Messi, Iniesta, Neymar y Suárez coronan un rotundo aviso a navegantes. Por M. Jones
Ni Luis Enrique ni Jorge Sampaoli escatimaron efectivos en el segundo combate que proponía este abril maratoniano. Ambos técnicos entendieron que la batalla del Camp Nou representaba una muesca trascendental en sus respectivas candidaturas y apostaron por sus onces de gala, aunque sería el bloque culé el que dictaría el tipo de partido, reproduciendo su esquema y estilo sobre la batuta del técnico argentino. Volvería a los tres centrales y la acumulación horizontal de efectivos en la medular el Barcelona para acomplejar la ambición posicional de un Sevilla que trató de navegar agazapado hasta que su capacidad de sufrimiento terminó por desbordarse. Estableciendo un sistema reflejo al del escuadrón local, con Mercado, Pareja y Lenglet responsabilizados de evitar el último pase junto a la dupla Iborra-N´Zonzi (ninguno de ellos es mediocentro destructor).
Salió el Barça dispuesto a plasmar la tormenta atmosférica que castigó el césped en ráfagas de fútbol de torrente perenne. Con Neymar como amenaza consabida y pegado a la cal, Messi e Iniesta no tardaron en engrasar la reactivada máquina combinativa azulgrana. Rakitic y Sergi Roberto actuaban por el perfil diestro en una amalgama móvil de piezas que arrinconó a los hispalenses desde temprano. Volaba la pelota, de dentro hacia los laterales y al revés, con pasillos entre líneas que el manchego y el argentino amortizaron con celeridad. De hecho, La Pulga estrelló un zurdazo canónico, desde la frontal, en la cruceta y el albaceteño -faro y director de orquesta destacado-, probó a Rico en unos diez minutos iniciales paradigmáticos de lo venidero.
Salían a flote los sevillanos, necesitados de una catarsis para sacudirse el marasmo que les persigue -cuatro partidos consecutivos sin ganar que han dilapidado los nueve puntos de colchón que disponían en la tercera plaza-, con una intensiva labor de repliegue que, para su desgracia, no alcanzaba a tapar todas las fisuras propuestas por la velocidad blaugrana. Sólo a balón parado conseguiría respiro el club de Nervión. Y lo haría con vehemencia: era su única soga y lo aprovecharían para reclamar respeto. Con el contraataque fracturado por la presión e intensidad locales, un saque de banda prolongado por Iborra patrocinó el mano a mano errado por N´Zonzi (parada valiosa de Stegen, en el minuto 15) y una falta central lanzada por Nasri fue cabeceada arriba, con todo a favor, por Vitolo.

Esas serían las únicas llegadas de un Sevilla amilanado, al que la superioridad numérica y la posición escalonada de los artistas catalanes le habían desbarajustado. Con un plantel talentoso amarrado en labores grises de achique, los de Sampaoli arrodillarían pronto su voluntad al vendaval coral del segundo clasificado que saldría líder del enfrentamiento. Un testarazo demasiado cruzado de Rakitic abrió el apetito de Luis Suárez, que entregaría premio al esfuerzo solidario y relamido del once culé. Corría el minuto 25 y el charrúa abriría la escotilla con una chilena formidable. Messi encendió un slalom frenético que llegó a línea de fondo. Su centro fue desviado y vestido de balón sin dueño que cazó el más hambriento. El 1-0 supondría un desafío al que no reaccionó de manera consistente un conjunto andaluz visiblemente afectado en su convicción.
Y es que en diez minutos resolvió los tres puntos el coloso. Con Neymar repiqueteando por su flanco e Iniesta acelerando cualquier pase que recibía, el discutido genio argentino firmaría un doblete variopinto en un abrir y cerrar de ojos. Su primera diana se gritó en el minuto 27. Autografió una transición al galope del extremo carioca que Suárez prolongó para el remate a la red, y a placer, del 10. Había subido líneas, al fin, el conjunto en desventaja y pagaría su riesgo asumido. Seis minutos después, en el 33, un córner arribaría a los cordones del delantero argento en forma de pelota flácida. Un despeje pobre volvió a conceder una opción a un Barcelona voraz. Balón suelto, sin marca, y zurdazo a las mallas.
El continuado sometimiento al seguimiento de una asociación atinada y afilada vació de contenido la propuesta más especulativa de Sampaoli. Es posible que, a estas alturas del campeonato, el físico de su vestuario no de para lujos y presionar arriba, pero la cosecha recogida no pudo resultar más merecida. Voló el Barça y Rico todavía hubo de trabajar para sostener el sonrojo padecido, ante los intentos infructuosos de unos Neymar y Messi inflamados. Se gustó la mejor versión culé en ambas fases de juego y desplumando a uno de los gallos de LaLiga. Macherano, Piqué y Umititi no participaron en funciones de vigilancia por la distancia que separaba a la portería de Stegen con los sevillistas en cada recuperación visitante. Nasri, Vitolo y Correa (delantero inédito) fueron transparentes.
