Los de Zidane, desorganizados y alocados, remontaron un 0-2 en la última media hora. Por M. Jones
Empezaba la jornada dominical el Real Madrid en la segunda plaza, a dos puntos del líder virtual, el Barcelona. El triunfo catalán en el Calderón alzó la presión que recayó sobre un gigante capitalino en claro descenso de concentración y atino. El Villarreal hizo caja del desequilibrio del vigente campeón de Europa para aferrarse a la estela de la quinta plaza clasificatoria al tiempo que arrebató a los merengues su calma. El 2-0 retrató los síntomas de crisis de un equipo que refrescó sus problemas pretéritos en un 2017 lúgubre pero que fue capaz de resarcirse y remontar con una última media hora dorada.
Zinedine Zidane eligió para esta visita al Estadio de la Cerámica su once más ofensivo. Quizá la urgencia por sumar de tres en tres le hizo al técnico galo entregar la titularidad a Bale. Se enfrentaban a la mejor defensa de La Liga y el preparador de la 'Undécima' entendió la necesidad de dotar de profundidad y amenaza a su once, aunque para ello comprometiera el equilibrio de un centro del campo menos poblado. El 4-3-3 recuperado con la reaparición de la BBC obligaba a los delanteros a aplicarse en fase defensiva, un acontecimiento que no llegaría y que se convertiría en el principal agujero por el que se filtraría un Villarreal que se relamió en su faceta más vertical.
Se desplegó un enfrentamiento vibrante, de espacios reducidos y exigencia tanto física como de precisión. Con el dominio de la pelota como un epígrafe compartido, alterno, ambos equipos adelantaban las líneas, presionando muy arriba y queriendo la pelota. Los dos técnicos asumían que si el rival superaba su primera línea de achique se ofrecerían espacios venenosos a la espalda de su medular. Y el Madrid salió más decidido a controlar el juego por medio de la redonda. Ronaldo chutó fuera en el primer intento que marcó la personalidad buscada por los de Chamartín -minuto 3-.
Pero, poco a poco iría tornando la inercia el Villarreal hacia un toma y daca de imprecisiones e intercambio de golpes que terminaría beneficiándole, pues la pelota terminaría siendo amarilla. En el entretanto, Mario remató desviado un centro de Trigueros -protagonista- en el minuto 10. El cañonazo del lateral incorporado, cruzado, obligó a Navas a volar para repeler el 1-0. Los dos púgiles mostraron la calidad sobre el verde y su capacidad para generar llegadas. Así, Marcelo desbordó en el 24 para centrar hacia el cabezazo de Benzema que Asenjo sacó de dentro con un escorzo pleno de reflejos que le costaría la salud. Y Dos Santos firmaría un díptico, a continuación, que esbozaría la ruptura de líneas visitante.

Pepe hubo de lanzarse para desviar la pelota suelta que cazó el mexicano desde la frontal tras una contra nítida conducida al galope de un Castillejo muy participativo. Se cruzaba la media hora y el Villarreal ya desdibujaba a un centro del campo merengue en pleno naufragio. La ausencia de ayudas proporcionaba continuas superioridades numéricas que Trigueros y la movilidad en la mediapunta de Dos Santos traducían en desequilibrio y amenaza prolongada. Castillejo, sin marca y en el segundo poste, perdonaría el primer tanto al mandar a las nubes un centro de Jaume y Navas conjugaría un remate angulado de Bakambu en el peor tramo madridista. La presión local desencadenó pérdidas continuas de su contrincante.
La sustitución de Andrés Fernández por el lesionado Asenjo -cuarta lesión de ligamento cruzado de su carrera- sucedió entre el remate muy desviado que coló la escueta producción ofensiva visitante -minuto 32- y el intermedio. Había amarrado Escribá a su ilustre rival por medio de una soga que desconectaba, en ambas fases del juego, a los tres delanteros del centro del campo. Lo estaba pagando un Madrid atrincherado, sacado de eje, pero los pupilos de Zidane llegarían a bajar el telón del primer acto con un remate muy centrado de Benzema tras el desborde en transición de Bale.
La reanudación no sólo mantendría el paisaje de sometimiento táctico del octavo finalista en Champions, sino que ahondaría en la herida del favorito con rotundidad para abocarle a la épica. Trigueros, gobernador del ritmo junto a Bruno, abriría el marcador en el minuto 50. Con el Madrid arrinconado ante la asociación local, un centro mal despejado cayó en las botas de Adrián. El ex colchonero contemporizó en el área, sin oposición, y centró una pelota que caería en la frontal. Allí apareció el estiloso mediocentro para engatillar a la cepa del poste el primer gol.
