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NOVELA

Care Santos: Media vida

domingo 12 de marzo de 2017, 18:50h
Care Santos: Media vida

Premio Nadal 2017. Destino. Barcelona, 2017. 334 páginas. 20, 50 €. Libro electrónico: 12,99 €. El veterano galardón de nuestras letras ha recaído este año en una novela sobre una generación de mujeres que alcanzó su madurez en la Transición. La prolífica escritora y crítica literaria Care Santos nos sirve un relato que engancha. Por Ángela Pérez

Estamos en la década de los cincuenta del pasado siglo. El escenario: un colegio de monjas de férrea disciplina, donde viven y estudian varias internas, huérfanas o pertenecientes a familias de distinta posición social, pero igualadas por no ocuparse precisamente con mucha atención de sus hijas: “Niñas sin padres, o con padres tan atareados que preferían mantenerlas a distancia, aunque tuvieran que pagar por ello una pequeña fortuna”. Jóvenes que por unas u otras razones han ido a parar a ese internado, donde, como en todo espacio cerrado, se desarrollan relaciones de poder. Ya lo reflejaron de manera brillante el austriaco Robert Musil en Las tribulaciones del estudiante Törless y Mario Vargas Llosa en Los jefes. En el caso de Media vida, la novela con la que Care Santos (Mataró, 1970) se ha alzado con el veterano Premio Nadal de este año, no se pone el foco en lo que sucede en el internado y en esas relaciones de dominio de unos frente a otros, pero podemos hacernos una cabal idea a través de la escena con la que se abre la novela.

En esa escena, cinco de las internas, Olga, Marta, Lola, Nina y Julia, que forman un grupo de amigas, juegan, en la que será la última vez, a “Acción o verdad”, o “Juego de las prendas”, donde la maestra de ceremonias, Olga, tiene la prerrogativa de imponer duras y arriesgadas pruebas a las participantes. En este caso, será la de entrar sigilosamente en la habitación de Vicente -un joven disminuido psíquico que las monjas se encontraron recién nacido en el torno, y que desde entonces se quedó en el colegio-, y cortarle un mechón de pelo. En la prueba, que se describe de manera que se palpa la tensión, a Julia le sucederá algo tremendo, y es pillada por las monjas, lo que la arrastrará a una complicada situación en su existencia.

Después de este comienzo, se da un salto en el tiempo para situarnos en 1981, época sin duda decisiva en nuestro país, con una recuperación de la democracia prácticamente recién estrenada, y en el que se promulgaron leyes de gran importancia como la Ley de Divorcio, trascendente paso, especialmente en el camino de la emancipación femenina. Una ley que defiende Julia, quien se ha convertido en diputada del Partido Socialista. La vida de cada una de las participantes en aquel juego de las prendas ha ido tomando diferentes derroteros, que vamos conociendo en lo que compone un sugerente puzle de distintos modos de ser mujer. Una día de 1981 las amigas se reencontrarán en una cena en la que ya no son aquellas adolescentes y jóvenes en el internado sino unas mujeres en plena madurez, unas mujeres en su “media vida”, que, de alguna manera, han de hacer balance y quizá cerrar viejas heridas para continuar adelante.

El recurso de la cena -o similar- de reencuentro de quienes llevaban muchos años sin verse se ha empleado en nuestra reciente novelística, así en Los viejos amigos, de Rafael Chirbes, Un árbol caído, de Rafael Reig, o Nosotros, los de entonces, de Marta Rivera de la Cruz, entre otros títulos. Pero, sin duda, da mucho juego para confrontar pasado y presente, y mirar el futuro, y establecer un diálogo esclarecedor entre los personajes, donde se descubrirán no pocos secretos. Care Santos emplea este recurso con soltura y nos sumerge en esa cena -con la particularidad aquí de que solo son mujeres-, en la que podemos sentirnos sentados a la mesa como uno más de sus comensales.

Care Santos tiene en su haber como prolífera trayectoria, en la que ha dado a la imprenta unas cincuenta obras, de distintos géneros, que van desde la novela juvenil hasta la poesía. En Media vida da cuenta de su pericia como narradora en una novela que no busca, claro está, innovaciones, sino que nos ofrece un planteamiento convencional que la autora domina con creces. Con la lectura de Media vida podemos disfrutar de una historia que engancha poblada con personajes que son individuales y a la vez representativos y simbólicos. Y que no deja de proponernos una reflexión en torno a cuestiones de peso, como la posibilidad, o no, de perdón. Un hallazgo la cita del pensador Joan-Carles Mèlich que encabeza la novela: “Sólo se puede perdonar lo imperdonable”.

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