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NOVELA

Cristina Cerrada: Europa

domingo 25 de junio de 2017, 15:13h
Cristina Cerrada: Europa

Seix Barral. Barcelona. 2017. 206 páginas. 18 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Daniel González Irala

Raymond Carver venía a decir que la calidad de una novela o cuento se dejaba ver en el hecho de que el lector permaneciese pegado a su libro así estuviese ardiendo su propia casa y hasta su propia habitación. De la escritura como incendio, ese que solía ir de la pluma al papel, también se han escrito toneladas de tinta, como si realmente la presión que en forma de orden el cerebro manda a la mano, y la mano a la pluma para quemar el papel, nos fuera en según qué ejemplos a estallar en la misma cabeza en un acto de retroalimentación necesaria.

Algo así sucede con esta novela de Cristina Cerrada, novelista y cuentista madrileña que debutó hace más de una década con el carveriano libro de relatos Noctámbulos; en ella, se recorre la historia de un trauma que pasa de la adolescencia a la necesidad epidérmica de madurar de Heda, una chica que debe dejar su país para habitar con sus padres y su hermano Pamuk, una casa con paredes de papel, y asistir en calidad de refugiados a un estado elemental de guerra con los demás y con uno mismo que aúna pasado, presente y futuro en esos cinco actos de la tragedia humana que supone saberse extraño.

Se ha dicho que probablemente el punto de partida fuera la Guerra de los Balcanes, sin embargo, los acontecimientos desbordantes que de hecho ocurren actualmente en Siria, y por los que sus habitantes ocupan y ocuparán gran parte de esa Europa que enuncia el título, convierten la publicación del manuscrito de Cerrada y el alumbramiento de Heda, en una suerte de Ana Frank de la era posterior a la Guerra Fría.

Concebida a la vez como un diario de la protagonista que utiliza un narrador objetivo durante la mayor parte de la trama (descubrimiento que encumbró entre otros a J.D. Salinger) para enseñarnos cómo esta chica sobrevive tanto a sus pesadillas en las que ese tren en que llegó consiguió derrumbarla, como al desprecio a su propio hermano que ya en el destino fuma y escupe como si fuese un hombre de verdad sin serlo (es el estar en otro país lo que a él le derrumbará por otros motivos de inadaptación), a la fragilidad de su padre (profesor de una Universidad que dejará de existir así como joven promesa del teatro con dos obras llamadas La ofensa y La especulación), a la grosería de la especie de patrón de la fábrica de papel en que trabajan, el señor Schultz, que vivirá eternas jornadas de huelga a las que tampoco serán ajenas las fábricas de relojes o plásticos, como a la hermana de Tobbías (novia de Pamuk) en cuyo hermano éste quisiera ver emparejada a Heda.

De esas “calles siniestras quemadas por el sol que casi parecen naturaleza rota, reventada” se deduce el hecho de un trabajo preciso y económico con el lenguaje, que no huye de lo concienzudo a la hora de buscar la palabra exacta que dé con ese sentir de miles de personas que recorren cada día vías de alienación semejantes. Este hecho, así como el magnífico oído para los diálogos de la autora, convierten Europa en una lectura más que recomendable.

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