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NOVELA

Paolo Maurensig: Teoría de las sombras

domingo 28 de mayo de 2017, 18:34h
Paolo Maurensig: Teoría de las sombras

Traducción de Teresa Clavel. Gatopardo. Barcelona. 2017. 216 páginas. 18,95 €. Libro electrónico: 9,49 €

Por Daniel González Irala

Aleksandre Alekhine (Moscú,1892-Estoril,1946) fue un consumado ajedrecista que obtuvo el más importante galardón que en este deporte o arte se podía cosechar internacionalmente en el período de entreguerras del siglo XX. A partir de su extraña desaparición en un hotel de la ciudad portuguesa de Estoril, el novelista italiano Paolo Maurensig arma un relato de identidades difusas en que un periodista imagina sus últimos días con el material oficial como única documentación. Vamos descubriendo verdades incómodas conforme leemos y el capítulo final o epílogo (“El último secreto”) resulta en este sentido esclarecedor de cómo la barbarie o como mejor expresa Esteban Canal en la cita inicial, la vileza, no fue patrimonio exclusivo de las hordas filonazis gracias a las que Alekhine se promocionaba, sino también de los humanos que hasta esa mañana del 24 de marzo estuvieron conspirando detrás para arrebatarle el título cosechado desde su propio país y a través del gobierno simpatizante de Salazar.

Y es que Alekhine era ruso y a la vez aliado de los colaboracionistas franceses. El periodista que interpuestamente narra se confiesa un aficionado al juego al que le tortura el modo en que murió por atragantamiento en la ingesta con las manos (detalle que para la versión oficial y torticera de los hechos demuestra la falta de higiene de un loco) de un trozo de carne, o al menos eso parece. En los albores de ese 1946, otro periodista le ofrece a cambio de una entrevista con la reportera del Diario de Lisboa, Teresa Docampo, la lujosa habitación 43, que además será durante gran parte del tiempo la única ocupada del Hotel do Parque en el que vivirá los últimos años de su vida.

Todo este revanchismo que permanece de fondo en las subtramas de la novela queda marcado no sólo cuando el periodista consulta otras fuentes, sino también a través del personaje judío David Neumann con el que Alekhine simpatizó debido a que en esos largos días de alcoholismo y decadencia, conseguía amenizar su estancia gracias a los conciertos de Chaikovski con los que como gran violinista que el primero era, conseguía mantener en un estado de duermevela deliciosa a su compañero de residencia.

La novela sería poco interesante si no es por el paralelismo entre ajedrez y guerra (no sólo en el sentido militar, sino sobre todo estratégico y táctico), y trata de eliminar falsas leyendas sobre los grandes jugadores que a este respecto destacaron. Y si bien es verdad que algunos enloquecieron como Rubinstein o el posterior Bobby Fischer (al que no se cita) no siempre se debió a la obsesión por ejecutar prodigiosos movimientos en el tablero, ni siquiera por la presión que ante un rival de categoría podía llegar a sentirse. De hecho, uno de los grandes (como en la música, arte tampoco ajeno a la ciencia) era un matemático de renombre.

La trayectoria literaria de Paolo Maurensig, incluye también otra novela, La variante Lüneburg, que interesará sobremanera a los aficionados que conciben el ajedrez como el deporte más violento que existe, algo que en sus propias carnes vivió Alekhine no sólo cuando se vio involucrado en los archivos del juicio de Nuremberg (llegándose a encontrar fotografías junto a Joseph Goebbels y otros patrocinadores más directos), sino cuando aquel mensajero del miedo le hizo vivir el proceso inverso a través del interrogatorio casi judicial que se sucede en la revancha de una partida a ciegas (modalidad que el ruso dominaba).

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