www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

Francia no mató esperpentos ni espantajos

Marcos Marín Amezcua
jueves 11 de mayo de 2017, 18:08h

En ultramar estamos atentos. Las elecciones francesas en su segunda vuelta nos dejan varias lecciones, ninguna sorpresiva, solo que nos recuerdan lo que no debemos de olvidar y sabíamos de antemano: ganara quien ganara, la amenaza sobre una Europa occidental como la hemos conocido, está servida y perdurará. Eso es lo que tiene estas elecciones: no mataron los esperpentos que asolan la occidentalidad de Europa. Acaso no era su objetivo matarlos, pero es verdad que no lo consiguieron. Ellos seguirán merodeando.

Nuevamente vimos una segunda vuelta en el proceso comicial francés y ya desde la primera jornada electoral quedó claro que si la izquierda, el centro y los seguidores de Macron apuntaban a éste, así fuera por descarte y tapándose la nariz ante los razonables argumentos de que no acababa de convencer, ergo conseguirían lo que vimos el domingo 7 de mayo: su triunfo en las urnas. La estantigua Le Pen se ha quedado con los consabidos, con los de siempre, con los esperados y anticipadamente fieles. No hubo sorpresas con ella. Sea ella u otro, estará de regreso su propuesta en la siguiente, porque los espantajos invocados son reales y siguen allí, acechantes, amenazantes y lo peor: actuantes.

Ya luego, pasada la polvareda electoral, vendrán los analistas. Yo no tengo grandes pretensiones con mis líneas, amablemente leídas por usted en ambos mundos, y me limitaré a poner el dedo en la llaga en unas cuantas circunstancias a subrayar, que no debiéramos de perder de vista al tenor de lo acontecido en los comicios franceses: 1) Ni la Le Pen ni su clan están muertos políticamente hablando; 2) No se ha derrotado lo que trae en jaque a Francia: el terrorismo y la crisis laboral; y 3) Pueda ser que Macron significa y por mucho, un cheque en blanco, porque es verdad que yo no veo claros los compromisos políticos que lo atan ni apuntalan, ni tengo claro el rumbo que tomará. Es más impredecible de lo que nos estamos creyendo o nos han dicho. Y al tiempo.

Así pues, repasemos los tres puntos enlistados: La Le Pen no está muerta porque lo que la alimenta está vivo: el terror que causa el terrorismo, la emergencia nacional decretada y sostenida ante ese terrorismo que bien sabe jugar su juego y lo advirtió desde el primer momento: no dejará títere con cabeza, porque esta vez va por todos. Y porque tal parece que para el grupo de Le Pen, solo puede haber una Francia y esa es la que dibujan a contrapelo de la Historia y a capricho de sus incondicionales. Le Pen va extraviada pero no sola. Y si mañana no es ella, será otro quien abandere su proyecto excluyente y regresivo.

Pero es que no se cante victoria: que los extremismos ahora llamados populismos –y yo considero que no son lo mismo, necesariamente, y de forma amañada se los está juntando, me parece– sea que sean derrotados o no si dejamos el análisis en lo superficial, cuando hablemos de lo recién ocurrido en Francia, así lo creamos, ergo ya nos deben de advertir de su existencia, de sus causas no atendidas para paliarlos, de su sola derrota temporal, repito: temporal, porque así es la democracia (nada es para siempre, ni triunfos ni fracasos) y desde luego que ha de atenderse y no solo estudiarse, lo que alimenta su nacimiento y su existencia. Tanto de populismos como de extremismos.

Que está visto: Europa y el mundo errarán su diagnóstico pensando que sanseacabó y a pasar página, que hay que ir a otra cosa después de las presidenciales francesas. No, sería un error hacerlo porque ni el terrorismo ni los extremismos están para irse a otra cosa y no lo harán. Son adefesios permanentes, ya. Han puesto el dedo en el reglón y no se les ve con ganas de retirarlo. Así de sencillo. Europa lo sabe en secreto. Las pretensiones islamistas no son fantasmales. No son utopías. Que quiera mirar a otro lado, es otra cosa.

La desarticulación del entramado de prestaciones laborales francesa promete seguir siendo un tema álgido. Y el nuevo presidente es en gran medida el artífice de tal, ergo la fiestecita durará un rato. Ya podemos esperar calles tomadas por grandes contingentes. A Macron le quedará demostrar que se puede pertenecer a la UE sin arrollar los intereses de Francia. Y que no está al servicio de la UE del gran capital. Esa que también es real y pesa. Y mucho. Es otro esperpento.

En el punto tres enlistado párrafos arriba, simplemente diré que a Macron acaso lo miramos a la distancia un tanto desapegado de partido alguno, como un quitapón, un improvisado político de ocasión –ergo ¿populista? en una de esas, quizás– y llega como una suerte de conciliador, de alguien que sabe bien que el gobierno de Hollande no fue bueno y que él no puede jugar con fuego. De hacerlo, entonces la tendrá cruda. Su 65% de apoyo en las urnas no supone ser un cheque en blanco. Francia no está para nuevas abominaciones. Ya tiene suficientes con las que enfrenta ella y Europa.

Y falta ver las legislativas francesas y lo que arrojen. Macron aún no las tiene todas consigo. Y hasta no saber al detalle qué hará con la amenaza terrorista, el terrorismo la lleva ganada. Y a saber si las acciones que emprenda Macron no serán una simple y decepcionante fantasmagoría, dada la entelequia que significa el terrorismo atacaaceras que asola a Europa, apelando a la segunda acepción que el Drae confiere para el vocablo “entelequia”….

Concluyo: esta Europa más estaferma que atenta no debería responder tranquila al veredicto francés pronunciado en las boletas electorales, porque los acechos que la han puesto en alerta permanente no se han muerto ni los mató la urna francesa. Están allí y no permiten ni desean marcharse. La desquiciarán porque eso buscan para sacar raja. Cabe esperar si Macron trae medidas efectivas contra ellos. Ya veremos. Lo votado en Francia no es sino solo un capítulo más de algo más profundo que se mueve soterrando la confianza europea. Un algo que la cuestiona en su más profundo ser.

La duda será saber cuándo piensa aflorar ese camuñas, ese papón, esa tarasca que la tiene jurada a lo europeo con toda su fuerza, manifiesto en terrorismo diseminado por todo el continente, de España a Suecia pasando por Rusia o Alemania hasta ahora, mientras nos debatimos creyendo que se han conjurado todos los demonios, los malos augurios y por arte de las urnas queremos creernos que todo ello se desvanecerá. Las votaciones no los matarán per se. Y no son etéricos. No seamos ilusos. Europa ha de estar en guardia permanente porque está amenazada de manera permanente.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios