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FÚTBOL

Premier League. Inglaterra sancionará, de oficio y por ley, los piscinazos en el fútbol

jueves 18 de mayo de 2017, 19:37h
La federación inglesa ha anunciado que castigará, con un reglamento punitivo, las tretas que traten de engañar al árbitro.

La NBA hace tiempo (desde 2012) que penaliza lo que se conoce en el argot como flopping. Ese término, en su traducción contextualizada, vendría a significar el engaño relacionado con el fingimiento y con el fin de sacar una ventaja con respecto a la condicionada decisión arbitral. En la liga de baloncesto estadounidense, referencial para multiplicidad de aspectos organizativos ante los que el fútbol anda a la zaga (el uso de la tecnología en la revisión de las jugadas polémicas es el caso más flagrante), se pautó una reglamentación de multas y sanciones que reeducaran a los jugadores que se valían de piscinazos para adulterar el limpio devenir de los partidos.

Así, el comisionado David Stern, en uno de sus últimos mandatos, estableció el siguiente protocolo de actuación ante los jugadores reincidentes en el arte del flopping. Al primer intento de engaño, el jugador sería advertido de las consecuencias de sus actos (en revisión después del encuentro, no por los colegiados y en vivo); en la segunda infracción le caerían ya cinco mil dólares de multa; si prosigue, 10.000 dólares; si no aprende y vuelve a incurrir en esa falta, 15.000; y por cada nuevo episodio debería desembolsar 30.000 dólares. Además, cada infracción de esta ley anti-flopping conllevaría una suspensión automática.

Pues la Football Association (FA), el ente gestor del balompié inglés, ha proclamado este jueves su intención de adaptar esa voluntad punitiva ante los piscinazos en sus campos. Bien es cierto que en su acervo cultural futbolístico nunca ha cabido el fraude en contrapisición con la hombría y nobleza. En los campos británicos todavía se aplaude más una entrada ruda, incluso peligrosa, que un penalti a favor provocado por una simulación. Y lo que es el sentir de las gradas hasta ahora no encontraba una coherencia con el reglamento. Pero la FA ha anunciado que, a partir de la próxima temporada, los simuladores tendrán castigo.

En su intervención ante los medios, la federación ha publicado la aprobación de un paquete de reformas en su reglamento que les permita actuar de oficio para revisar las acciones en las que un futbolista haya fingido y haya sacado provecho de esa treta, ya sea en forma de penalti, expulsión rival y derivados. El cuerpo de analistas que se dedicarán, como en la NBA, a revisar cada acción de la jornada estará conformado por profesionales ya retirados. Un árbitro, un entrenador y un jugador que hayan pasado por la Premier juzgarán los fraudes que no hayan sido castigados por el colegiado en vivo. La fórmula de la tarjeta amarilla por tratar de engañar ha quedado obsoleta.

La asamblea general de la FA, además, ha informado que, tras llegar a un acuerdo por unanimidad, la sanción prevista para los jugadores que sean declarados culpables de hacer flopping será similar al que padecerían de haber recibido una expulsión con roja directa. Es decir, el máximo de los castigos propios del desarrollo de un partido en la cancha. Eso sí, el organismo presidido por Greg Clarke ha especificado que sólo se establecerán sanciones a las jugadas que hayan supuesto un penalti o expulsión, injustos, de un rival. Y, además, han de concurrir las voluntades de los tres miembros del cuerpo de analistas. El comienzo del fin del teatro en el balompié inglés ya está en marcha.

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