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INSULTOS EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

jueves 06 de abril de 2017, 14:09h
La historia se repite. No es la primera vez que el Congreso de los Diputados se ve emporcado por parlamentarios...

La historia se repite. No es la primera vez que el Congreso de los Diputados se ve emporcado por parlamentarios que se agreden con los más abruptos insultos. Ocurrió durante el siglo XIX, también durante el canovismo y, por supuesto, y de forma muy ácida, en tiempos de la II República. Hubo incluso un diputado que se dirigió a los del partido rival llamándoles: “cabrones, cabrones”.

No hay, pues, que rasgarse las vestiduras porque un parlamentario de ERC, en lugar de esclarecer la verdad, se dedique a zurrar a sus rivales con graves insultos y descalificaciones. Pero una cosa es no rasgarse las vestiduras y otra muy distinta evitar, sin alarmas ni aspavientos, que se abra una situación desconocida en los cuarenta años de ejemplar democracia de la que España ha disfrutado.

Más vale no volver a tiempos pasados. Máxima libertad para expresarse pero rechazo absoluto del insulto como fórmula dialéctica. Según algunos diputados, la presidenta del Congreso debería advertir que al primer insulto proferido por un diputado le retirará la palabra; y al segundo, le hará desalojar del hemiciclo. Solo cortando por lo sano se evitará que el debate parlamentario vaya degenerando hasta instalarse en la taberna o el tugurio. El decoro de la política y de la Cámara, en la que está representada la voluntad popular, no puede ensuciarse con la conducta de algún diputado que pretende chupar cámara y titulares con sus insultos. Es necesario prevenir, no curar. Y por eso habría que advertir claramente para que nadie se llame a engaño que se silenciará a los insultadores y se les desalojará del hemiciclo si reincide