Siete minutos después sangraría un poco más el bloque capitalino por su costra del desequilibrio. Bruno interpretó una recuperación como la propulsión de una contra que, a través de su visión vertical, dejaría a Bakambu y Ramos en mano a mano. El delantero local ganaría, de sobra, el cuerpeo, y batiría a Navas en su media salida. Corría el minuto 57 y los merengues besaban la lona con claridad. Víctimas de los fantasmas ancestrales que le han alejado de la regularidad que se exige para alzar el campeonato doméstico.

Pero por delante quedaba más de media hora por jugar, y Zidane se lo tomó en serio: dibujó un suicidio ofensivo que sentó a Casemiro e incorporó a Isco y Morata. Y la fórmula de anarquía y esencia ofensiva de mediados del siglo XX le daría resultado. Castillejo y Ronaldo intercambiaron llegadas peligrosas antes de que Bale descorchara la rocambolesca remontada. El galés -que se marcharía lesionado- condujo a la red un centro de Carvajal de potente cabezazo -en su noveno gol del curso y en el minuto 63-. El talento del malagueño entre líneas -abrió al lateral diestro el primer gol visitante y robó la pelota que desembocó en el quinto gol del partido- y el cansancio que empezó a afligir a los castellonenses mezclaron bien para sembrar el radical cambio de la dirección del viento que se experimentaría hasta el epílogo.
A partir del 2-1 creció la convicción dominadora de un Real Madrid que acertó en su estrategia de amalgamar centros laterales. Con Modric y Kroos en la figura de simples apretadores de tornillos, nada creativos, las bandas surtirían de balones a la acumulación de rematadores (con Benzema como mártir del planteamiento). De ese hilo Ronaldo obtuvo un penalti (muy polémico, por mano de Bruno) con el que empataría y Morata nutriría su legitimidad al pescar una pelota, centrada por Marcelo con finura y en el segundo poste, para el paroxismo postrero madridista. Los tantos, ciertamente decisivos en esta Liga, llegaron en los minutos 74 y 84, como colofón de una ventisca sólo factible si la concentración y la calidad entran en sintonía y ejecutan en una altura de eficacia semejante.
La tormenta que salvó los muebles de un irregular Madrid actúa ahora, por contra, como inyección de autoestima, pues se han demostrado a sí mismos que si la implicación en el juego eleva sus revoluciones tienen en su mano arrasar al sistema de ayudas y defensivo más aliñado del campeonato. No supo gestionar el Villarreal la ventaja -la entrada de Rodri y Cheryshev no surtió efecto-, pues no pudieron sostener sus asociaciones para cerrar el partido y cansar a un Madrid desesperado. Y tampoco lograron lanzar, con asiduidad, contras que rompieran el momentum blanco. Un lanzamiento al poste del Balón de Oro y una pifia, con todo a favor, de Morata rozaron la sentencia en plena tromba. Aún así dispusieron de unas cuantas transiciones no rematadas con éxito para enmendar su desplome los levantinos y poner un lazo a la locura efervescente de la que el líder sacó tajada en un segundo tiempo de cinco goles y fútbol ofensivo a borbotones. Sea como fuere, la cima sigue siendo exclusividad del mismo. Aunque sea por un punto.
Ficha técnica:
2 - Villarreal: Sergio Asenjo (Andrés Fernández, m.35), Mario, Musacchio, Víctor Ruiz, Jaume Costa, Bruno Soriano, Trigueros (Rodri, m.76), Jonathan dos Santos, Castillejo, Adrián (Cheryshev, m.58) y Bakambu.
3 - Real Madrid: Keylor Navas, Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo, Casemiro (Isco, m.58), Modric, Kroos, Bale (Lucas Vázquez, m.89), Benzema (Morata, m.77) y Cristiano Ronaldo.
Goles: 1-0, m.50: Trigueros. 2-0, m.56. Bakambu. 2-1, m.64: Bale: 2-2, m.74: Cristiano, de penalti. 2-3, m.83: Morata.
Árbitro: Gil Manzano (Colegio extremeño). Expulsó con tarjeta roja al entrenador del Villarreal, Fran Escribá. Mostró tarjeta amarilla a los locales Bruno, Soldado (en el banquillo), Álvaro (en el banquillo) y Mario, y al visitante Pepe.
Incidencias: partido de la jornada 24 de la Liga disputado en el Estadio de la Cerámica ante 21.415 espectadores.