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ENSAYO

Richard Pipes: La Revolución rusa

domingo 26 de marzo de 2017, 17:55h
Richard Pipes: La Revolución rusa

Varios traductores. Debate. Barcelona, 2016. 1088 páginas. 42,90 €. Libro electrónico: 12,99 €. Se publica por primera vez en español el monumental trabajo del historiador Richard Pipes. Una obra canónica e imprescindible para conocer un acontecimiento que marcó el siglo XX, y del que en 2017 se cumplen cien años. Por Alejandro San Francisco

El centenario de la revolución bolchevique de 1917 representa una ocasión propicia para volver a estudiar y leer sobre uno de los procesos fundamentales del siglo XX, no solo en Rusia, sino también en el mundo entero. Después de todo, marcó un cambio decisivo, que implicó la posibilidad de organizar la sociedad de una manera distinta a las monarquías y a las democracias, tanto en el plano político como en el económico y social. Adicionalmente, su impacto se reflejó posteriormente en otras sociedades -si bien de manera distinta a la pensada originalmente- y tuvo una de sus manifestaciones mayores durante la Guerra Fría que se vivió después de la Segunda Guerra Mundial. La caída del Muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética y el desplome de los socialismos reales mostraron un final diferente al previsto por los revolucionarios de 1917, pero de ninguna manera logra borrar la importancia histórica del primer régimen comunista de la historia.

En esta línea, el libro del historiador polaconorteamericano Richard Pipes, La Revolución rusa, es un aporte extraordinario para el conocimiento y la comprensión de los sucesos de 1917. Se trata de uno de los mayores especialistas en la historia rusa y con variados estudios sobre figuras y procesos relacionados con el comunismo. Si bien la versión original en inglés de esta obra fue publicada en 1990, la traducción que comentamos no ha perdido vigencia, y, por el contrario, conserva la riqueza de un trabajo que es a la vez monumental y claro, extenso pero accesible, muy bien documentado y escrito de manera diáfana. El propio Pipes pudo complementar algunas de sus investigaciones, que se encuentran expuestas por ejemplo en su Unknown Lenin. From the Secret Archives (New Haven, Yale University Press, 1996), texto que recibió variadas críticas.

La Revolución rusa es un libro que no se refiere solo a los sucesos de 1917, sino que remonta su análisis a la crisis de la monarquía a fines del siglo XIX y comienzos del XX, poniendo especial énfasis en los cambios experimentados en 1905, con la apertura hacia un gobierno con participación popular, pese a las dudas del zar, el autócrata, que estaba convencido de su misión y responsabilidades. Sin embargo, para entonces la influencia de la intelligentsia y de los movimientos socialdemócratas, anarquistas y luego bolcheviques, tornaron prácticamente imposible mantener las cosas como habían sido durante siglos.

Un momento determinante en la crisis final del régimen zarista se produjo con el ingreso de Rusia a la Primera Guerra Mundial, en circunstancias que su preparación no era la adecuada y que debería enfrentar numerosos costos humanos y económicos durante el conflicto. Una de las consecuencias más graves de esto se manifestó precisamente con los movimientos de febrero de 1917 que determinarían la caída del zar y el comienzo de una nueva historia, marcada primero por la destrucción del Estado ruso y el desarrollo de una peligrosa anarquía. Posteriormente aparecen las contradicciones internas del sistema parlamentario que procuró la revolución o las diferencias de personalidades y políticas que hicieron inviable esta nueva etapa (la explicación de la lucha entre Kerenski y Kornilov es ilustrativa al respecto).

Todo ello llevaría a la decisión de los bolcheviques, liderados por Lenin, de tomar el poder, cuestión que se va manifestando progresivamente desde abril de ese año. Se trataba de una idea madurada con los años de lecturas de Marx y Engels, de elaboración de ideas propias y formación de un partido de revolucionarios profesionales y determinados. La caracterización que Pipes hace sobre el líder comunista se mueve mostrando sus facetas más oscuras -su fe fanática, su comprensión de la política como una guerra o sus marcados rasgos de crueldad- con otras que revelan a un líder superior, que se va manifestando progresivamente como “infalible”, certero analista de las situaciones, con capacidad de trabajo extraordinaria y determinado a aprovechar las oportunidades, y capaz de pensar y levantar una alternativa política y militar exitosa, incluso contra la opinión dominante entre sus propios correligionarios. Su potencia doctrinaria y capacidad de acción serían esenciales en octubre de 1917 y en la difícil construcción de la primera fase del nuevo régimen.

En esta parte resultan muy ilustrativos los capítulos referidos a la internacionalización de la revolución, los contactos con Alemania para llegar a un acuerdo de paz, la organización de un “comunismo de guerra” (concepto que sería acuñado con posterioridad a su implementación), la dureza con que se trató al campo, el asesinato de la familia imperial y el llamado “Terror Rojo”. Los esfuerzos por explicar el nuevo sistema económico, surgido de teorías que casi siempre pugnaban con la realidad, incorporan aspectos que no siempre están presentes, como las nuevas definiciones de los trabajadores, que muestran tanto la obligatoriedad del trabajo como la prohibición de hecho de los sindicatos y las huelgas. Igualmente interesante resulta la progresiva consolidación de los bolcheviques como el único poder dominante tras la revolución de octubre.

Hay algunos temas en que Pipes incorpora conceptos que son novedosos, aunque discutibles. Es el caso de las diferencias entre los sucesos de febrero de 1917, que determinaron la abdicación del zar Nicolás II, y los de octubre, que instalaron a los bolcheviques en el poder. El primero es caracterizado como una revolución, mientras el segundo aparece mencionado, peyorativamente, como un golpe de Estado. Sin embargo, la posterior explicación de las transformaciones experimentadas por Rusia ilustran muy claramente las consecuencias revolucionarias del nuevo régimen, desde la instalación de un Estado de partido único hasta la nueva economía que se intenta controlar desde el poder, pasando por las repercusiones internacionales del gobierno comunista, la situación del campo, las contradicciones -internas y externas- de los nuevos gobernantes, entre otros temas.

La obra termina con una curiosa afirmación: “Los rusos y sus pueblos bajo su dominio no tendrían respiro; aquellos que habían experimentado y sobrevivido a la revolución no verían nunca más la vuelta a la normalidad. La revolución fue tan solo el principio de sus penas”. Es evidente que aquí hay un anticipo sobre lo que sería el régimen comunista durante siete décadas decisivas del siglo XX, pero también es curioso en relación con las descripciones que el propio autor hace sobre los últimos años del zarismo, cuando también se vivieron muchas penas. Sin perjuicio de ello, esta monumental historia de la Revolución bolchevique permite hacer inteligible al lector de hoy un proceso que por sus dimensiones, características y contradicciones -a lo que podríamos sumar las pasiones políticas-, resulta en general muy difícil de ser comprendido.

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