Con ocasión de la inauguración de la exposición universal que se celebra en Astaná (Kazajstán), el viernes pasado se reunieron, en un hotel de la capital kazaja, el rey Felipe VI y el Presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyóyev. Se trataba del primer encuentro entre ambos jefes de Estado desde que ambos son jefes de Estados y el resultado permite augurar oportunidades de negocio muy interesantes para las empresas españolas. Es una buena noticia en el 25º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos Estados.
Uzbekistán se encuentra enclavado en el corazón del Asia Central. Comparte fronteras con Kazajstán, Turkmenistán, Tayikistán y Afganistán. Todos los caminos que cruzan el centro del continente pasan por el territorio uzbeko. Por él, pasan las rutas que se dirigen a China, la India, Rusia, Irán y Turquía. El país centroasiático forma parte de la Nueva Ruta de la Seda que Pekín está impulsando como vía de comercio terrestre entre los dos extremos de Eurasia. Si Uzbekistán fuese una plaza de Madrid, sería el Paseo de la Castellana. Todo lo que pasa, pasa por ahí.
Junto a su posición geoestratégica en el Asia Central, Uzbekistán ofrece magníficas oportunidades en industrias como la turística, en la que España es líder. Junto a la moderna ciudad de Tashkent, en la que ya trabajan diversos operadores turísticos y que tiene una variada oferta de turismo de ocio y cultura, destacan los destinos de turismo de aventura y naturaleza como el Valle de Fergana, al que ya mencionan las crónicas chinas desde el siglo II antes de Cristo. La propia capital es un destino muy adecuado para el turismo de congresos y de negocios.
Por otra parte, Uzbekistán atesora algunas de las ciudades más importantes de la historia islámica. En Samarcanda, florecieron la ciencia, la literatura, las bellas artes y la teología. Durante el tiempo del emir Timur, conocido en España como Tamerlán, el nombre de la ciudad llegó hasta la lejana Castilla. Tan grande fue su fama, que el rey Enrique III envió una embajada cuyo relato escribió el célebre Ruy González de Clavijo. Sus madrasas, sus mausoleos, sus museos y su urbanismo conservan el encanto del Oriente sin la masificación que azota otros destinos. Junto a la capital del Imperio Timúrida, Bujará atesora algunos de los complejos arquitectónicos religiosos más importantes del mundo islámico y el recinto amurallado de Khiva es como un formidable museo al aire libre de más de veinticinco siglos de antigüedad.
La tradición islámica de moderación y mística que caracteriza a Uzbekistán ofrece oportunidades para los interesados en el turismo espiritual y el descubrimiento de nuevas experiencias alejadas de los tópicos y los prejuicios. Las cofradías sufíes naqshbandíes, que toman su nombre del gran maestro sufí Baha-ud-Din Naqshband Bujari, han dado al islam de Uzbekistán una tradición de espiritualidad que se remonta al Profeta a través de su compañero Abu Bakr, el primero de los califas llamados “perfectos”. Los sucesivos renacimientos culturales de Uzbekistán a lo largo de su historia -ahí está el esplendor de los siglos IX-XII y del XIV-XV, por ejemplo- han ido dejando un legado de arte, cultura y espiritualidad admirables.
Estas oportunidades que Uzbekistán ofrece para modelos turísticos sostenibles abren la puerta a sectores como la construcción de infraestructuras y alojamientos hoteleros. El desarrollo de la red de comunicaciones por tren y carretera han sentado las bases para un crecimiento del sector turístico. El caso de las rutas del tren de alta velocidad Talgo entre Tashkent, Samarcanda y Bujará que supuso una inversión de 38 millones de euros, es un ejemplo de éxito de una empresa española en el país.
En el encuentro entre el rey Felipe VI y el presidente Shavkat Mirziyóyev, ambos jefes de Estado hablaron, precisamente, de incrementar la cooperación económica y empresarial en sectores como el turismo, el transporte y las infraestructuras. Así, Uzbekistán se ofrece como una oportunidad de negocio e inversión para las empresas españolas.