www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La paciencia de la derecha española

jueves 15 de junio de 2017, 18:37h
Actualizado el: 15/06/2017 18:48h

Uno de los más contundentes aciertos del profesor Stanley Payne, de entre los muchísimos que atesora en su larga y rigurosa carrera como historiador, es haber llegado a la conclusión -no sin cierta apesadumbrada sorpresa- que, ante ciertos avatares históricos, la derecha española se ha comportado con excepcional paciencia.

La prueba más evidente fueron los larguísimos meses revolucionarios a los que la izquierda sometió nuestro país desde febrero de 1936 hasta el golpe del 18 de Julio. Meses que arrancan con un durísimo “pucherazo” a base de coacciones y trampas para seguir con toda suerte de violencias desde el poder oficial y oficioso, la persecución religiosa y gravísimos tumultos y asesinatos que culminarían con la ejecución de uno de los líderes de la oposición, José Calvo Sotelo. Y aun así, la derecha militar estuvo envuelta en un mar de dudas en aquellos desdichados días de julio de 1936. Hay que recordar en este punto que incluso alguno de los generales se sublevaron gritando “viva la República”, aunque imagino que no se referían a la república versión bolchevique que defendía nuestra izquierda de aquellos tiempos y que era, por cierto, absolutamente ajena -ya que alguno intenta buscar similitudes- a la civilizada socialdemocracia que propugnaba la izquierda de nuestros vecinos franceses, británicos o alemanes en aquellos años. Como casi siempre Spain is different...

Hoy vivimos unos tiempos de paciencia similares aunque, gracias a Dios, mucho menos radicales. Nuestras clases medias sufren calladamente una presión fiscal y un incremento en los costes esenciales que les hace perder mucho espacio social y económico, lo que genera grandes dudas sobre el futuro de sus hijos. En lo político, la versión posibilista de nuestro pensamiento único (socialdemocracia per tutti) cada vez encuentra menos eco entre la derecha. De ahí el lento declinar de un PP que ya no se sabe qué defiende más allá de aguantar a toda costa en el poder, envueltos en la bandera de la sacrosanta gestión y la renuncia a cualquier reforma.

Las instituciones están siendo sometidas a un descrédito muy acelerado. No se equivoquen, la pretensión de Podemos no es modernizarlas sino sustituirlas, en un proceso en el que están consiguiendo deshilachar hasta la forma en la que pensamos.

Hoy se "podemiza" todo. La deuda es antisocial, el estatismo es rampante, los empresarios roban hasta cuando hacen importantes donaciones y el éxito es sospechoso. La excelencia es cosa de extranjeros. La exigencia es cosa de carcas. Lo minoritario y la excepción se convierten en categorías y se presenta una realidad desequilibrada y sórdida cuando muchos datos indican lo contrario. Lo políticamente correcto es un pensamiento igualitario y social siguiendo la estrategia gramsciana de Errejón y compañía. ¡Y encima piensan que van muy despacio! Han conseguido incluso que el PSOE les compre el programa...

La derecha se hartó pronto de la UCD y puede que esté a punto de hacerlo también del Partido Popular. Las encuestas son confusas y algunas revelan que ya se ha cruzado el umbral en el que la hecatombe electoral sería insalvable. Algunas comunidades cruciales, como Cataluña y el País Vasco, colocan al PP en la marginalidad o, como dice Rufián ¡Qué poco me gusta citarlo! a pocos votos del Partido Animalista.

El PP cada vez está más opaco o ensimismado. Las organizaciones cerradas, y más en estos tiempos tan líquidos y tan apresurados, están condenadas. Las pseudoprimarias que ha celebrado el PP en estos últimos meses no han permitido ni un atisbo de renovación, ni siquiera de debate interno. Se han hecho trampas sin ningún rubor ni consecuencia. Incluso se rehuye el debate externo y público reduciéndolo a una astracanada, como ha ocurrido recientemente en la Asamblea de Madrid con ocasión de la moción de censura presentada contra Cifuentes.

Una España post PP incrementaría aún más el desencanto de las clases medias hasta que se organice una fuerza política que recoja el ideario del centro derecha. El problema estará en el recorrido que tengan las políticas de PSOE + Podemos o viceversa y qué margen dará el nuevo sistema para que haya una alternativa. Ciudadanos, en su ambigüedad ideológica e incapacidad estratégica, no tendría fuerza aunque rescatara una parte importante del electorado del PP. No creo que consiga ir mucho más allá del olvidado techo de Manuel Fraga, que rondaba los 125 diputados, aunque por razones distintas. Lo que nos han enseñado las elecciones francesas y británicas e incluso norteamericanas es que en tiempos de incertidumbre la gente quiere liderazgos claros y huye de la tibieza.

Hay varios intentos de formación de nuevos partidos, pero con las limitaciones de financiación, el miedo a los distintos gobiernos -todo está tan intervenido que da pavor enfrentarse al poder constituido- y unos medios de comunicación demasiado concentrados, apenas les permitirán hacerse hueco. El vacío electoral que se puede generar puede tardar una generación en recuperarse, como ya ocurrió en 1982 con la debacle de UCD y el lento y trabajoso ascenso de la vieja Alianza Popular.

Luis Asua Brunt

Abogado, empresario

Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (22)    No(1)

+
0 comentarios