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Wilders, el último fascista en hacer temblar la Unión Europea

Wilders, el último fascista en hacer temblar la Unión Europea
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miércoles 22 de febrero de 2017, 15:18h
El ultraderechista lidera los sondeos electorales en Holanda. Por G.H.

El próximo 15 de marzo los holandeses acuden a las urnas para elegir nuevo primer ministro, un jefe de Gobierno que podría salir de la ultraderecha más radical.

Tras surgir con fuerza en países como Hungría, Polonia o Francia, los grupos fascistas podrían tener en el polémico Geert Wilders su próxima gran figura, un personaje con el que seguir ganando cuota de pantalla y adeptos a lo largo y ancho de la Unión Europea.

En apenas cinco años, desde los comicios de 2012, este político de discurso desafiante, casi violento, ha logrado duplicar su número de apoyos hasta alcanzar el 20 por ciento de intención de voto actual, lo que le coloca en cabeza de las principales encuestas del país de cara a las elecciones, aunque la atomización del escenario político le complica las opciones finales.

Wilders ha tirado de dos estrategias que en los últimos tiempos están dando gran rédito de cara a las urnas: discurso populista y promesas fáciles. Su programa electoral, que lleva por título 'Holanda tiene que ser nuestra', apenas ocupa un folio. En él, el Partido por la Libertad, promete salir de la Unión Europea, ya bautizado como 'Nexit', cerrar las fronteras a los miles de inmigrantes que llegan al país cada año, prohibir el islam y el Corán, que equipara al 'Mein Kampf' de Hitler, y, como Donald Trump reclama desde el otro lado del Atlántico, aumentar el gasto en defensa.

Los partidos tradicionales, que no han sabido dar respuesta al auge del radicalismo, han perdido comba y de cara al 15 de marzo sólo una macrocoalición de hasta media docena de formaciones encabezada por el actual primer ministro Mark Rutte podría evitar que los ultraderechistas se hicieran con el poder.

Su pelo canoso peinado a lo Gordon Gekko, su sonrisa perfecta y sus formas cuidadas le han hecho ser la cara presentable de una ideología que gana terreno en el centro, norte y este de Europa. A la sombra de la francesa Marine Le Pen y a base de incendiarias declaraciones, como las que calificaba a los inmigrantes marroquíes de "escoria", Wilders ha dado con el target perfecto para su discurso: una clase baja y media holandesa desencantada con la marcha de la economía y desplazada de la fuerza laboral por la inmigración.

Además, el ultraderechista ha ganado para su causa a decenas de miles de votantes a fuerza de prometer bajar la edad de jubilación a los 65 años y reducir la carga impositiva sobre la renta y los alquileres.

Sin embargo, el mismo origen de la fuerza electoral de Wilders puede ser su condena. La atomización del próximo Parlamento holandés, con hasta catorce partidos representados en las proyecciones, hacen necesarias las alianzas, y nadie quiere hacerse la foto con el radical de derechas.

De este modo, o Wilders logra un subidón histórico de última hora que le permita alcanzar los 76 escaños necesarios para gobernar con total autonomía, o se verá abocado, como Le Pen, a plegarse al sistema electoral y pasar a ser la fuerza más votada pero en la oposición.

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