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La forzada dimisión del fiscal Moix

jueves 01 de junio de 2017, 23:39h
Manuel Moix ya no es fiscal anticorrupción. Presentaba ayer su dimisión al Fiscal General del Estado, por un asunto que la propia oposición desvincula de “trama” alguna. Dicho asunto es de sobra conocido: Manuel Moix era, junto a sus hermanos, titular de una sociedad radicada en Panamá sin actividad heredada de su padre. Disolver esa sociedad tenía un coste de 90.000 euros, cantidad que uno de ellos no podía satisfacer por lo que, al ser improductiva, optaron por dejarla estar.

Manuel Moix declaró a Hacienda todos y cada uno de los detalles de esa sociedad. No era, por tanto, una cuenta opaca ni una pantalla para ocultar irregularidades contables, aspecto éste también reconocido por la propia oposición. La razón, pues, de su dimisión, nada tiene que ver con comportamientos ilegales, y sí con las tensiones políticas que se viven en el seno de la institución de Ministerio Público, con los fiscales progresistas en pie de guerra contra el actual Gobierno. En España hay un problema de corrupción que se está combatiendo y penalizando, aunque nada se ha dicho hasta ahora de remover los incentivos económicos ante tales conductas. Pero todo eso ya lo sabemos. Lo que no conocíamos –aunque lo hemos empezado a sospechar- es que cada vez hay una atmósfera de presunción de culpa y de ambiente inquisitorial cada vez más pesada.

Moix cometió un error al no informar al Fiscal General del Estado de que su nombre figuraba en esa sociedad. Nada más. El desenlace de esta situación no es sino el resultado de una purga por motivaciones estrictamente políticas y en la que el Ejecutivo ha preferido ponerse de perfil ante la cantidad de frentes abiertos que tiene.
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