Dos sustituciones pretendieron que el Sevilla recompusiera el rictus. Antes del inicio de una reanudación de tempo más templado entraron en escena Kranneviter y Sarabia. Recuperaba al especialista del centro del terreno como ancla el entrenador argentino y abría el campo (sentó a Nasri y Mercado). Buscaba discutir la posesión y, recuperando la pelota y las bandas para lanzar contras, renacer desde un despliegue más coherente entre lo táctico y los nombres en liza. Le urgía localizar los cambios que maquillaran una debacle a la que no estaban acostumbrados ni Sampaoli ni el Pizjuán.

La cesión de metros y el desenso de revoluciones con que los ganadores parciales regresaron al verde dibujaron una segunda mitad de mayor presencia sevillana en cancha ajena. La bajada de concentración competitiva de los locales tomaban forma colectiva y aislada, con la subida súbita al remate de Piqué, en busca de su gol, y el túnel intentado por Messi, en la frontal de su área y en plena emboscada andaluza. Sólo una galopada exuberante de Neymar, concluida sin éxito, desenredaría la complacencia de un Barça que, por otro lado, no sufría demasiado. Los primeros 20 minutos del segundo acto, de dominio hispalense, no tuvieron más profundidad que dos remates de Sarabia: el primero, repelido por Stegen -tras la incorporación de Mariano- y el segundo, al lateral de la red en una transición veloz.
La relajación catalana y el orgullo andaluz se mezclaron para confeccionar un toma y daca en el que los de Sampaoli se granjearon protagonismo ante la ruptura de la cohesión del esquema local. Y las rotaciones se inauguraron con la entrada de Alcácer y la suplencia de Suárez. Un latigazo demasiado cruzado de Correa y otro, disparado por Sarabia que despejó el meta alemán, corroboraban que la intensidad pertenecía, en exclusividad, a los visitantes. Ahora sí presionaban arriba y recuperaban en campo rival. Antes del desenlace del envite, en plena desconexión del primer clasificado virtual, los abochornados en el primer tiempo cimentaban méritos para que el electrónico les respetara un poco más. El cambio de Jovetic por Iborra completaba la maniobra ambiciosa del entrenador argentino en el minuto 75. Al tiempo, Piqué (ovacionado más por sus declaraciones que por su rendimiento coyuntural) y Rakitic recibieron el respiro adecuado y Digne y Aleña dispusieron de la alternativa.
Un pase quirúrgico de Iniesta al desmarque de Alcácer preponderó como anécdota ilustre en el control impotente y denso del Sevilla. El pase finalizó en un mano a mano perdonado que despejó Rico. Jovetic estrenaría su respuesta, a continuación, con un lanzamiento desatinado. Las escaramuzas mutuas salpicarían un cierre de choque congelado, que todavía acogería la expulsión de un Vitolo desairado, tragando veneno y metáfora del pensamiento frustrado de su camarín. La llena tribuna festejó otro síntoma del renacimiento de su equipo, que presiona al enemigo íntimo de Chamartín y toma impulso de cara al baile con la Juventus. Los de Sampaoli confirman su cesión de la tercera plaza y la denondada labor que le aguarda a Sampaoli para reenganchar a sus futbolistas, con o sin fuelle.
- Ficha del partido:
3. Barcelona: Ter Stegen; Mascherano, Piqué (Digne, min.78), Umtiti; Busquets, Iniesta, Rakitic (Aleñá, min.80), Sergi Roberto; Neymar, Messi y Luis Suárez (Alcácer, min.65).
0. Sevilla: Sergio Rico; Mariano, Nico Pareja, Lenglet, Escudero; N'Zonzi, Iborra (Jovetic, min.75); Nasri (Kranevitter, min.46), Vitolo, Mercado (Sarabia, min.46); y Correa.
Gol: 1-0, min.25: Suárez. 2-0, min.28: Messi. 3-0, min.33: Messi.
Árbitro: Carlos Clos Gómez, del comité aragonés. Mostró cartulina amarilla a Piqué (min.15), Iborra (min.38), Busquets (min.70), Rakitic (min.78) y Aleña (min.84). Expulsó a Vitolo (min.58 y min.90).
Incidencias: partido correspondiente a la trigésima jornada de LaLiga Santander, disputado en el Camp Nou ante 85.511 espectadores, según datos ofrecidos por el FC Barcelona.