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LIGA DE CAMPEONES - OCTAVOS (VUELTA)

El Real Madrid, obligado a racionalizar la pasión del Nápoles para pasar | 20:45/A3

El Real Madrid, obligado a racionalizar la pasión del Nápoles para pasar | 20:45/A3
martes 07 de marzo de 2017, 00:21h
Actualizado el: 03/07/2017 04:04h
Zidane se juega el billete a cuartos ante el furioso equipo italiano. Por Diego García

Nápoles es una ciudad que respira, habla y piensa en fútbol. El deporte rey abraza cada esquina de la envejecida urbe, tanto que su Ayuntamiento permitió a los trabajadores de todos los gremios finalizar la jornada laboral antes para poder disfrutar del partido de ida entre su equipo y el Real Madrid. Tanto, que San Paolo abrirá sus puertas al público cinco horas antes y que las autoridades han ideado un estricto perímetro de seguridad que evite que los tifossi interrumpan el sueño de la delegación española en la vigilia del partido más importante de la historia reciente de los partenopeos. Aún así, el cordón de seguridad y de cortesía se rompió este lunes cuando la plantilla merengue llegó a su hotel, resultando un caos generalizado -bien aderezado por silbidos e insultos en italiano, español y el dialecto local-.

Lo que hace especial esta eliminatoria es la simbiosis entre el contexto descrito y lo pretendido por el equipo de fútbol al que enfrentarán Zidane y compañía. Sabedores de la necesidad de hacer daño a la irregular consistencia del segundo clasificado de La Liga, Maurizio Sarri ya ha prendido la antorcha de la anarquía como hoja de ruta. "Intentaremos tocarle los huevos al Madrid", verbalizó el entrenador napolitano en sala de prensa. Tras pasarle toda la presión al "equipo más rico y favorito", el expresivo preparador hizo hincapié en la mentalidad de sus huestes para buscar una remontada que alzaría su obra hasta la peana de la altura del venerado (con altares callejeros) Maradona. Intensidad, presión alta, ganar cada segunda pelota y exigir un esfuerzo físico de concentración absoluta figuran como epígrafes del libreto local. La calidad de su línea ofensiva hará el resto.

Vienen de ganar a la Roma en el Olímpico, lo que les vuelve a acercar a la segunda plaza en la Serie A; y de plantar cara a la Juventus -cayeron en Copa tras una actuación arbitral muy discutible-. Es decir, han superado el bache de autoestima que les generó la derrota en el Bernabéu y miran al desafío de este martes como el escenario perfecto para, al fin, dar un golpe en la mesa y presentarse al Viejo Continente como un club de estatus superior. El estado de gracia de su goleador Mertens (que ha superado las molestias que arrastró el pasado fin de semana), de sus cerebros Insigne y Hamsik y de Callejón sobresale como punta de lanza de un centro del campo que podría nominar a su vertiente más ofensiva, con Diawara como único sostén. Jorginho, brasileño mejor dotado como distribuidor que su colega Zielinski o el compatriota Alan, estaría muy cerca de la titularidad. Incluso un cambio de dibujo se baraja, con Milik, el gigante polaco, como delantero centro y la clase técnica mencionada fluctuando por detrás.

Se plantea una batalla de ritmos que examinará el equilibrio y la concepción colectiva de un Madrid inestable. El último triunfo rotundo de los suplentes en Eibar ha venido a suturar la herida por la que venía sangrando el vigente campeón de Champions, en un par de semanas de hacinamiento de partidos en el que ha dilapidado su colchón liguero. Le urgirá al gigante de Chamartín mezclar pentagramas: la posesión fluida como arma de defensa y de congelación del volcán energético anhelado por Sarri, y el contragolpe del tridente para sentenciar al infierno a la endeble línea defensiva de los transalpinos. Un gol visitante conduciría al marasmo al comprometido estadio y Zidane habrá de conjugar este punto con la orden de que cada pieza responda a su cometido en fase defensiva. Porque el púgil al que enfrentan, como obstáculo antes de avanzar a los cuartos de final, ya ha demostrado que es muy capaz de contaminar a cualquiera a un paseo por el frenesí del toma y daca.

