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500 MILLAS DE INDIANÁPOLIS

Indy500. Alonso se gana el respeto en EEUU y Sato es el campeón
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Indy500. Alonso se gana el respeto en EEUU y Sato es el campeón

domingo 28 de mayo de 2017, 21:59h
El asturiano fue líder pero su Honda se paró a 21 vueltas del final.

Fernando Alonso plantó la bandera del deporte español en Estados Unidos como lo hicieron Rafael Nadal, Pau Gasol o Severiano Ballesteros. El piloto asturiano, hastiado de su último trienio en la Fórmula Uno -especialmente en este 2017 de nublado perenne-, abordó este domingo su primera aventura en busca de la Triple Corona. Ya ha ganado el Gran Premio de Mónaco, hoy ha participado en las 500 Millas de Indianápolis y le queda por degustar el sabor clásico de las 24 horas de Le Mans. En cualquier caso, el piloto de McLaren-Honda disfrutó de una jornada icónica, en la que volvió a enfervorecer al aficionado nacional.

"Es todo un desafío, un duro reto, pero estoy dispuesto a intentarlo. No sé cuándo voy a correr en Le Mans, pero intentaré hacerlo algún día. Solo tengo 35 años... tengo mucho tiempo para eso, pero estoy extremadamente feliz y se que voy retrasado en algunos detalles. No me preocupa nada en exceso y me preocupa todo. Al final, soy nuevo aquí y tendré que vivir todas las experiencias de la manera más abierta y coherente posible. Cuando te subes en el coche y bajas la visera del casco, al final estás solo y veremos lo que pasa. No tengo ninguna expectativa clara, sólo quiero disfrutarla y vivir este momento que es único en la carrera de un piloto", había declarado un novato ilustre que comenzó a entrenar el pasado 15 de mayo y nunca antes había pilotado un coche de la Fórmula Indy ni en un recinto super-speedway.

El doble campeón del mundial de Fórmula Uno partía desde la quinta plaza y tardaría en torno a 20 giros en sintonizar lo aprendido en el manejo de su monoplaza Andretti y lo vertiginoso de la dinámica de la memorable carrera de Indiana. Con una duración de 200 vueltas al óvalo más famoso del planeta, el asturiano se hizo con el liderato en la trigésimo séptima ocasión en la que la competición pasó por meta y, a partir de ahí, siempre circundó las posiciones punteras. La cima clasificatoria, que sufriría múltiples cambios, estuvo sujeta a los incidentes, continuos y espectaculares, que deparaba el circular frenético.

Cuando Rossi, compañero de equipo de equipo de Fernando y vigente campeón, le seguía el rebufo aconteció el accidente capital del evento: el neozelandés Scott Dixon, que firmó la pole, voló por los aires, literalmente, al ser desequilibrado por el británico Jay Howard. Este último cometió un fallo que le provocó la pérdida de control de su monoplaza y uno de los favoritos quedaría fuera de carrera, con su máquina destrozada. Entonces, con la tribuna aguantando el suspiro, Dixon salió por su propio pie y sin aparentes infortunios físicos descatados, reseñando la calidad de la seguridad de una arriesgada categoría en la que seres humanos viajan, adelantan y toman curvas a más de 370 kilómetros por hora.

Saldría frío Alonso de la primera de la ingente cantidad de banderas que frenaban la prueba. Tras más de media hora de parón, mientras que la organización se aseguraba de limpiar el circuito tras el lance, el español no recuperó el ritmo con la celeridad de sus colegas y cedió varias plazas, cayendo, como mucho, hasta la sexta posición. Entonces entrarían en escena otros candidatos y las estrategias -de tres paradas- debían enmendarse sobre la marcha. La cantidad de alteraciones en el devenir, producto de los accidentes y toques entre monoplazas, es la esencia de la naturaleza imprevisible de esta prueba. Y este domingo refutó tal pedigrí.

Sin embargo, después de ejecutar un amplio tramo de ahorro de gasolina, Alonso retomaría el liderato en la vuelta 131, más de dos horas y media después del banderazo de salida. Con los analistas de la retransmisión oficial honrando la capacidad de aprendizaje y la categoría jerárquica del asturiano, su dorsal 29, que atravesó cuarto las 100 vueltas de esta edición 101 de la Indy500, recobraba la posición puntera. Pero la enésima alteración de la competencia, que subrayaba lo imposible de tomar altura e inercia entre tanta interrupción, comprimiría las candidaturas, sumergiendo al español en un grupo poblado entre los que discurrían pilotos con estrategias más agresivas.

El abandono del único conductor que pudo abrir un agujero considerable en el primer puesto, Ryan Hunter-Reay (triunfador en este circuito en 2014), parecía allanar el camino de los otros favoritos, con el brasileño Helio Castroneves (triple ganador de la cita, en 2001, 2002 y 2009) en punta. Pero a 50 giros para la bandera a cuadros, el intervalo en el que los adelantamientos salen más caros y los grupetos esbozan burbujeantes zigzagueos en la defensa de cada pulgada, Alonso caería a la novena plaza. No pudo restablecer su fluir en cada regreso a la pista y lo pagaría al tiempo que Max Chilton se disparaba.

La penúltima bandera amarilla sobrevendría a 29 giros de meta. El momento de carrera había llegado. Hasta seis monoplazas circulaban en paralelo, tensos, ocupando todo el ancho del asfalto y taponando a un Alonso que seguía noveno. Consiguió el español escalar a la séptima posición, pero su motor Honda se paró. A 21 vueltas. Bajó de su monoplaza, despacio, saboreando el placer de saberse ovacionado y respetado en latitudes ajenas aunque contrariado por verse privado de la recta final. "Es un veradero piloto, un verdadero campeón", proclamó una retransmisión oficial que se centró en su salida de la carrera, rodeado por un enjambre de reporteros y fotógrafos. Su aterrizaje en Indianápolis resutó un acontecimiento que alimentó la visión global del evento y su abandono fue tratado con similar dimensión.

Se reanudó la competición a 16 giros para el final, pero en los primeros segundos de acción se registró un accidente múltiple, no grave, que involucró al otro español el silente pero efectivo Oriol Serviá, que circulaba en el Top-10 y con opciones de rematar su currículum en la Indy500 con un triunfo. La característica traca que representan los últimos giros, en las que cada ángulo se guarda con un celo casi negligente, volvió a ocasionar un incidente y el consiguiente parón.

Casi en un sprint, de diez vueltas, se resolvería la maratoniana prueba. Takuma Sato -ex Fórmula Uno, Chilton y Castroneves se alternarían en el liderato, en un baile espectacular. Se impondría el piloto japonés, que inauguró, de este modo, su palmarés en la cita. Con 40 años arrancó el paroxismo para sí tras seis años de vacío en la Fórmula Uno y un recorrido en las IndyCar series sin demasiado brillo. El nipón se coronó por delante de Castroneves y el debutante Ed Jones, bebió el tradicional trago de leche -ritual del campeón- y entregó a su país el primer entorchado en esta categoría legendaria.

Ya ante los micrófonos, Alonso compartió sus sensaciones: "Escuché el ruido y me llamó la atención. Luego ya vi el humo. Es una pena porque merecíamos haber acabado la carrera al menos. Quién sabe en qué posición habríamos acabado". "Ha sido una muy buena experiencia desde el comienzo. Ha sido divertido. Hemos tenido una buena actuación, hemos estado arriba e incluso liderando la carrera. Me alegro de haber sido competitivo", confirmó a la ESPN, la cadena que retransmitió la cita.

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