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NOVELA

Emilio Arnao: Los espejos occidentales

domingo 25 de junio de 2017, 15:10h
Emilio Arnao: Los espejos occidentales

Carena. Barcelona. 2017. 292 páginas. 20 €.

Por Adrián Sanmartín

“La vida tenía esos contrastes, vivir o morir, vencer o sufrir”, leemos en Los espejos occidentales. Amparo, uno de sus personajes, ha comprobado esta verdad en los avatares de su existencia. Al igual que la han constatado todos los personajes de la última novela de Emilio Arnao (Palma de Mallorca, 1966). Y son numerosos los que la pueblan, pues estamos ante una narración donde se nos sumerge en la historia de una familia a lo largo de varias generaciones que habitan sucesivamente en las localidades valencianas de San Antonio y Requena. La saga comienza con Dionisio Yagüe, que “nació un día en que el viento había entrado en la casa como el verdecido semblante de los muertos”. Quizá por eso resulta tan especial. Dionisio vino al mundo con tres manos y a los seis meses hablaba y leía, y no precisamente libros infantiles. Empezó a leer El Criticón, de Gracián, y continuó con las Encíclicas Papales y obras de San Agustín que le prestaba al principio el cura del pueblo, y después el maestro, don Laureano, familiarizándose con El Quijote cervantino o La poética de Aristóteles. Y, más aún, se nos descubre, entre otros prodigios, que Dionisio, al adentrarse en el mar puede convertirse en pez.

Pero no únicamente Dionisio es tan particular. También lo son varios de los miembros de la estirpe. Dionisio, a los quince años, se casa con Andrea, que le dobla la edad, y tienen quince hijos. Entre ellos, Aureliano, su undécimo vástago, que es capaz de volar y de predecir el futuro. Y es Aureliano quien se queda con Dionisio cuando este se separa de Andrea para unirse a María, que le da siete hijos más. Así, Manuel, que nació completamente verde, y que la pareja tuvo cuando eran centenarios. O Miguel, enamorado secretamente de su hermana Amparo, cuya muerte le arrastra a una profunda desesperanza. Hasta que un día Amparo regresa del más allá -de donde vuelven también otros personajes, incluido el mismo Dionisio-, y ella y Miguel se van del pueblo para vivir juntos en otro lugar donde Amparo pare a nueve animales, que Miguel cuida como si fueran hijos naturales.

En la cotidianidad de los Yagüe, los acontecimientos mágicos se suceden y nos van asombrando a la vez que nos preguntamos qué nueva sorpresa nos deparará la siguiente página, entrelazados con hechos históricos de clara ubicación: “Pero llegó el tiempo en que los republicanos fueron sometidos a un golpe de Estado y comenzó una guerra civil en el país que a todos labró un escalofrío entre el alma y la educación”. Una contienda en la que son llamados a filas algunos descendientes de Dionisio.

Con Los espejos occidentales, Emilio Arnao amplía sus registros internándose con buen pie en el territorio del realismo mágico. De manera personal -se da una vuelta de tuerca a la autoficción, desembocando la novela en el nacimiento de su propio autor, Emilio Arnao-, hay ecos de la canónica Cien años de soledad, de García Márquez y de su linaje de los Buendía, en, entre otros aspectos, recursos estilísticos apoyados en figuras como la sinestesia o el oxímoron, guiños en los nombres de los personajes (Úrsula, Aureliano, el gitano Melquíades), un narrador que da cuenta de lo real y lo fantástico sin distinciones, y una cosmovisión en la que -se reflexiona en Los espejos occidentales-,“las cosas por mucho que cambiaba el sol de una parte a otra siempre seguían estando en el lado oscuro de las generaciones. Dormir, soñar, sentir, empujones del tiempo que se abastecían del laberinto de los biombos y del rumor de las desembocaduras […] Soledad y llanto, reinos del mus, arquitectura que subía peldaños, mar que dejaba de moverse”.

Emilio Arnao es un letraherido, que no puede vivir sin la escritura: “Escribe más que El Tostado, más que Lope de Vega, más que nadie en el mundo y con un brillante estilo”, ha dicho Raúl del Pozo de Arnao, quien dedicó al periodista y escritor conquense el estudio Raúl del Pozo. La prosa canalla (Seleer, 2015). Emilio Arnao ha volcado su pasión y su pulsión literarias en prácticamente todos los géneros: poesía, ensayo, artículo -declara como su maestro a Francisco Umbral, sobre el que escribió Umbral o el contradiós (Rilke Ediciones, 2011)-, teatro, biografía, con más de una treintena de obras publicadas, y numerosas aún inéditas, desde que al comienzo de la década de los noventa del pasado siglo publicó su primer libro, Poemas de Amor y Vértigo.

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