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TRIBUNA

Rafael Nadal: lo que puede una pelota

lunes 12 de junio de 2017, 19:57h

No me refiero al vocablo “pelota”, en el sentido de los vulgarismos que se afirman como conceptos coloquiales en el lenguaje ordinario, que vienen referidos en el diccionario de la Real Academia Española, sino al sentido más usual del término como “bola de materia elástica que le permite botar, y que se usa en diversos juegos y deportes”.

Actualmente, la pelota se ha convertido en el término más apetecible de los millones de seguidores de deportes, tanto para los que se conforman en pantuflas delante del televisor, como aquellos que van a ver presencialmente los acontecimientos deportivos en directo que mueven a cientos de miles de fans que siguen a sus equipos favoritos en los grandes estadios.

Oí decir a un prestigioso cirujano catalán, ya fallecido, que no había visto nada más ridículo que veintidós hombres, hechos y derechos, correr detrás de una pelota como niños, refiriéndose a los componentes de dos equipos de fútbol en plena faena. Pero, claro está, no hay que confundir la gimnasia con la magnesia, ni una excelente poesía con un pasodoble. Así pues, no es lo mismo un bisturí que una pelota. Hay pelotas para todos los gustos, y no me refiero a los que hacen la rosca, que también los hay a tutiplén, sino a las pelotas deportivas. Muchos corren detrás de las pelotas, bien sean de fútbol, de básquet, de vóley, de críquet, de petanca… y, por supuesto, de tenis.

No podía menos que dedicar este artículo a mi querido paisano Rafa Nadal, que ha conseguido, nada más y nada menos, que diez copas del Roland Garros, aun sin saber francés; pues lo que importa aquí no es el dominio del idioma, sino de la raqueta y de mandar la pelota milimétricamente a la esquina que más le duele al contrario hasta ocasionarle un traspiés. Los buenos deportistas no necesitan de halagos ni alabanzas, pues les basta con el trabajo serio e incansable para conseguir el éxito que persiguen. Cierto que algunos, y no menos los políticos, aprovechan la ocasión para fotografiarse con el campeón, a ver si así consiguen un poco de suerte y también se aúpan al podio de los vencedores en las próximas elecciones, como le ha ocurrido a Macron, con su reciente partido fundado ad hoc que buen resultado le ha dado en las recientes elecciones legislativas francesas, el mismo día en que Nadal conseguía la décima en París. ¿Quién pudiera pillar tanta suerte en nuestro entorno político, deben pensar algunos de los que andan estos días con el penoso daca y toma en nuestro Congreso y Senado? Pero, es que hay algunos infiltrados en la Asamblea Legislativa que, o bien pasan la pelota a los demás o peor aún, intentan jugar pero no tocan pelota.

Con perdón de tales símiles que nos permite nuestro idioma y nuestras circunstancias políticas, celebremos mejor los éxitos que nos ofrecen ahora nuestros mejores deportistas. Ya que no podemos codearnos en otros ámbitos sociales o económicos, por lo menos nos podemos ufanar de los grandes éxitos deportivos de ciertos españoles, como Rafa, que da ejemplo ofreciendo trabajo en su ciudad natal con lo que sabe hacer, o sea, creando escuela de deportistas de élite en el tenis.

¡Viva la décima de los mosqueteros!, conseguida por el brazo de Nadal que maneja mejor la raqueta que pudiera hacerlo D’ Artagnan con la espada. Ya no es necesario añadir que Rafa Nadal es el mejor embajador de España, como algunos medios sociales están divulgando. Lo que resulta a todas luces obvio, no es necesario recordarlo. Espero que, desde allí en lo alto, el gran Hacedor de nuestro mundo, que maneja con gran orden y concierto las órbitas celestes y planetas, también en forma redonda como la pelota, conceda larga vida y grandes triunfos a nuestro campeonísimo Rafa Nadal.

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