TRIBUNA
Adiós Aguinaga
lunes 29 de mayo de 2017, 20:05h
Lejos quiero estar de remedar al poeta de Orihuela, pero, a mí se me ha muerto un amigo del alma; un amigo, mucho más que compañero. Distante estaba ahora, en este Madrid de las distancias; en este Madrid de los horarios. Juro que intenté verte, y que estuve preguntando en un comercio de tu propia casa que, tardos, no supieron relacionar a mi descrito con el vecino buscado.
Nuestro último encuentro, en la entrada de un hospital, el abrazo de hermano querido y la terrible confidencia: “tengo cáncer de hígado con metástasis” me dijiste. No supe contestar, seguro de tu curación ¡Tantos peligros pasados en aquella Tele irrepetible! ¿Cómo iban a poder contigo los bichos malditos de nuestra era? Pero pudieron, hoy he leído tu esquela ¡Tu esquela Álvaro! Y esta vez no era una broma de aquellas que tan felices, a tus amigos nos hicieron, ni era una viñeta de las tuyas.
Ha muerto Álvaro de Aguinaga; nuestro Álvaro, el de tantos que te quisimos; el de tantos que te admiramos. Te has ido sin permiso y te has ido sonriente, como siempre.
Me sonrió la fortuna cuando tuve la suerte de conocerte trabajando en la tele; trabajando no es la palabra; tú y quienes te seguíamos jugábamos al peligro y al riesgo, le insultábamos ufanos; como en aquella aventura empresarial que tan bien nos resultó, para finalizar luego tan mal. No éramos para la empresa. Nuestro riesgo, el que dominábamos era el divertido; tan divertido como la policromía de tus excelentes acuarelas; como tus buenos libros, tus dibujos y tus grandes reportajes.
¿Por qué te has ido, si esta vez no ibas a disfrutar tus creaciones? O sí, ya que con tu vena de artista y con tu mirada al humor de la vida, será fácil que mires al humor de la muerte; de esa muerte que parece alejarte y para ti, es un nuevo argumento.
Álvaro, amigo y hermano más que compañero; nos veremos otro verano en Sotillo de la Adrada para y de nuevo oiremos cantar a tu pequeña Tatiana: “Una, dos y. Tres, ¡al agua!