta ya la calefacción en Ferraz para que el trasero de Susana Díez se caliente mientras la va pintando Botero. Susana es el Santo Oficio de esta herejía que supone el socialismo leído todavía, como digo, en Gramsci. Susana es la fiesta de los toros y las cañas a un euro con tapa de Sevilla.

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