Desde el comienzo del Ramadán el pasado 26 de mayo, el Estado Islámico viene atentando en todo el mundo. Sólo en lo que llevamos del mes de junio -y el mes sagrado comenzó a finales de mayo- ha habido 18 atentados vinculados a la organización terrorista. Desde el coche bomba que estalló en Jalalabad (Afganistán) el primer día de junio causando un muerto y cuatro heridos hasta el tiroteo en un puesto fronterizo de Diyala (Irak) el viernes pasado, los yihadistas están tratando de sembrar el terror sirviéndose de la violencia y del poder de difusión que los medios de comunicación y las redes sociales dan a sus crímenes.
Se sospecha que el Estado Islámico también está detrás del atropello y los apuñalamientos del sábado pasado en Londres. Los terroristas mataron a siete personas e hirieron a decenas. Esto es coherente con el llamamiento que la organización yihadista hizo a desatar una guerra total contra los infieles en Occidente. “Hermanos musulmanes en Europa que no podéis llegar a tierras del Estado Islámico, atacadlos en sus casas, sus mercados, sus calles y sus plazas”, dijo el grupo yihadista en un mensaje titulado “¿Dónde están los leones de la guerra?” y difundido en Youtube. Este atentado en Inglaterra viene precedido por el estallido de un terrorista suicida en Manchester durante el concierto de Ariana Grande en el que murieron 22 personas; en su mayoría, jóvenes y niños.
En el mundo islámico se han venido realizando campañas para neutralizar la radicalización de los jóvenes. Desde series de televisión que muestran la vida en Raqqa, capital del Estado Islámico, hasta el anuncio que la compañía kuwaití Zain produjo y difundió hace apenas diez días para felicitar el Ramadán y hacer un llamamiento a la paz. En él, un terrorista suicida comienza a ver a sus víctimas mientras una voz infantil le advierte: “Le diré a Dios todo. Que has llenado los cementerios de niños y vaciado nuestros pupitres escolares. Que has extendido el caos y convertido nuestras calles en oscuridad. Y que has mentido. Dios tiene pleno conocimiento de los secretos de todos los corazones.” El anuncio sigue cuando las víctimas se enfrentan al asesino: “Tú vienes en nombre de la muerte, Él es el creador de la vida”. El vídeo es muy conmovedor y, sin duda, puede tener un efecto sobre muchos, pero el aparato de propaganda del Estado Islámico dista de estar neutralizado. Es cierto que, a medida que sufren descalabros en el campo de batalla, el número de enrolados en sus filas disminuye, pero su capacidad de cometer atentados terroristas se extiende cuando los que llegaron de fuera de Irak y Siria regresan a sus hogares.
Es necesario comprender la naturaleza compleja del Estado Islámico. Comete atentados terroristas en todo el mundo como las demás organizaciones yihadistas, pero al mismo tiempo se enfrenta en campo abierto con ejércitos regulares como si fuese una fuerza armada convencional. Recurre a la captura de rehenes. Emplea escudos humanos. Ha matado a civiles desarmados. Ha exterminado a chiíes, yazidíes y cristianos en el territorio que ha conquistado. Dispone de un aparato de captación y entrenamiento que le permite reclutar terroristas en todo el mundo.
Tras este último atentado en Londres, se ha planteado, una vez más, la lucha contra los mensajes radicales en el Reino Unido y el resto de Europa. La primera ministra británica, Theresa May, ha declarado que “hay demasiada tolerancia con el extremismo” en el Reino Unido y ha propuesto revisar la legislación antiterrorista para luchar contra esta “malvada ideología”. En efecto, no deja de ser desconcertante que en los países occidentales se acoja a líderes radicales y se toleren organizaciones que en los propios países islámicos están prohibidas y perseguidas.
Sin embargo, el desafío no sólo está en las mezquitas radicales y en las falsas organizaciones de caridad que difunden el islamismo y captan jóvenes, sino en el formidable despliegue propagandístico y de entrenamiento que opera a través de internet.
Así, el campo de batalla contra el ISIS no es solo físico sino también digital. Luchar contra él requiere contar con la colaboración de las empresas que ofrecen servicios a través de la red, con las plataformas y las redes sociales, con los internautas y los prestadores de conexión. El debate sobre las libertades de información y expresión, el control de los contenidos y el empleo de tecnología que puede invadir la intimidad de los ciudadanos son solo algunos de los debates que Europa tendrá que afrontar en los próximos años. Los terroristas saben que las sociedades europeas deben decidir entre dos bienes jurídicos -la seguridad y la libertad- y que en ese debate se juegan su propia identidad de democracias y Estados de derecho.
Como decía el juez Barak, uno de los grandes magistrados de la Corte Suprema de Israel, el Derecho y la moral nos exigen luchar contra el terrorismo con una mano atada a la espalda. He aquí el terrible dilema al que se enfrenta Europa: defenderse sin traicionarse, protegerse sin entregar el sistema de libertades y derechos que ha construido a lo largo de la Historia, derrotar a los terroristas y, preservar, al mismo tiempo, una forma de vida construida sobre el valor de la libertad y la dignidad intrínseca del ser humano.
Quedan aún varias semanas para que acabe el Ramadán, el mes de oración y elevación espiritual que estos asesinos están profanando. Ojalá se cumpla la advertencia del niño del anuncio y les sea exigida justicia por las atrocidades que están cometiendo.