Estos días se conmemora, con una exposición fotográfica el centenario de un genio: Victoriano de la Serna. La “mostra” tiene lugar en el “Hotel San Antonio del Real” de Segovia. El torero era segoviano de Sepúlveda. Se le ocurrió nacer el 1 de septiembre de 1908. Y, ya se sabe, todo lo que se le ocurría a Victoriano, nacido en cuna de oro como se decía antes, iba a misa. Un día, tras comenzar la carrera de medicina en Valladolid, se le ocurrió que podía ser torero. Y como hemos dicho anteriormente, Victoriano fue exactamente lo que quiso ser. En el catálogo de la exposición fotográfica, conmemorativa, está impreso un juicio de José María de Cossio, en el que reza:
“Victoriano de la Serna ha sido un torero excepcional, por la autenticidad y valía de su estilo, y un lidiador enterado e inteligente. Su carácter, originalísimo, parece que imprimió su huella al carácter de su toreo, y las actuaciones desconcertantes, bien por su valor y su arte, bien por su dejadez y abandono, componen una personalidad que, no siendo rara en el toreo, no creo que se haya dado nunca con extremos más singulares. Todas las tendencias de estilo estimadas por los aficionados de su época las llevó a extremos increíble de perfección en la práctica. Cuantos elogios se hagan de sus faenas afortunadas no son excesivos. Sus caídas eran, sin duda ruidosas, pero las daba carácter singular la indiferencia del diestro ante ellas.
Su procedencia distinguida, sus estudios, su inteligencia y cortesía, junto con su carácter entero y un poco arbitrario, era complemento de su personalidad torera, única e inconfundible”.
En un anuario se afirma que “tales cosas ha hecho y tantas se han comentado que es muy difícil encontrar un caso de diestro alguno, incluyendo a Espartero Belmonte y Ortega, que mayor expectación y mayor curiosidad haya despertado.
En el catálogo reza esta leyenda: “Exposición fotográfica sobre el arte rotundo, el torero intransitivo y el heterodoxo clasismo del artista más grande que haya producido Segovia para el mundo”Se recuerda a Pepe Ortiz que tenía en su memoria la fecha del 8 de mayo de 1932, que marcó la historia del toreo a la verónica:
“Vestía de plata, lo que acentuaba con luz la verticalidad de su figura casi enfrentada con el toro; pero el secreto de su lance estaba en su manera de esperar el toro y en lo horizontal, como traía al toro con la capa abierta ante si, casi tendida, más en una atmósfera de milagro que sobre la arena. Tuvo Victoriano la virtud de eliminar de la verónica todo movimiento superfluo. Ejecutaba el lance muy por delante, moviendo únicamente los brazos, y después ni ellos. En el último tiempo de la verónica toreaba tan solo con la cintura”
Yo tuve el privilegio de conocer y tratar durante muchos años a Victoriano el grande. Me mostraba fotografías y me deleitaba con historias que, para ser creídas, era necesario saber que las relataba su protagonista.
Una de ellas es la que relato, mientras yo le hacía una entrevista para la radio afirmando que él había sido el primer comentarista y al mismo tiempo protagonista de una acción singular. “Yo creía necesario explicarle al público lo que estaba haciendo. Entonces decidí transmitir la corrida, no solo para una emisora de radio, sino para los aficionados. Llevar a cabo esta idea resultaba muy complicada porque no existían medios de comunicación como los actuales. Yo tenía en mis manos además del capote y la muleta, un gran micrófono conectado con la emisora y con los altavoces instalados en la plaza. A mi alrededor había una maraña de cables. Es decir: Yo toreaba y al mismo tiempo daba explicaciones de lo que hacia. Nunca he confiado en que todo el público de que asiste en las corridas sepa interpretar lo que el torero está haciendo”
Victoriano estaba rodeado de su mundo. Todo lo que proyectaba se encontraba atado y bien atado.
Una vez retirado de los ruedos puso un gran interés en que su hijo primogénito, también Victoriano de nombre, siguiese su carrera, su quehacer en la Tauromaquia. Victoriano de la Serna hijo, fue uno de los diestros que acompañaban a Luís Miguel Dominguin en sus dos corridas celebradas, en Otoño y bajo un temporal de viento y lluvia, en la “Monumental” madrileña. El hijo del “monstruo” salió airoso del trance. Otro Victoriano grande, Valencia toreo como dice que lo hacen los ángeles. Su desafortunado manejo de los aceros no solo le impidió cortar dos orejas, sino el rabo, cosa casi imposible en la primera plaza del mundo.
Todos lo que es anécdota se convierte en biografía. Hoy los herederos de Victoriano de la Serna siguen ligados al mundo de la Tauromaquia. Tres o cuatro de sus nietos fueron toreros a los que no favorecieron sus ilustres apellidos. De la Serna y Zavala, tenían demasiada personalidad como para que se lo perdonasen a sus herederos. Hoy, la hija de Victoriano, Peñuca de la Serna, se ha convertido en excelente pintora taurina. Con ella espero ver, quizás mañana mismo, a un Victoriano de la Serna que ha vuelto a vivir en una exposición fotográfica.