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TRIBUNA

Carta a Jordi Pujol

sábado 04 de marzo de 2017, 19:20h

Señor Pujol:

La corrupción es una desgracia transversal que corroe a toda nuestra sociedad: en vertical, desde la cruz a la raya; y en horizontal, desde la izquierda hasta la derecha.

En la cúspide, hiede, entre lo que se dice, se sabe, se intuye y lo poco que se juzga. ¡Cuántos kilómetros, hoy empedrados de brillantes, nos separan de aquellos tiempos de Villa Giralda, de agonía incierta y penuria flagrante!

El juicio por el magnicidio (murieron 191 integrantes del pueblo soberano y hubo más de 1500 heridos) del 11 de marzo de 2004 se saldó con un libro, que publicó la mujer del juez para ganar unos cuartos, un ascenso para éste y varias condecoraciones, pensionadas, incluido al fiscal. La verdad pasó al inconsciente. Por si, después de aquello, alguien esperase algo distinto, habrá usted oído a la excelentísima juez Alaya, que ha declarado que hay dos Justicias: la que hace la vista gorda ante los poderosos y la que se pone escrupulosa para los pobres. Si ella lo dice, sabrá por qué.

Los cargos electos están a sus cosas, y aprovechan la oportunidad de medrar sea en votos por asegurar el negocio, sea en sinecuras, pensiones vitalicias, sueldos mínimos de 7.000€ más gastos de representación, billetes en clase preferente, coches oficiales a discreción, pingües seguros, vacaciones por mensualidades varias al año y puertas giratorias, que aíslan mucho de las inclemencias exteriores. Todo con cargo al bien común. Como quiera que ellos fabrican la ley, aprueban los presupuestos y los ejecutan, procuran que su sacrificio por la sociedad sea llevadero.

Los diecisiete estadillos, hijos del título VIII que los ampara, replican el panorama del Estado, por aquello de: Lázaro, engañado me has: juraré yo a Dios que has comido las uvas de tres en tres, porque yo las comía de dos en dos y callabas. Hoy se llama 3%; y es que la picaresca campa por doquier. Más si cabe, en el antiguo reino de Aragón, quizás por ser más fenicio y comercial, como usted bien sabe, o quizá por contagio, ya que el Mediterráneo es el mismo mar que baña Calabria.

Los socialistas y sindicalistas andaluces no van a la zaga. Ellos desviaron fondos destinados a formación, para atender caprichos más o menos obscenos, satisfacer avaricias incesantes, tapar bocas, generar estómagos agradecidos, etc., es irrelevante con relación al daño de fondo acarreado a la sociedad entera. En Andalucía, el paro supera el 30% de la población y ese fenómeno está relacionado con la productividad directamente: a menos formación, menor productividad, más paro. Sin ningún género de dudas, el fraude es censurable, porque es una estafa; pero, el perjuicio ocasionado ya es irrecuperable, aunque devuelvan hasta el último euro robado: los parados siguen ahí, igual de incompetentes que cuando se hicieron los libramientos de aquellos fondos.

Las Cajas de Ahorro han sido la Sierra Morena actual. Hoy los bandoleros llevan corbata, camisas bordadas y trajes hechos a medida, donde guardan el carnet del partido, o del sindicato, que les había asignado el papel de lobos para que apacentaran el rebaño de las ovejas ahorradoras. Son ingenieros de las finanzas, o lo simulan. Pero, ni siquiera han tenido la altura moral de aquel José María el Tempranillo, que madrugó para ser generoso con los pobres. Han trabajado para sí mismos y para sus amos. Y, por si cupiera mayor sarcasmo, el vacío que han dejado en el cajón, engañe el señor Rajoy todo lo que quiera, ha sido cubierto con los impuestos de todos.

En términos de cura social, le ruego, señor Pujol, que no se arredre, que no deje de cortar ramas, aun a riesgo de que caiga el árbol. Recuerde la recomendación que hizo Galeno, que usted entenderá muy bien: ubi pus, ibi evacua. Quienes no somos médicos, tampoco necesitamos que se nos traduzca el tópico. Si usted no evacúa el pus, ya que lo tiene diagnosticado, corremos el riesgo de sobrecurar. Y eso, puede ser letal para el organismo social, por el peligro de septicemia. Así que, usted que es médico evacúe, saje sin miramientos, por favor. Ya rebrojarán las raíces, si cae el tronco.

Usted sabe también que el denominador común de este panorama tan desolador es la condición humana: todas las personas tenemos, por decirlo en términos junguianos: nuestra sombra, que representa aspectos y cualidades poco conocidas, que obedecen a actos impulsivos o impensados y está expuesta a contagios colectivos. En esto convergemos (perdón) reyes, príncipes, jueces, senescales y vasallos, honorables y sin honor, con o sin cadenas. Y, ya puestos a seguir con Jung, si cada uno tenemos un animus, que puede ser el demonio de la muerte, también contamos con un ánima con capacidad de empatía e integración, que puede ser guía hacia los valores, mediadora y chamánica. Es la esperanza que anida dentro.

Primero, usted reviente el pus, haga la catarsis; y a continuación, entre todos, despertaremos las fuerzas, que también están ahí, en nuestra naturaleza, que favorezcan el resurgir del Ave Fénix que somos. Sr. Pujol, ahora ponga las manos en la obra, el resto cae de nuestra parte. Ayúdenos a salir de la desgracia, que no hay mejor cuña.

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