"Para ellos el inicio seguramente será con mucha intensidad. Lo sabemos, ellos tienen que marcar para esperar algo. Es un equipo que puede jugar en las dos facetas, puede ir a presionar y también hacer otra cosa con los jugadores que tiene, que saben jugar e ir rápido a la contra. Son rápidos adelante. Es un buen conjunto con muchas cosas para hacer daño al rival", diagnosticó Zizou sobre su contrincante tras subrayar la "mentalidad" -sinónimo de actitud y compromiso en su vocabulario- como el ingrediente principal de la supervivencia española.

"Lo importante es la mentalidad, no el dibujo", proclamó el preparador madridista, que esquivó pronunciarse sobre el esquema que pondrá en práctica -tema poco baladí éste si se atiende a la inercia de su vestuario-. "Hay que sufrir, dejarlo todo en el campo. Tenemos que ser listos y saber que también hay que jugar al fútbol. No todo es la intensidad", arguyó el galo para no posicionarse en favor de la titularidad del tridente. Es decir, la receta ante un rival de esencia vertiginosa es defenderse con pelota y calidad, como hizo en Ipurúa. Para esta arista le vendría mejor disponer de un 4-4-2 que empaste la batalla numérica en la medular y proporcione el control del envite a sus obreros. Pero no se concibe que siente a Bale, sobre todo tras su chispazo liguero. El caso es que tener a toda la plantilla disponible le ofrece al campeón del mundo en 1998 soluciones y desafíos. Y sólo con el correr del cuero se entenderá el sentido vertical u horizontal con que interpreta el camino de la clasificación.

"El ambiente va a ser muy bonito para el Nápoles pero la motivación para nosotros va a ser tremenda. Es un estadio caliente, lo viví como jugador y nunca fue fácil en San Paolo, pero también para el rival es una motivación suplementaria", señaló el técnico francés, encargado de prolongar los excelentes registros europeos (una sola derrota en los últimos 21 partidos, desde su caída en las semis de 2015 ante la Juventus) y generales (suman 46 partidos consecutivos haciendo, al menos, una diana) de su transatlántico. El descanso otorgado a Dani Carvajal, Marcelo, Toni Kroos, Bale y Cristiano el pasado sábado podría ejercer como matiz determinante, ya que el Napoli se batió, con todo, ante los romanistas, su rival directo en pos de la plaza con derecho a la próxima edición de la Liga de Campeones.

Con la mejor entrada que jamás ha registrado el estadio napolitano (60.240 espectadores), el balompié ofrecerá un delicioso capítulo en el que el 3-1 de la ida no tiene por que condicionar a los combatientes. No obstante, los de Sarri jugarán con la profundidad de sus laterales -Hysaj y Ghoulam- en uno de los lances más interesantes de la confrontación. El correspondiente a los carriles exteriores y las superioridades en esos pasillos. Un 2-0 clasifica a los azzurri y la pronosticable explosión rítmica podría posponerse o regularse, ya que un asedio vehemente y prolongado terminaría por alimentar al Balón de Oro al generar espacios que conducen, por la vía rápida, a Pepe Reina. Sea como fuere, el ajedrez de este cruce, más igualado de lo que apunta la estadística, contará con el sentido colectivo como un parámetro de obligado cumplimiento. Para domesticar al furioso y frágil rival o para aceptar el reto de esfuerzo y hacer primar la calidad propia. Y ya se sabe la distinguida capacidad merengue para luchar contra sí mismo a través de la desatención táctica.

Posibles alineaciones:

Nápoles: Reina; Hysaj, Koulibaly, Albiol, Ghoulam; Diawara, Zielinski, Hamsik; Insigne, Callejón y Mertens.

Real Madrid: Kaylor Navas; Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric; Ronaldo, Benzema y Bale.

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