Buen primer tiempo y tenebroso segundo acto que relativizaron los goles de Benzema, Isco y Nacho. Por Diego García
La defensa del liderato y la hipérbole que supone el calendario merengue en abril (Bayern de Munich, Atlético y Barcelona pasarán por Chamartín) llevaron a Zinedine Zidane a contemplar este duelo dominical como el idóneo para activar el reparto de esfuerzos. A pesar de que el Real Madrid se enfrentaría al Alavés, finalista copero y que ganó en el Camp Nou y empató en el Calderón para confirmarse como uno de los visitantes más indigestos de esta Liga. Keylor Navas, Sergio Ramos, Marcelo, Casemiro, James no estaban convocados y Carvajal lucía como suplente en el primer capítulo de rotaciones del mes decisivo de la temporada. Pellegrino, por su parte, hubo de convivir con la ausencia contractual nuclear de Marcos Llorente y las bajas de Krsticic, Vigaray y Rubén Sobrino.
La tesitura de exigencia máxima para los locales, que conmemoraban los 25 años del fallecimiento de Juan Gómez, Juanito, fue leída por el técnico galo como la oportunidad para apostar por su versión más ofensiva, a pesar de confeccionar un once desprovisto de su estructura destructiva habitual. Casilla, Nacho, Pepe, Varane y Danilo conformaban una línea defensiva inédita e Isco acompañaría al dueto Modric-Kroos, en un planteamiento desequilibrado que pretendía disponer de la iniciativa para ejercer un monólogo que se tradujera en los valiosos puntos. Los vitorianos, por el contrario, se atrincheraron con tres centrales y Toquero y Theo como carrileros. Relegarían la tendencia al toma y daca los visitantes para aplicarse al modelo de repliegue y salida con las flechas Ibai, Edgar y Deyveson como referentes. Y Camarasa, solvente segundo punta, haría las veces de distribuidor sacrificando mordiente en vuelo.
Y el envite respondería con rigor ortodoxo a la confrontación de estilos. El Alavés alternó su cesión de metros con presiones adelantadas en unos primeros diez minutos de respeto y conocimiento mutuo. Sólo un disparo fuera de Ronaldo -a los 45 segundos- y la lesión de Varane -entre algodones desde febrero y que fue sustituido por Carvajal- destacarían en el prólogo de dominio de la posesión merengue pero comodidad defensiva visitante. No obstante, la pegajosa red de ayudas blanquiazul negaba a los capitalinos el juego entre líneas. Benzema asomaba pero no alcanzaba a asociarse con Isco y el flujo de avance del gigante se arrinconaba hacia los laterales.

Por dicha vía, aliñada con una movilidad posicional notable del tridente, cosecharía una fluidez de llegadas más o menos asidua que provocó los intentos de Benzema -minuto 15, latigazo a las nubes-, Bale -minuto 18, en falta directa angulada-, Cavajal -minuto 19, chut demasiado cruzado- e Isco -que bailó a su par en el interior del área para no atinar entre palos en el 24 de juego-. El malagueño estaba ganando enteros y las grietas en el intensivo repliegue en cancha propia de los vascos sobrevenían como consecuencia de un esfuerzo continuado sin desahogo. No habían cazado una contra ni dado tres pases seguidos todavía los alaveses. Sólo una falta lateral lanzada por Ibai permitió tomar oxígeno a los visitantes en la primera media hora. Y lo pagarían.
La acumulación de intentos descrita, encuadrada en una lógica de soliloquio madridista, experimentó un incremento de la lucidez y ritmo asociativos que, sin embargo, no había producido más que disparos forzados y lejos de diana. De hecho, la primera vez que Pacheco usó sus guantes para detener al Madrid aconteció en el minuto 27. Ronaldo se desmarcó hasta la cal izquierda y amortizó el mano a mano con Toquero. Desbordó en diagonal y chutó a la cepa del primer poste para la veloz reacción del meta. Pero la ventana a la profundidad de la no tan afinada orquesta de los de Concha Espina se abrió y Benzema ajusticiaría el brete. El galo, en más que posible posición antirreglamentaria, hilvanaría una combinación frenética que dejó a Carvajal en posición de centro desde la línea de fondo. El lateral evidenció clase para frenar el vuelo y centrar hacia atrás. Allí engatillaría el primer gol, de fuerte zurdazo, el iluminado delantero francés -minuto 31-.
Karim, decisivo en el alumbramiento de las circulaciones en la frontal ajena que desestabilizaban a un equipo que ha puntuado más a domicilio que en Mendizorroza, legitimó con un gol la resplandeciente labor creativa. Para terminar de convertir a los incrédulos en una racha anotadora que sigue vigente. Tras su mordisco, el Alavés quiso reaccionar, otorgando más importancia al cuero, aunque lo usarían como proyectil para cazar una contra. Kiko Casilla se desperezaría para abortar varios de esos pelotazos que buscaban a Deyverson y Edgar, saliendo de su área con valentía y seguridad. Camarasa, retrasado, fue la principal víctima de una estrategia que le sirvió a Pellegrino para perder por la mínima al descanso. Bale bajó el telón del primer acto con un zurdazo que lamió el segundo poste, a pase de Danilo -lateral izquierdo tras a lesión de Varane-. El 70% de posesión y la flagrante relación de tiros (10-3) pintaban un envite unidireccional en el que los merengues notaron la salida de posición y atribuciones de Modric.
