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POCO A POCO

Un yerno mediocre y peligroso

lunes 29 de mayo de 2017, 16:19h

El yerno. Una figura incómoda en muchas familias. Un elemento distorsionador que busca su propio lugar en la mesa de Navidad a mitad de camino entre los cabezas de familia y la discreción que exige su papel de segundón. No siempre es así, por supuesto, pero aun en el mejor de los casos, su presencia debería ser siempre discreta y constructiva, sin aspirar a demasiado foco ni postre.

Visto así, Jared Kushner es el peor yerno inimaginable. Ambicioso en el peor sentido de la palabra, maquiavélico hasta decir basta. Tiene en su mayor virtud, el ser listo, su peor defecto, creérselo. El marido de la hijísima de Donald Trump se ha tornado en una verdadera pesadilla para la diplomacia de Estados Unidos, harta de los caprichos interesados de este trepa de cuna.

De familia acomodada, ha crecido en la burbuja de los country clubs monoraciales y le han dado jabón toda su vida. De esos ricos que consideran su condición un derecho divino e incuestionable, de los que viven cansados de tanto Martini. Ahora el niñato tiene juguetes nuevos, contactos del más alto nivel, y juega a titiritero cuando no llega ni a boceto.

Kushner, asesor especial del presidente, quiere ser más papista que el mismísimo Papa, su suegro, una versión algo menos estrambótica pero igual de artificial. Quizás lo que más distingue a uno del otro sea que en la sesera del joven hay algo más que serrín y focos. De hecho, él sabe que es más que eso, lo que le convierte en más peligroso aún porque es consciente de su capacidad de moldear una mente tan pueril.

Ahora se siente perseguido, algo que creo le resultará desconocido en su vida de algodón. La Justicia estadounidense le investiga por sus presuntos (y reconocidos) vínculos con el Kremlin antes, durante y después de las elecciones presidenciales del pasado mes de noviembre. Se sospecha que pudo construir una suerte de diplomacia paralela a la de Barack Obama para medrar en sus negocios.

Mientras su mujer, la hijísima, se sienta a la misma mesa que jefas de Estado y de Gobierno que podrían empapelar su mansión con currículos de impresión y prestigio, él se codea en la sombra con lo más granado y poderoso del planeta sin más mérito que el anillo conyugal.

Kushner es un mediocre, como todo lo que rodea a Trump. Un cutre aspirante a líder mundial al que sólo admiran los snobs y yuppies de Wall Street, los mismos para los que allana el camino en la Casa Blanca, que las puertas giratorias no son patrimonio patrio.

Con suerte sus propias traiciones acaben con esta estirpe que hoy se ha apoltronado en la Casa Blanca. Con suerte la Justicia de EEUU logrará descabezar la serpiente y con ella caerán el resto de culebrillas. Con suerte no estaremos en manos de yernos como él, Jared Kushner.

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