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China y la alta tecnología

Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
lunes 30 de junio de 2008, 22:08h
Para comprender a fondo el proceso de desarrollo económico de China hay que tener en cuenta su obsesión por la alta tecnología. Tras perder el tren de la Revolución Industrial, China fue derrotada militarmente por Inglaterra (primera Guerra del Opio, 1840), tuvo que ceder Hong Kong y fue sometida de facto a dependencia colonial por las potencia desarrolladas desde entonces hasta 1949. Con la lección aprendida, China está decidida a no quedar apeada, al precio que sea, de la Revolución de la Información.

En 2006 dedicó el 1,5% de su PIB a I + D, cuando una década antes le dedicaba apenas nada. España está en el 1,2% y la media de la UE es del 1,8%, que China superará en pocos años. En mayo ha sido creada en Shanghai la Corporación de Aviación Comercial de China, que en 2020 tiene previsto lanzar un avión de 150 plazas, para competir con Boeing y Airbus. El pasado año el Gobierno de Corea del Sur ordenó una investigación a sus servicios de inteligencia por considerar que el avance tecnológico de China en el sector de la construcción naval, que Corea lidera, hace sospechar que ha habido filtraciones. En componentes de silicio para electrónica, si en 2000 China llevaba un retraso de una década, ahora tiene ya tecnología de vanguardia. En piezas de automóvil el 50% de los fabricantes chinos han alcanzado nivel internacional; en cuanto a los proveedores de segunda línea, si en 2003 sólo el 28% del sector estaba a esa altura, en 2006 ya lo estaba el 80%. Si Japón tardó 40 años en conseguir una industria automovilista de primera línea y Corea del Sur tardó 20, se supone que China lo conseguirá en un plazo menor. El 70 % de las empresas chinas dedican gran parte de sus negocios a servicios relacionados con Internet, cuando la cifra para la UE es del 48% y para USA el 42%.

Las exportaciones chinas de telecomunicaciones, electrónica y computadoras, prácticamente inexistentes en 1990, suponían más del 40% del total en 2005. Lenovo, Huawei y ZTE son empresas chinas del sector capaces de ganar concursos internacionales frente a las otras grandes multinacionales. Gastan más del 10% de sus presupuestos en I+D. Según Gerard Dega, presidente de Alcatel Shanghai Bell: “Huawei es capaz de hacer cualquier cosa que hagamos nosotros. Contratan dos mil ingenieros (precios cuatro o cinco veces inferiores a los de los países desarrollados) y los ponen en un proyecto. Es así de simple”.

China gradúa al año 1,3 millones de ingenieros y científicos, y quiere situar en pocos años un centenar de universidades entre las de primera línea mundial, centradas en ciencia e ingeniería. Quiere pasar de sociedad industrial a sociedad de investigación científica, siguiendo el modelo norteamericano.

Hoy por hoy China va todavía a la zaga de los países de vanguardia. Más que sobre su capacidad para alcanzarlos, se discute sobre el tiempo que tardará en hacerlo. Dan Rodrick, de Harvard, considera que el grado de sofisticación de las exportaciones chinas es el que corresponde a un país tres veces más rico. Para Curtis Carlson, de Stanford, China e India son, en tecnología e innovación, un tsunami a punto de arrollarnos. Otros, como Nicholas Lardy, son menos optimistas, considerando que la transición de importador a exportador neto de tecnología tomará décadas. En todo caso, la velocidad a la que China consiga ir superando su retraso tecnológico será decisiva tanto para su ritmo de desarrollo económico, como para su penetración en los mercados mundiales y su emergencia como verdadera gran potencia.

Los países como España, en cola del pelotón de cabeza, con tecnología en general de tipo medio (con excepciones, como, por ejemplo, el sector de las energías alternativas), seremos los primeros cuya industria va a sufrir las consecuencias a medida que China vaya produciendo artículos de valor añadido cada vez mayor. Remedio, aplicación a fondo de la Agenda de Lisboa: énfasis en I + D + i y en educación. De que hagamos o no los deberes en estos terrenos dependerá, en definitiva, que China, y el resto de Asia, acaben siendo para nosotros una oportunidad o una amenaza.

Eugenio Bregolat

Ex-embajador de España en China y Rusia

Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.

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