Cuando la vida nos va apretando con las circunstancias que nos toca vivir y de repente vemos que surge una oportunidad como una luz al final del túnel, respiramos aliviados al creer que con eso ya estarán solventados nuestros problemas para siempre, aunque posteriormente las idas y venidas en la existencia nos dan las perspectivas correctas respecto de lo que hemos vivido en el pasado.
Algo así le ocurre al protagonista de esta novela de María Tena (Madrid, 1953). Bruno está acuciado por las deudas, bien desesperado por esa situación en la cual el condicionante económico nos hace ver que todo empieza a dejar de merecer la pena. Pero la solución parece venirle con el nombramiento como jefe de protocolo del pabellón de España en la Exposición Universal de 2010, que se celebró en Shanghái. Para cerrar este clavo y esta oportunidad que se le brinda, Bruno llega a China, y a su peculiar forma de ver la vida muy distante de la forma en la que se ve en Europa y sobre todo en los países del Mediterráneo.
En este nuevo ambiente, en esta nueva sociedad en la que le toca vivir durante unos meses Bruno conoce a Ben un joven que ha huido de su aldea y que vaga por la ciudad de Shanghái. Será este binomio el que conforme la historia de amor heterodoxo que van a vivir. Bruno será una suerte de salvador también para Ben, ya que, con independencia de la relación sentimental, le cuidara y tratará de cambiar su vida. No puede haber mayor contraste entre un chino, pobre e ilegal, y un europeo, sofisticado y de modales refinados como son los propios de un jefe de protocolo. Por supuesto, que un empleo de este tipo caduca con la clausura de la propia Exposición Universal, lo que truncará la relación nacida en la ciudad asiática.
Por el choque que supone el contraste entre Oriente y Occidente, además de por otras relaciones y otros asuntos que se contemplan en las páginas de esta novela, María Tena consiguió llamar la atención del jurado del Premio Málaga de Novela 2016. Sin duda un reconocimiento a una historia diferente y abordada desde un punto de vista inusual. Sobre todo, gracias a un mayor punto de exotismo del que por sí ya tiene todo lo oriental.