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La contrarrevolución tradicionalista de Trump

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
martes 07 de marzo de 2017, 18:20h
Actualizado el: 03/07/2017 20:32h

Los enfoques críticos contra Donald Trump están equivocando la estrategia: más que enfatizar el aspecto de trastornos mentales que en realidad afecta a todos los seres humanos en tanto que personas que utilizan la inteligencia, el nuevo presidente estadunidense debiera primero ser diagnosticado en su propuesta ideológica de gobierno. Los problemas de conducta no definen objetivos políticos.

Los ciclos ideológicos estadunidenses refieren periodos precisos: la ofensiva conservadora del siglo XIX basada en el expansionismo territorial de las Trece Colonias hacia el oeste para liquidar a diez millones de indios y quitarle a México la mitad de su territorio, el imperialismo mundial con los Catorce Puntos de Wilson para definir los intereses geopolíticos de Washington, el corto periodo liberal económico para contrarrestar la gran crisis bursátil de los años veinte, el regreso del conservadurismo al calor de la segunda guerra mundial.

La gran revolución liberal --sin perder sus referentes de dominación mundial-- ocurrió en el periodo 1963-1973: Estado dominante, beneficios sociales, igualdad racial, derechos a minorías y prácticas individuales reprimidas por el conservadurismo religioso del siglo XVII. Donald Trump y sus estrategas ideológicos --sobre todo Steve Bannon como el Gran Jefe Tradicionalista-- tienen un proyecto para instaurar no una revolución conservadora sino una verdadera contrarrevolución tradicionalista; es decir, Trump no busca iniciar una nueva etapa de valores conservadores sino corregir liberalismos del pasado reciente.

El punto más sensible está en los conceptos: el conservadurismo y su variante el neoconservadurismo han estado presentes en la toma de decisiones de gobierno, pero su fundamento teórico es retórico, intelectual y refiere especialmente valores. La revolución conservadora de Reagan, por ejemplo, se basó en la defensa del american way of life ante el comunismo, en tanto que internamente su conservadurismo se basó en los temas habituales: disminución del Estado en la economía, baja de impuestos y control del crecimiento de la burocracia. Los valores conservadores eran morales, de propiedad privada y de derechos individuales. Los conservadores Nixon, Reagan y los dos Bush se movieron en los espacios de defender valores sin modificar conquistas liberales.

Trump es tradicionalista; es decir, defiende tradiciones, y éstas deben entenderse como comportamientos y no solo valores. La gran revolución liberal de los sesenta atropelló tradiciones. Fabián Vidoletti en La era conservadora en los Estados Unidos (Fundación para la Integración Federal, Argentina) hizo un sobresaliente resumen de la revolución liberal de los sesenta que explica el marco de referencia de la contrarrevolución tradicionalista de Trump.

Kennedy y Johnson impulsaron la revolución liberal basada en un mayor intervencionismo del Estado en la vida social vía programas de apoyo a los pobres. En octubre de 1965 Johnson hizo aprobar un paquete de quince leyes que fijaron los cimientos de la “Gran Sociedad”, una coalición gobierno-pobres: derecho al voto, asistencia para la educación pública y religiosa, presupuesto nacional para las artes, leyes para combatir contaminación ambiental, Medicare para mayores de 65 años y Medicaid para pobres y un año antes la ley de derechos civiles para la igualdad obligatoria que terminaba con la segregación.

Paralelamente, la Corte Suprema le entró a la revolución liberal con aportación de protección jurídica a derechos y apoyos que afectaron al pensamiento tradicionalista religioso: la píldora anticonceptiva, la liberación de rezos en escuelas públicas, el aborto y sobre todo la acción afirmativa para imponer reconocimientos a minorías y trato preferencial no por capacidad sino por condición minoritaria. El ciclo liberal se cerró en 1973 con el caso Roe vs. Wade para autorizar aborto en casos de violación.

La revolución liberal llegó acompañada de la consolidación de un espacio cultural en medios y en corrientes intelectuales dominantes. Los conservadores y neoconservadores llegaron a aceptar esos avances como parte justamente de una nueva cultura y refiere Vidoletti que se quedaron en el enfoque de las ciencias sociales y el funcionalismo del Estado y no en los valores tradicionales.

La fuente teórica del pensamiento tradicionalista de Trump es el tradicionalismo de los fundadores de los Estados Unidos a partir de la primera colonia puritana, derivación de la Revolución Puritana inglesa en el siglo XVII. De ahí que las primeras decisiones de Trump vayan justamente a revertir los avances liberales de los sesenta para restaurar las tradiciones: recorte a fondos para aborto, recorte a apoyos a las artes, recorte a presupuestos climáticos, reorganización de los programas de salud y poca atención a las acciones afirmativas para regresar al modelo de la competencia en capacidades. Inclusive, tiene planes para cuestionar las reformas para el consumo legal lúdico de marihuana.

El objetivo de la contrarrevolución tradicionalista de Trump va a la esencia del proyecto: el Estado y la burocracia, ambos con funcionamiento autónomo. Por eso la campaña de Steve Bannon vía el sitio breitbart.com a lo que considera el eje del poder liberal: el establishment liberal que domina al Estado y a la burocracia, incluyendo a los medios como aparato de poder liberal. Bannon habla del “Estado profundo” y el “Estado administrativo” que impiden las contrarreformas y los acusa de conspirar contra el nuevo gobierno y su contrarrevolución para restaurar de nuevo los valores tradicionales de los fundadores de la nación.

De ahí que Trump debe ser analizado en función de su contrarrevolución tradicionalista que terminaría con medio siglo de revolución liberal. Ahí se localiza el campo de batalla ideológico en los Estados Unidos que fijaron Trump y Bannon.

indicadorpolitico.mx
carlosramirezh@hotmail.com
@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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