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Y DIGO YO

Coca Cola, Venezuela, incoherencia

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 06 de abril de 2017, 19:55h
Actualizado el: 04/06/2017 20:28h

Como se suele decir, somos presos de nuestras palabras. Es decir, ten cuidado con lo que predicas y luego con lo que haces, no vaya a ser que te acusen de incoherente. Esto es lo que le ha pasado esta semana al portavoz de Podemos en el Senado, Ramón Espinar, que después de abogar por prohibir la venta de Coca Cola en el restaurante de la Cámara Alta –propuesta que se rechazó finalmente– fue pillado, no con una, con dos botellas de la citada marca de la bebida refrescante de extractos más famosa.

Es lo que suele pasar con la mala costumbre de oponerse a todo lo que huela a “imperialismo Yankee”, que luego te pillan consumiendo. Es habitual ver ataques constantes de radicales antisistema a empresas que representan “el más feroz capitalismo”, pero qué rica está después esa hamburguesa doble con extra de bacon, por cierto, generalmente acompañada de una Coca Cola.

Qué falsa animadversión a lo que provenga del país de las barras y estrellas. ¿A cuántos de estos “amigos de lo rural” hemos visto con su Iphone, navegando por Facebook con un ordenador que lleva instalado el software del hombre más rico del Planeta y luciendo zapatillas de esas que se fabrican en países donde se duda de la legitimidad de la mano de obra?

No se predica con el ejemplo. No hay coherencia, ¿se acuerdan?, esa cualidad de la persona que actúa en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa. Es como hacer causa contra los malvados bancos que mercadean con la vivienda del pueblo y que te pillen después especulando con un piso protegido. O que te comas una mariscada absolutamente prohibitiva cuando se está todo el día “defendiendo” a los que no llegan a fin de mes.

Ojo, que me gusta la Coca Cola, me encanta el marisco y procuraré sacarle el máximo beneficio a mi casa el día que la venda, pero no voy haciendo campaña en contra de los valores capitalistas.

Pero es que hablando de incoherencia y de eso del haz lo que digo y no lo que hago, algo parecido le ha pasado este jueves al líder supremo de Podemos con la fotografía que se ha hecho una opositora venezolana en su escaño posando con la bandera de su país. Pablo Iglesias ha criticado “que algunos utilicen la cámara para fines que a lo mejor no son los propios”.

No sorprende a estas alturas la doble vara de medir de cualquier miembro de Podemos con Venezuela. Iglesias ha dicho textualmente: “Ciertas expresiones de la libertad de expresión son respetables, pero llama la atención, en un contexto en el que parece que las camisetas de Podemos llaman al escándalo, que algunos utilicen la cámara para fines que a lo mejor no son los propios”.

¿Pedir libertad no es propio de un Parlamento? Se lo plantearía al revés. Todas las semanas hay que aguantar en nombre de la libertad de expresión las salidas de tono de muchos de los diputados y senadores de Podemos, y de otras formaciones afines, con camisetas de dudoso gusto y con 'performances' de medio pelo, ¿por qué le molesta que una mujer que siente vulnerados sus derechos en Venezuela reclame libertad para su país?

Pues lo mismo que Espinar con la Coca Cola, un poco de coherencia y menos postureo.

Javier Cámara

Periodista

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