Los vitorianos amenazaron, al fin, con interceder en la dinámica. Salieron de vestuarios con las líneas muy adelantadas, presionando al Madrid arriba y mostrando un repunte de intensidad notorio. Recogería frutos de esta pulsión competitiva recobrada de inmediato, pues una emboscada recuperó la pelota en el borde del área local y Deyverson terminaría rematando con la testa arriba minuto 47-. Y una ráfaga sostenida de centros laterales -sobre todo desde el perfil de Ibai Gómez- se cerniría sobre la cabeza del portero ex espanyolista. Incluso la exuberancia de Theo emergió como un repiqueteo venenoso desde la izquierda. Asumía el décimo clasificado la fórmula arriesgada que les es más familiar, mientras Modric y Kroos seguían despojados de trascendencia en ese primer cuarto de hora de segundo acto de jerarquía babazorra. Un cabezazo desviado de Deyverson rubricó el escenario -minuto 57-.

La divergencia del compromiso y las revoluciones se antojaba explícita y Edgar perdonó el empate al rematar fuera un centro de Theo que le ofreció una volea solitaria en el segundo poste -minuto 60-. Se había transformado el partido en favor de los visitantes: el Madrid no podía más que quitarse el esférico de encima ante la presión rival y la ruptura de líneas facilitaba la continua superioridad numérica vasca la medular. Entonces retrasó Zidane a Bale para recuperar el 4-4-2 y tratar de recomponer la ejecución controladora. O, por lo menos, no proseguir como sujeto pasivo de su fiesta y especular con la primera plaza liguera. Pero sin Casemiro ni el apoyo en fase defensiva del tridente, la gestación de peligro alavesa no amainó. Le costaba mucho recuperar el balón a los amilanados locales. Y Deyverson volvió a cabecear en franquía y sin éxito -minuto 68-. Un disparo inconexo y desacertado de Ronaldo estrenó el bagaje ofensivo local en un largo intervalo de desconexión -minuto 68-.
El entrenador francés no esperó más y sacó del verde a Modric (plomizo e impreciso) para introducir el músculo de Kovacic. Quería frenar la sangría y la claudicación en el centro del campo. Respondió Pellegrino dando la alternativa a un punzón sobresaliente, el paraguayo Romero (por Ibai). Inauguró su producción la perla guaraní con un lanzamiento de falta que remató fuera, por poco, Manu García. Antes lo intentó Edgar desde la frontal para la tajada de Casilla. Y el técnico argentino completó su maniobra ambiciosa sacado al vaciado Edgar por el punta Katai y a Camarasa por Santos. En el entretanto, la primera combinación fluida madridista del segundo tiempo arribaría en el minuto 74, con Benzema como tres en uno y remate taponado de Ronaldo.
La incertidumbre de los últimos 15 minutos llegó envuelta en el aprehendido desasosiego por una tribuna de silbatina racheada. Se había salido del frente el equipo en ventaja, constatando la irregularidad en el manejo de los partidos. Su dictado del tempo previo se había esfumado y sólo Kroos parecía mantenerse en ese compás. El desplome cambió la inciativa por el contragolpe como plan de ruta madridista, pero esta no era la tarde con respecto a precisión y estaba sufriendo de manera soberana un Madrid que inyectó la entrega de Lucas Vázquez por el aplaudido Benzema -minuto 80-.
Se esbozaba un 4-5-1 en las filas del coloso amaestrado. Esa fue la agónica maniobra escogida por Zidane para defender el triunfo parcial. Y daría en la tecla. Su encerrado sistema respiraría, en el último suspiro, con contras que Bale y Kovacic enviaron fuera pero que Isco coló por la escuadra para sentenciar los tres puntos -minuto 87-. Y un lanzamiento ejemplar de falta del galés se toparía en el travesaño para que Nacho redondeara el suspiro del Bernabéu. Condecoró el club capitalino su partido 50 consecutivo anotando con la ejemplificación de esta segunda vuelta bipolar y defendió su categoría un Alavés que llegó a poner a su merced al vigente campeón de Europa -a su despliegue sólo le faltó puntería-.
Ficha técnica:
3 - Real Madrid: Casilla; Danilo, Varane (Carvajal, m.10), Pepe, Nacho; Kroos, Modric (Kovacic, m.68), Isco; Bale, Cristiano Ronaldo y Benzema (Lucas Vázquez, m.81).
0 - Alavés: Pacheco; Ely, Laguardia, Feddal, Theo; Manu García, Camarasa (Santos, m.83), Edgar (Katai, m.75), Toquero, Ibai (Romero, m.69) y Deyverson.
Goles: 1-0, m.31: Benzema. 2-0, m.85: Isco. 3-0, m.88: Nacho.
Árbitro: José María Sánchez Martínez (Comité Murciano). Amonestó a Ely y Manu García por el Alavés.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 29a jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 76.875 espectadores. Se rindió homenaje a una leyenda del madridismo, Juanito, 25 años después de su fallecimiento.