www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Apuñalado por la espalda

Juan José Vijuesca
miércoles 14 de junio de 2017, 20:06h

El bueno de Ignacio Echeverría, con su valerosa actuación, nos ha retratado y a la vez nos ha representado a todos. Los héroes permanecen para siempre en los anaqueles de la memoria histórica haciendo grande el devenir de quienes quedamos montando guardia ante un destino incierto. Pero solo ha habido un Ignacio Echevarría, un español que ha enseñado el camino a cambio de un acto de valentía más propio de las leyendas de caballería que del siglo XXI.

Ignacio nos ha puesto el listón demasiado alto, yo diría que lo ha instalado en la cima que separa el dolor de la razón. No resulta fácil competir con alguien que se adueñó del deber descabalgando de un patinete para luchar cuerpo a cuerpo con los que asedian nuestra libertad tratando de imponernos sus férreas y sangrientas doctrinas. No hay que acudir a ningún reto, basta con tener los bolardos bien puestos como el caso de Ignacio, para darnos cuenta de que estamos ante una deriva muy peligrosa. El azar nos pone a prueba y resulta muy difícil conocer una reacción en situación límite cuando se sabe el peligro, pero a la vez se ignora el desenlace. Ese es el verdadero mérito ante un imposible.

Para muchos de nosotros sería un instinto natural el huir del escenario como medida de supervivencia; sin embargo, para este chico debió resultar una ocasión para salvar a quien iba a ser degollado por la barbarie. Una rareza de este siglo ver tanto valor en tierra extraña ante una buena parte de la escrupulosa sociedad inglesa que perpetua con los foráneos esa condición clasista como en la época victoriana.

Visto lo visto durante estos días, nada de extraño tiene que Ignacio obrase de esa manera, pues la familia ha honrado en todo momento la convicción de cómo actuar frente al epicentro del dolor más agudo. Lección que demuestra que en muchas ocasiones las cosas no suceden por casualidad. Me quedo con el ejemplo que nos ha dado a todos. Un modelo de actitud frente a la vida y que lo simboliza en nombre de todas las víctimas habidas que a día de hoy se contabilizan por los actos terroristas cuya barbarie nos hace ser blanco de todas sus iras.

Esta sociedad está pagando el justiprecio por ser tolerantes y respetar cuantas variantes de toda índole y condición se nos vienen imponiendo como fórmula magistral de un ingenuo buenismo basado en simples sentimentalismos carentes de autocrítica, cuyos resultados frente al sanguinario terror viene demostrando que no hay equidad entre lo que damos y lo que recibimos.

Todo es susceptible de mejorar si se hace desde una manera bien administrada, sin embargo, los regidores encargados de guardar el natural equilibrio entre el bien y el mal no dan ningún ejemplo de fortaleza cívica. De ahí que esta debilidad sea aprovechada por los cainitas de turno ávidos en justificar lo indeseable y sonreír cuando se revienta la concordia comparando a las víctimas de este lado con los terroristas abatidos. Sin duda son los apátridas confesos.

Los que abusamos del perdón debemos caer en la cuenta de que la acción de Ignacio Echeverría no lo ha sido por venganza, ni siquiera por odio, sino más bien por gallarda valentía cuyo arrojo debe ser compartido por todos los que miramos de reojo cualquier destello de unos afilados credos dispuestos a matarnos por considerarnos infieles y occidentales.

Muchas gracias, Ignacio, porque una cobardía a cuchillo sobre tus espaldas nos ha proporcionado el valor de sentirnos más libres y menos desamparados. Tú has puesto la vida y los que seguimos aún aquí te la debemos. Mi gratitud infinita.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (27)    No(0)

+
6 comentarios