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NOVELA

Eva Díaz Pérez: El color de los ángeles

domingo 25 de junio de 2017, 15:50h
Eva Díaz Pérez: El color de los ángeles

Planeta. Barcelona, 2017. 352 páginas. 20 €.

Por Jorge Pato García

Bartolomé Esteban Murillo es uno de los grandes exponentes de la pintura española, su fama ha trascendido nuestras fronteras, tanto en vida, recibiendo encargos desde el extranjero, como una vez fallecido, alcanzando sus obras las mayores cotizaciones a nivel mundial desde finales del siglo XIX hasta inicios del XX. Lo celestial de sus inmaculadas consigue que cualquiera que observe esos cuadros, con independencia de su fe, se sienta cautivado por esas mujeres rodeadas de ángeles y con la luna a los pies.

También esos ángeles son virtud de los pinceles de Murillo, pero al igual que la pintura de temática religiosa da buena muestra de esa maestría, Murillo tuvo una gran producción de asuntos profanos y costumbristas, y es más en esa parte en la que se centra esta novela.

Murillo sufre un grave percance durante la ejecución de uno de sus cuadros, Los desposorios de Santa Catalina, para el convento de los capuchinos de Cádiz, una obra de grandes dimensiones y que requería realizar el trabajo desde un andamio. Murillo se cae y sufre graves heridas. Para poder recuperarse debe guardar reposo absoluto y será durante ese tiempo de hastío y de lento transcurrir, en el que el pintor aproveche para recordar su niñez y adolescencia en la ciudad de Sevilla.

Urbe que empezaba a notar intensamente su declive, apagándose como una vela el poderío de épocas pasadas. Sevilla es, sin duda, un escenario de acompañamiento en esta novela excelente. Una urbe de contradicciones, de antagonismos. Allí donde el fervor más intenso se entremezcla con el festejo pagano al más alto nivel.

Unido a este repaso por sus recuerdos, Murillo se verá involucrado en una trama de lo más oscura y obscena, ya que los ángeles de los que nos habla el título no son solo los seres celestiales de algunas de sus obras. Son también los pillos y jovenzuelos que aparecen en sus obras profanas y que tanto gustaban a los peticionarios que desde centro Europa requerían los servicios de Murillo. Jóvenes anónimos, sin fama, sin dotes celestiales; pero perfectamente representados y de un realismo tal que podían tener unas connotaciones de índole sexual, dependiendo de la intencionalidad de aquel que mirase el lienzo.

Eva Díaz Pérez nos acerca la figura de un artista de talla mundial pero casi desconocido y anónimo en cuanto a lo biográfico. Todo ello inmerso en un recorrido por la Sevilla del siglo XVII, tratada de la mejor manera por una hija de esa tierra.

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