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NOVELA

Jón Kalman Stefánsson: La tristeza de los ángeles

domingo 07 de mayo de 2017, 19:08h
Jón Kalman Stefánsson: La tristeza de los ángeles

Traducción de Elías Portela Fernández. Salamandra. Barcelona, 2016. 320 páginas. 20 €. Libro electrónico: 13,99 €.

Por Esperanza Castro

La sangre salpica la nieve en la narrativa nórdica, al menos en la que viene viajando desde el norte estas últimas décadas. Hasta el punto de acuñar el término nordic noir para englobar (siguiendo ese afán de etiquetarlo todo) un conjunto de obras que han cautivado a miles de seguidores, tanto a través de las páginas de, por ejemplo, la trilogía Millennium (Stieg Larsson) o los casos del detective Kurt Wallander (Henning Mankell), como de la pantalla de la mano de series de televisión como Bron/Bronen (Suecia-Dinamarca), Forbrydelsen (Dinamarca) o Trapped (Islandia), entre otras muchas.

Sin embargo, no todo es noir en su literatura, al contrario, con la llamada Trilogía del muchacho Jón Kalman Stefánsson (Reikiavik, 1963) nos conduce hacia la luz, a una intensa luminosidad que casi hiere, hacia una llanura de indescriptible belleza narrativa.

La tristeza de los ángeles (segundo volumen de la citada trilogía) continúa relatando las peripecias de ese muchacho anónimo (que podría ser el alter ego del propio autor) que ya había enamorado a los lectores a lo largo de la exitosa Entre cielo y tierra. En esta ocasión, la historia se inicia con el protagonista acogido en casa de Helga, en un lugar llamado Lugar, una pequeña aldea perpetuamente envuelta entre la nieve, el hielo y el incesante viento, en la que nada cambia salvo las esporádicas visitas de Jens, el cartero. A su llegada, este se encuentra con el cometido de entregar el correo en las prácticamente inaccesibles poblaciones de la costa, para lo que necesitará la compañía del joven.

Con la partida de ambos la novela abandona los escenarios de interior y abrigo al calor del hogar para adentrarse en una aventura donde las tormentas y las más duras condiciones climáticas llevarán a los dos viajeros a situaciones de extrema supervivencia.

La belleza de La tristeza de los ángeles no reside en su argumento, la belleza en este caso reposa en el lenguaje, en una prosa lírica que embriaga con cada párrafo. Admirable es la traducción de Elías Portela que nos hace llegar toda la riqueza y la habilidad con que el autor (Premio Nacional de Literatura de Islandia) es capaz de utilizar los recursos. En cada palabra se concentra el peso de la tradición poética islandesa, cada una de las leyendas forjadas alrededor del fuego en medio de una noche infinita de invierno. Un texto pleno de las frases más bellas que un lector aficionado al lápiz subrayaría.

El caminar de este cartero nos transmite la fortaleza de un pueblo nacido en lo inhóspito, los tropiezos del muchacho muestran la vulnerabilidad ante lo temerario; los metros ganados o las aldeas alcanzadas para dejarnos ver la profunda relación que se gestará entre ellos. Un viaje en el que el clima es un protagonista más, la muerte se pega a la piel como la niebla (y surge en primera persona adueñándose en muchos momentos de la narración) y la vida rezuma debajo de la densa y mullida capa de nieve.

Y tapizándolo todo la literatura. La literatura entendida como tabla de salvación, donde los libros adquieren el papel simbólico de la cura a la más terrible soledad y sirven de vía a los que son incapaces de expresar sus sentimientos.

Jón Kalman Stefánsson traslada al lector una espantosa necesidad de vencer la asfixia, de encontrar el camino borrado, y lo precipita junto a sus personajes hacia un final incierto con la esperanza de abrirle el apetito de saborear la tercera entrega de la trilogía.

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