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TRIBUNA

Primarios

domingo 21 de mayo de 2017, 20:00h

Pedro Sánchez aspira a convertirse en el enfant terrible que alborote nuestro caserón patrio. Tanto si gana como si pierde. A él le resulta indiferente. Sea cual sea el resultado de las primarias, la Transición estará en la encrucijada porque uno de sus hacedores, el PSOE, lleva tiempo sin saber por dónde tirar. Con Sánchez o sin Sánchez, el socialismo español ya no será el mismo. De no ser secretario general, aquél romperá el partido creando otro. Si llega a serlo, someterá a la sociedad española a los impertinentes vaivenes del revanchismo y el populismo. Pedro y Pablo. Pablo y Pedro. Más primarios que los Picapiedra.

Francia sigue dando ejemplos, buenos y malos. Pero persevera en alumbrar e impartir fórmulas, magistrales y funestas. Por algo su rey fue sol y su capital es luz. El progresista Macron alcanza la presidencia de la República y designa a un conservador como primer ministro. No es política ficción. Es la realidad. A nuestros vecinos no les importa lograr el orden social del país mediante el mayor desorden político mezclando piezas de distintas colecciones.

La buena política sin olvidar los fundamentos morales es el arte de lo posible, un arte de realidades. En España son muchos, Sánchez a la cabeza, los que consideran una mala ficción que la izquierda se abstenga para facilitar el gobierno a la derecha. ¿Serán los Pirineos una barrera conceptual? No parece. Hace más de un siglo, el día de San Isidro de 1896, solo un año más tarde de su estreno en Francia, llega el cinematógrafo a España. No debe ser la topografía del terreno la que nos incomunica e impide avanzar. Quizás seamos aún muy primarios para gestionar la cosa pública. La plenitud de las instituciones no se logra tanto por los principios que las crean, como por las realidades de su aplicación definitiva.

Con personajes como Sánchez e Iglesias nos arriesgamos a vivir una política aprisionada en una atmósfera viciada por la raquítica estrechez de mente, por disolventes ideologías y por estúpidos fanatismos engendrados por el odio y el rencor. El revanchismo de Sánchez vale tanto como su coche de campaña, y el comunismo de Iglesias tanto como su coleta. Se trata de dos cosas que se pueden olvidar o afeitar. Lo que no debemos olvidar es lo conveniente y propicio que resulta disponer de excelentes administradores que ofrezcan con garantías de honestidad un programa de buena gobernación sobre la base de garantizar los derechos fundamentales, abolir la dictadura de partidos, despolitizar la administración pública, crear un sector libre de toda influencia política en la vida económica y cultural y dar mayor impulso a la convivencia pacífica y al sentimiento nacional. De las mismas fechas en que aparece el cine en Madrid, es el diagnóstico más certero que se ha pronunciado sobre la enfermedad nacional: Me acabo de convencer de que el país por su clase gobernante es ingobernable (Manuel Silvela). Lástima que más de una centuria después nuestros dirigentes sigan siendo tan primarios.

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