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Mi querido consejero

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 27 de junio de 2008, 22:44h
Querido amigo: Estoy convencido que en tu caso y en el de la mayor parte de los altos cargos del Ministerio de Educación y Ciencia la nueva materia de “Educación para la ciudadanía y los derechos humanos” está concebida de buena fe y para el bien de una futura ciudadanía activa y altamente participativa con valores fundamentales compartidos, capaz de integrar en el marco de valores europeos otras culturas y mundivisiones. Como tú muy bien dices en el último número de la excelente Revista Idea de la Mancha “el desarrollo integral de las mujeres y hombres del futuro los convertirá en parte activa de la sociedad. Serán expertos en una u otra cosa, se ocuparán en responsabilidades diversas, intentarán alcanzar sus metas pero lo harán con el vestido que los convierte en sujetos de su propio camino y en responsables del camino común, lo harán como hombres y mujeres libres, solidarios y conscientes. Lo harán como ciudadanos”. Efectivamente, este futuro promisorio lo anhelaría también no sólo Protágoras sino el mismo Platón. “El vestido que los convierte en sujetos de su propio camino y en responsables del camino común”. Ése debería ser el fin de la educación y ninguno otro. Porque es el propio camino precisamente quien abre el camino común, y eso nos tiene que recordar a Montesquieu cuando repetidamente dice que la libertad de cada ciudadano es parte de la libertad política. Ahora bien o “sed contra est”, que diría el Doctor Angélico, habría que diferenciar las metas (tus “responsabilidades diversas”) a las que se llega mediante las “technai” o las clásicas destrezas y habilidades (cálculo, geometría, dibujo, gramática, música, tecnología, medicina, etc.) de los objetivos morales, personales y comunes, a los que se llega mediante la “aretê” o virtud, y más concretamente “aretê politikê”, a la que Platón se negó a ver siempre como una mera “technê politikê”, y a la que Protágoras aseguraba poder enseñar al rico Hipócrates. Pero ¿realmente tenían razón Protágoras y el romano Quintiliano, los dos pedagogos más optimistas del Mundo Antiguo, cuando afirmaban ambos que la virtud también es enseñable? Platón lo cuestiona cuando pone en boca de su maestro que a Pericles, siendo el ciudadano más virtuoso de los atenienses, le salieron sus hijos “rana”, habiéndole sido de todo punto imposible enseñarles las virtudes cívicas fundamentales. De aquí el divino Platón del Protágoras quería concluir que en tanto los conocimientos son enseñables y transmisibles, la “sabiduría” no lo es. Pero ¿no es quizás demasiado pesimista Platón con el uso que hace de su estadística? (Como ves, querido Consejero, ya entonces la estadística servía como ahora para manipular el juicio de los ciudadanos). ¿Y no es demasiado abstruso y minoritario su concepto de “sabiduría”? Más aún, gracias a esa “sabiduría” que Protágoras expone en el mito de Hermes la especie humana ha sido capaz de sobrevivir hasta hoy. Una “sabiduría” que a diferencia de las demás artes y conocimientos, el mismo Zeus quiso que su hijo Hermes la distribuyese entre todos los hombres. “Que todos participen de ella, porque si participan (“metéchoien”) de ella sólo unos pocos, como ocurre con las demás artes (“technôn”), jamás habrá ciudades ni justicia”.

Por otro lado, la ciudadanía, si bien es un concepto histórico y dinámico, no impide a su enseñanza este situacionismo, sino que el alumno no deberá ver en la ciudadanía un horizonte de conquistas de libertad, sino al contrario, la línea mínima de la que se parte para aumentar el espacio propio de la libertad. En contra de los que ven en esta materia una catequesis doctrinaria al servicio del gobierno de turno, propio de un Estado cerrado totalitario, muy por el contrario los efectos de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos servirán para cuestionar constantemente el poder, cualquier poder. El tiempo lo dirá.

Respondeo dicendum quod la Consejería de Educación de Castilla La Mancha ha sabido transmitir a padres y profesores con argumentación liberal, no exenta de algún rasgo institucionista, la conveniencia de la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, y que si ha pecado de algo es de un extremado optimismo pedagógico -quizás las Escuela no pueda lograr tantas cosas-, pero esta falta, cuando afecta al Servicio Público de Educación, es una verdadera virtud o “aretê”.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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