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NOVELA

Iván Repila: Prólogo para una guerra

Iván Repila: Prólogo para una guerra

Seix Barral. Barcelona, 2017. 286 páginas. 17 €. Libro electrónico: 11,99 €.

Por Daniel González Irala

Comentaban dos escritores sobre un tercero, que su principal fallo como autor era querer parecerse a William Faulkner, y a la vez vender el mismo número de ejemplares que Antonio Gala. Sin voluntad ninguna de desdeñar los escritos de este último autor y salvando las distancias que dan los Estados Unidos y ésta nuestra patria chica, Iván Repila, autor bilbaíno del 78, entrega este absorbente y difícil de digerir proyecto, un registro poemático de larguísimo aliento y naturaleza distópica -que hará las delicias de su pequeño público, que esperemos se vaya haciendo más grande con el tiempo-, en torno a tan solo cinco personajes, uno de los cuales lleva el estéril peso de la trama, siendo ésta lo menos importante de la novela.

Repila convive durante casi trescientas páginas y gracias a un narrador en tercera persona, no identificado con Emil Zarco, un arquitecto cuyo poderoso e importante proyecto en una ciudad sin nombre, le lleva a querer erigir una ciudad vertical que por los siglos tardaría en construirse años, en un tiempo récord; su esposa Oona; el Mudo, un personaje que sobrevive más que vive y en torno al que se apoya una serie de parias y escombros sociales productos del abandono; su hija Hache, con quién tuvo problemas en el pasado, y un perro mastín en el que los tres descargan altas dosis de agresividad.

Además de su hondo valor metafórico, que en cierto sentido la convierte en paisanaje reconocible de nuestros días a partir del 15-M, si bien el autor sabe no hacer reconocibles sus huellas a ningún acontecimiento externo, la novela innova en cuanto a la utilización de una estructura aparentemente lineal en torno al proyecto de Emil: desde los primeros y poco reconocibles Dibujos, un Anteproyecto que inaugura su ejecución con continuos accidentes (como aquel por el que el Mudo visita por primera vez el Hospital), la Construcción, el agotamiento que en Emil causa y las sorpresivas consecuencias, y la fatal Ocupación, que viene acompañada como columbramiento de ese cuaderno rojo de poemas que al modo del inicial Paul Válery entroncan con el surrealismo como escombro.

Profundamente pesimista, en Prólogo para una guerra, la crítica internacional, más que la propia nacional, ha sabido destacar su riqueza lingüística y su capacidad atmosférica; esto es debido a que es un libro difícil para la mentalidad editorial actual, y a la vez porque el manuscrito no encontró su oportunidad a la hora de ser mandado a sus diferentes nichos de mercado. Se trata de la tercera novela de Repila, tras Una comedia canalla y El niño que robó el caballo de Atila, ambas publicadas en el sello Libros del Silencio.

De esta forma, si la primera Oona desafía por estar con quién está las mismas y plenas leyes de la física, será la segunda la que se identifica más con el lector, es decir aquella que aparecía “cuando la luz estaba saturada de azogue y recordaba a un vapor de hulla, negro y pesado”. En todos estos sentidos, estamos ante una obra telúrica, lúcida y dispuesta a ser devorada en torno a la excusa de que los libros son tímidos.

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