Es el momento: la selección al País Vasco
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 01 de julio de 2008, 23:07h
Parece sorprendente, pero en España había españoles. Muchos españoles. Pero debemos ser muy tímidos, porque sólo nos dejamos ver de cuando en cuando; aunque, para ser justos, cada vez más frecuentemente.
La bandera ha salido del armario, ya sea para un éxito deportivo o para una conmemoración constitucional; por una tragedia colectiva o una reivindicación política de unidad.
¿Están a la altura de esa españolidad reivindicada nuestros gestores públicos? ¿Cree el Gobierno de Zapatero que ya ha cumplido apretando los puñitos por un gol de la selección nacional de fútbol? ¿Piensa que es suficiente montar una carpa y posar tras una copa? ¿Sabe lo que subyace en la explosión del sentimiento colectivo por un éxito compartible por todos los españoles?
Además de aprovechar los impuestos de los españoles para disfrutar de palcos vip, los gobiernos deben forjar día a día el Estado que dirigen y la Nación que conducen. Y ésa no es una labor pasiva, como si el entorno nacional fuera inmutable.
Llevamos treinta años diciéndonos "madrecita, que me quede como estoy", porque la alternativa es que avancen las fuerzas centrífugas del nacionalismo secesionista. Y cada vez que lo decimos, mandamos un mensaje pacificador, que es recibido como muestra de debilidad. Y, entonces, lo centrífugo que se quiere evitar gana más y más terreno.
Y lo gana en, al menos, dos pilares básicos en un entorno nacional: el educativo, incluido el uso de un lenguaje diferenciador con discriminación de la lengua común, y el simbólico. Ambos generan la ruptura psicológica entre quienes éramos lo mismo y pasamos a ser el otro, el adversario. Una quiebra que no se sutura sólo con la legalidad.
Sé que es pedir mucho a este Gobierno, que resuelve el problema del agua bailando la danza de la lluvia, y controla la inflación creando altos cargos. Pero respetuosamente le solicitaré que haga algún gesto baratito para, al menos, mantener el impulso colectivo de lo que se ha dado en llamar España.
Ahora, tiempo de euforia colectiva, es el momento de que la selección nacional de fútbol juegue un partido en el País Vasco. Cuando jugó en Cataluña, en los Juegos Olímpicos del 92, tuvo una acogida formidable, como corresponde al corazón de quienes viven en esa tierra. Seguro que los admiradores de Zarra, Panizo y Gaínza, y sus descendientes, agradecerían la presencia en la Catedral de Bilbao del vasco Xabi Alonso, de los catalanes Cesc o Xavi, del canario Silva, del hispano brasileño Senna o del madrileño Torres. Son buenísimos, no podéis perdéroslo.
Volvamos a la normalidad en España, donde hay más historia que une que tribalismo separador. Pero eche usted una mano, señor Zapatero, y diga a su ministra del Deporte que lleve la selección de fútbol al País Vasco. Y después, la de baloncesto. Y que se pasee por sus calles Alonso, y juegue al tenis Nadal. Seguramente no sería condición suficiente, pero sí necesaria, para afrontar el futuro con ánimo de superar esta vaina pesadísima del soberanismo que nos tiene hartos a los españoles, que nos impide decir con el orgullo americano de Obama: Juntos podemos.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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