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TRIBUNA

Trump manda

Natalia K. Denisova
lunes 17 de abril de 2017, 20:56h

La Semana Santa nos aleja del ajetreo cotidiano. Nos aleja aún más de las preocupaciones internacionales. Sin embargo, durante los últimos días, mucho ha cambiado el mundo. El ataque de Basher al Assad con las armas químicas ha retratado a los principales actores de la política internacional. La tímida respuesta de la Unión Europea, el bombardeo de los Estados Unidos y el enfado de Vladimir Putin todo esto determinará el balance de las fuerzas mundiales.

El ataque en Afganistán del 13 de abril restó el protagonismo al anterior bombardeo también destacable por su fuerza. El lanzamiento del misil más grande entre los no atómicos aniquiló 36 miembros del Estado Islámico. Los que insisten en minusvalorar la decisión geopolítica de Trump de lanzar este enorme misil en Afganistán, deberían de informarse sobre el Isis-K (K de Khorasan, provincia afgana). Este grupo terrorista está vinculado a varios ataques en este país, entre los cuales destaca el que llevó a cabo contra la Corte Suprema de Kabul y amenazas a una minoría musulmana Hazara Shia. Raffaello Pantucci, Director de International Security Studies Royal United Services Institute, señaló en una entrevista para The Independent, que este grupo fue el que más se ha reforzado actualmente, amenazando la frágil gobernabilidad de Afganistán.

Más allá de cualquier especulación periodística, y sean o no para Trump los últimos bombardeos el modo de mantener su popularidad, parece que estas acciones son mejor que la cobardía de Barack Obama. Durante su presidencia, Obama señaló que la utilización de las armas químicas por Assad era la “línea roja” que llevaría a sanciones. Sin embargo, cuando Assad llevó a cabo un ataque contra su población, Obama no hizo nada provocando numerosas bromas y risas entre los periodistas. Trump, por su parte, ha anunciado claramente que no sólo Assad es responsable de estos ataques que afectan a la población civil, sino también su aliado, Rusia. Él subrayó el flaco favor que hace Putin apoyando el uso del armamento prohibido por convenios internacionales. Pero sería un error esperar que Putin reconozca el fracaso de su convenio con Assad sobre el desarme firmado en 2013. Este documento que fue reconocido como un gran éxito diplomático del presidente ruso, ahora le pone en una posición muy incómoda, porque le obliga ora reconocer que no controla a su aliado, Assad, quien abiertamente le engañó; ora se proclama responsabilidad por las acciones de Assad.

El encuentro entre los diplomáticos rusos y el Secretario General, Rex Tillerson, mostró la gran diferencia que existe entre los dos gobiernos. El presidente ruso puede permitirse el lujo que Trump nunca podrá, a saber, dar respuestas arbitrarias para ocultar su ego herido con la estafa de Assad. Sólo un país poco democrático puede existir sin una clara estrategia geopolítica, independiente del poder omnímodo del único gobernante. Desde hace años la política exterior rusa está completamente al servicio de Putin. La anexión de Crimea en marzo de 2014 y la entrada en la guerra siria en septiembre de 2015 no llevaron a ninguna consecuencia positiva para la población rusa, sino que contribuyeron considerablemente en el aumento de la popularidad del presidente Putin. Pocos medios insistieron en evidenciar esta dependencia de la popularidad presidencial con su política exterior, como lo hacen ahora con los bombardeos de Trump.

Los acontecimientos de la semana pasada han aclarado la política internacional más que cualquier experto. Desgraciadamente, sólo los EEUU son una fuerza menos arbitraria y suficientemente pragmática para reivindicar, de nuevo, el papel del “policía mundial”. Las demostraciones de fuerza que han realizado podrán ser clave para intentar mantener el orden mundial frente a la arbitrariedad o apatía de los otros actores claves de la política mundial.

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