El español remontó un set en blanco para brillar en su resurrección.
La retirada por lesión de Milos Raonic antes del enfrentamiento que Rafa Nadal sostuvo con Kohlschreiber allanaba el camino del español hasta la final del Masters 1.000 de Miami. No obstante, la baja de virtuoso canadiense -quinta raqueta del mundo- clasificaba y ponía en el horizonte del balear al estadounidense Jared Donaldson, de menor nivel. Pero ese matiz y la cifra de 1.000 partidos disputados en el circuito ATP, más propios del contexto, no podían obviar la exigencia que el legendario zurdo habría de enfrentar este domingo. De hecho, el primer set, de 26 minutos, reforzaría lo intrincado del envite.
El sorprendente arranque de batalla llevó a la lona a Nadal a las primeras de cambio. No necesitaría el alemán tirar de golpes stratosféricos. Sólo aplicando el raciocinio a su juego desbocado de derecha perenne, limitando sus errores y con un saque solvente, conseguiría el 31 del mundo asestar el primer 6-0 que padece Rafael desde el Abierto de Australia de 2015 (Tomas Berdych). Los fantasmas que atormentan, cada vez menos, la granítica mentalidad del manacorí se desparramaron por la pista para desdibujar la sobriedad en el manejo de su servicio que viene evidenciando en 2017 y deconstruir la seguridad que le ha llevado a volver a competir por títulos de Grand Slam tras su travesía por el desierto.
No le entraba nada al español y el teutón se limitaba a jugar sobre las dudas de su renqueante oponente. Y compitió con una ejecución sensacional ante el bloqueo ajeno. La estadística pintaba un paisaje exótico, con seis golpeos con el marco de la raqueta del español, una relación de 33 % de sus primeros servicios ganados por el 90% del germano. Se había encaminado el alemán a romper su mala racha contra jugadores de ranking top-10 (26 derrotas encadenadas) en el día en que Nadal entraba en el club de once tenistas que han superado la barrera de los 1.000 encuentros competidos desde que se instauró la ATP.
Sin embargo, cuando el aficionado se preguntaba si el coloso volvería a reproducir una de sus icónicas remontadas o mostraría su cara B de los cursos precedentes, la inseguridad y las imprecisiones cambiaron de bando. El balear empezó a frenar el ritmo de los puntos, alternando la profundidad de sus golpes, afinado sus servicios, y Kohlschreiber se abandonaría con celeridad a la dinámica de acumular golpes ganadores fallidos que le despeñaron en el marcador y en las sensaciones. Ahora era renacido zurdo el que dictaba el tempo y el tipo de guión sobre el que jugar.
Tardó media hora en celebrar su primer punto pero acumularía varios juegos en blanco y breaks (sólo dispuso de dos pelotas de ruptura en la primera manga y negó al teutón toda posibilidad de romper el saque en la segunda). El cambio radical estaba siendo somatizado por ambos y la defensa del español le llevó a sumar seis juegos consecutivos, entre la agresividad y la templanza, hecho que dio carpetazo al empate del choque (6-2) y que le colocó con 3-0 en el ecuador del set definitivo. Con la energía y la convicción restablecidas en su punto máximo, Nadal recluyó a su chispeante contrincante a un nudo de fallos no forzados del que no podría escabullirse.
Sólo el saque le alcanzaría para frenar la sangría ante la explosión jerárquica de su rival y matizar la marejada con un 3-1 que le entregaba algo de respiro. Su juego directo le daba frutos, al fin, pero la técnica y la resabiada lectura de los partidos que caracterizan a este Rafael pulido tras las heridas tragadas en los días aciagos, colocaron al alemán en posición de inmolarse. No arriesgaba el español, que defendía su saque con afán y colocaba señuelos para que el diestro atrevido se la jugara, como le gusta, en cada bola. Y la cosecha no se aplazaría. Sólo perdería dos puntos más, ganaría todos sus primeros saques (antagónico registro con respecto al primer set) y reinaría sin aristas sobre su refrscada versión irresistible.
El mejor tenista en cancha superó su apagón inaugural para mezclar atino, pausa, astucia, estrategia y personalidad. El resultado (0-6/6-2/6-3) declinó la victoria sobre el favorito, que salió de este brete en Cayo Vizcaíno como el que sale de una crisis espiritual: más vivo que nunca tras haber abrazado el desconcierto. "Partido con poco que analizar, lo más positivo es la victoria porque las condiciones eran muy complicadas y lo que hay que hacer estos días es ganar", explicó el jugador español tras su plácido triunfo ante Sela en la fase previa. En este partido, sin duda, encontrará más argumentos sobre los que reflexionar. Todo ello antes de medise a Nicolas Mahut (55 de la ATP).