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TRIBUNA

El Estado en manos de los asesores

viernes 09 de junio de 2017, 19:53h

Mariano Rajoy Brey -esa Diótima de “El banquete o del Amor” de Platón, esto es, amor como demonio- cuenta con 22 asesores que son como unos confesores de capilla románica en donde el Pantócrator adivina la política española. A su vez la vicetiple Soraya Sáenz de Santamaría encumbra sobre su cuerpo diminuto a 11 asesores, con lo cual nos da que el Palacio de la Moncloa -esa casa de lenocinio de la democracia sexualizada- suma 33 ciudadanos que asesoran al Dioscuros de la Ciudad-Estado de Hispania, tierra de conejos para los romanos.

El asesor que más cobra redobla su sueldo en 70.039 euros mientras que el que menos esconde en su maletín se lleva 20.991 maravedíes anuales. Con lo cual el moncloaísmo gasta anualmente un monedero de casi 2 millones provenientes de las arcas públicas en asesorar al cómico Rajoy y a la ranchera Soraya. Si alargamos este discurso del asesoramiento a todo el Gobierno conservador la compra y venta de ganado asciende a 8.303.359 millones de ducados repartido entre los 151 asesores entre todas las carteras ministeriales. Y yo me pregunto: ¿quién gobierna verdaderamente el Estado?

Como la antigua nobleza de los reinos de las Españas -digamos que un Juan Alfonso de Alburquerque, quien se alió entre los príncipes bastardos y el rey Pedro IV de Aragón- actualmente todavía se reproduce esta confianza en la palabra dicha y escrita por los hombres sabios que rodean los reinos, las provincias, las taifas, los nacionalismos, los regionalismos y la Ciudad-Estado de una España cuyos políticos tienden a la mediocridad y al sexualismo o al adulterio más la glotonería de, por ejemplo, la historia dinástica de los Borbones, a cada cual más tórrido en la cama o más atormentado.

Hoy los asesores son aquellos validos que como Álvaro de Luna, Juan Pacheco, Beltrán de la Cueva, Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma, Baltasar de Zúñiga, más el duque de Medinacelli, el conde-duque de Olivares o Manuel Godoy regentaron las Españas hasta reorganizar sus doctrinas o dogmas políticos como adivinaciones sustraídas del Oráculo de Delfos. España siempre ha sido gobernada por los asesores/validos/nobleza que ejercieron una ética pordiosera y daimónica en su ínterin de poder. ¿Por qué ha sucedido esto?, se preguntarán ustedes, inteligentes lectores. Yo les responderé: porque nuestros políticos ayer hoy y siempre han estado contaminados por una afasia de culturas y de conocimientos casi invisibles de lo que enteramente debe ser la política en su grandeza de la construcción ética de las Españas, de nuestra España, y, por, ende, de nuestra Ciudad-Estado.

Por lo tanto, dicha mediocridad o dicha vulgaridad, por no decir el completo agrafismo, justifican la devolución del poder a la hora de conformar el Estado, el cual siempre ha sido regentado por estos filósofos u hombres sabios que son los asesores o validos. La nueva nobleza española es la que le escribe los discursos, por ejemplo, a Mariano Rajoy, aunque éste, en rueda de prensa, cuando se le marean los papeles, sólo diga cosas como: “a la primera ya la he comentado, la segunda tal y la tercera no la respondo porque hoy no he dormido bien”.

Yo propongo -y esto no es chanza ni bufonismo- que en este país se reforme la Constitución y se suscriban unas elecciones generales a la hora de elegir a los asesores o validos tanto a nivel de la Ciudad-Estado como de los regionalismos. No es frivolidad que esta nueva nobleza sea elegida en su completud democrática por el pueblo español con la intención de evitar el libre albedrío o la libre designación -esto es, el dedazo- en materia de asesoramiento de nuestros políticos, los cuales son conocedores orgánicos que sin sus validos sólo representarían la inacción, el modelo dramático de gobernar una nación o una provincia, la ignorancia de la cosa pública, el daimonismo de la administración, la irracionalidad de este deporte que hoy es la política española tanto en la Ciudad-Estado como en el regionalismo.

Votemos el pueblo a los validos que deseamos como tales y profundicemos en esta comunicación prístina y en estos momentos en pleno naufragio que es el sistema democrático traído en su lontananza por Locke, por Rousseau o por Condorcet, por dar raíz a la modernidad política con tan sólo unos ejemplos. El monórquido Rajoy -monorquidia es la ausencia de un testículo- y la cabaretera Soraya deben estudiar más cienciología política y no derivar todo su palurdismo constitucional en pos de, como digo, esta nueva nobleza -asesores y validos- que nos retrotrae a la fotosíntesis o a la prehistoria del hombre político en ausencia de dignidad, de honorabilidad, de prestigio, de sacralidad o de una nueva dimensión de la vida humana en el centro mismo de la polis.

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