La española disparó su rendimiento para ganar sin fisuras.
Garbiñe Muguruza empezó su partido perdiendo por 2-0. El break inicial que le asestó la china hacia asomar una sospecha: lo que la lluvia le entregó el viernes se lo negó el sábado. Es decir, la tormenta que aplazó la resolución de su partido debut (jueves) para darle nuevos bríos y llevarla a un escalón más en el torneo acortó el tiempo de descanso con el envite de este sábado. Y ese esfuerzo podría ser un factor. Sin embargo, rápido mostró la española la preponderancia de su calidad sobre Zhang. Empató a dos el set con celeridad y la asiática sólo podría jugar con ventaja ante la irregularidad mental de su rival. Sobre este parámetro, y no el físico, se alzó la china con la manga inaugural (6-4).
Sin embargo, ya entrada en ritmo y con la concentración adecuada, Muguruza domesticó el juego agresivo y versátil de la asiática para completar defensas y golpes ganadores que se mezclaban en un rendimiento sobrio que le abonaría la victoria por la vía rápida. No obstante, la hispano-venezolana aceleraría la intensidad al tiempo que descendían su desconfianza y nervios para arrollar en los dos sets siguientes (doble 6-2), con series de cuatro y cinco juegos consecutivos. La relamida ejecución de explosiva seguridad técnica concluyó un envite que se constituyó en un triunfo más convincente que el precedente en lo que a fe en sí misma se refiere, a pesar de que en ambos hubo de experimentar una remontada (la del viernes con épica, la de este sábado con clase).
Disolvió los baches padecidos en rondas precedentes en el Premier Mandatory de Miami para repetir su mejor resultado en el torneo de Florida. La española pronosticó un duelo en la previa un enfrentamiento "muy ajustado", pero esa percepción sólo correspondería al primer parcial. En él, la caraqueña completaría su vaivén perdiendo su saque para tirar por la borda el esfuerzo de empatar el mencionado 0-2 y entregar a la china un carril despejado (4-2) que le bastaría, a pesar del guadianesco desempeño de ambas con su saque. En ese punto, igualado, hizo titubear Zhang la supervivencia de la jugadora nacional.
Pero reaccionaría Garbiñe. Quizá la asiática, 33 de la WTA, se tomó un respiro en la segunda manga, aplazando su energía para jugársela en el set definitivo, pero lo cierto es que fue borrada de la pista con un 4-0 que sólo podría ser maquillado. La batalla mental de Muguruza declinó sobre una dirección imperial hacia el triunfo, vengando, de paso, la derrota sufrida ante la rival de este sábado acontecida en los curtos de final de Doha, hace un mes.
Le devolvería la moneda la española con una sinfonía de jerarquía tenística, dominando el ataque y la defensa, la ocupación de los espacios y el dibujo de ángulos que nublaron la soltura precedente de Zhang. No soltó el pie del acelerador la vigente ganadora de Roland Garros para concatenar un aplomo y fluidez en el tempo y la ejecución que sacan lustre a la versión más competitiva e irresistible de una tenista que se bate con sus fantasmas demasiado a menudo. Puede que resulte consecuencia de su juventud, pero esos resbalones de concentración todavía no han sido superiores a su técnica y la española ya ha vuelto a cuarta ronda en Cayo Vizcaíno, peldaño que pisó en 2012 y 2013. Wozniacki o Cirstea serán su próxima única frontera. Si su mentalidad se lo permite.