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EL GOLPE DE ESTADO DE CARLOS PUIGDEMONT

martes 23 de mayo de 2017, 10:52h
Carlos Puigdemont está preparando un golpe de Estado sin violencia. Sin violencia, tal vez por convencimiento, tal vez porque carece...

Carlos Puigdemont está preparando un golpe de Estado sin violencia. Sin violencia, tal vez por convencimiento, tal vez porque carece de tanques para sacarlos a la calle. El presidente de la Generalidad y sus cómplices son unos golpistas. Si el Estado español no se pliega a sus exigencias, amenazan con la celebración sí o sí de un referéndum ilegal y con la proclamación unilateral de la independencia de Cataluña. Los viejos polvos de las concesiones, del mirar hacia otro lado, del no hacer nada de los Gobierno españoles, han terminado provocando el lodazal en el que ahora chapotea Mariano Rajoy.

Cuando se desmanda una Comunidad Autónoma, la Constitución tiene perfectamente previstas las medidas a tomar en los artículos 155 y 8. Para aplicar esas medidas es necesario cargarse de razón y sopesar las consecuencias. El socialista Blair suspendió la autonomía irlandesa y su decisión resultó altamente beneficiosa. Los servicios de inteligencia españoles deben estudiar a fondo la acción y las reacciones de la puesta en marcha del artículo 155 para evitar que las cosas se compliquen aún más.

Lo que está claro es que las sentencias judiciales no paralizarán a los golpistas que están gastando cantidades ingentes de dinero público para conseguir sus propósitos. Aparte de la cobertura judicial, el Gobierno está obligado a tomar medidas adicionales para resolver el desafío golpista. Algunos hablan de intensificar la negociación. En principio, no está de más la fórmula. Pero el golpista Puigdemont, el golpista Arturo Mas y sus cómplices no aceptan otra negociación que no sea imponer el golpe de Estado.

Y además ya han anunciado, entre varias medidas extremas, que silenciarán a los periódicos críticos, sean impresos, hablados, audiovisuales o digitales. La censura de Prensa es la primera medida de las dictaduras y los totalitarismos. Y en ese camino avanza abiertamente una facción de la clase política catalana.