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RELATOS

Junichiro Tanizaki: Siete cuentos japoneses

domingo 02 de julio de 2017, 16:54h
Junichiro Tanizaki: Siete cuentos japoneses

Traducción de Ryukichi Terao y Ednodio Quintero. Atalanta. Vilaür, 2017. 260 páginas. 21 €.

Por José Pazó Espinosa

Tanizaki, el rey de las obsesiones sexuales, Tanizaki, el novelista japonés más popular tras Soseki y quizá Mishima, Tanizaki, el amante de las sombras. Es difícil no relacionar a Tanizaki con la invasión occidental de la cultura japonesa que comenzó en Meiji, en 1868. Pero si bien Soseki reaccionó en muchos aspectos a esa invasión, Tanizaki, el estudiante díscolo aficionado a la literatura, las mujeres y la bohemia urbana, se enamoró de lo occidental, quizá para poder amar así lo japonés de forma más intensa.

En uno de los cuentos que nos presenta la editorial Atalanta en su volumen Siete cuentos japoneses, concretamente en “El espía”, el narrador habla de la voluptuosidad de las mujeres occidentales desde el punto de vista nipón: “En cierta ocasión, me planté en medio de un grupo de diez mujeres rubias, de ojos azules, muy blancas y jóvenes. Se me erizó la piel, de una forma por demás extraña y exquisita. Al notar las palpitaciones intermitentes de los apetitosos senos de aquellas damas tan hermosas y elegantes, que vestían vaporosas blusas veraniegas de telas muy finas, ceñidas a sus senos de pezones erectos y divinos, colmados de músculos plenos de vida, me extravié en un delicioso jardín florido allá, en un lejano y exótico país…”

Más adelante, cuando lee unas cartas que unas mujeres mandan al supuesto espía, el señor G, el narrador afirma: “En esas carta, tan extrañas y mal redactadas, alcancé a vislumbrar la encarnación latente de lo misterioso y excéntrico de las mujeres japonesas, visto a través de unos ojos extranjeros. […] En fin, las cartas me parecieron sumamente exóticas”.

Nada como estos fragmentos ilustran tan bien el punto de vista vital y literario de Tanizaki: por un lado, la fascinación por lo occidental; por otro, la fascinación por lo propio. Lo occidental y también lo japonés eran para Tanizaki lugares exóticos, en sus mujeres, en sus hombres, en sus luces y en sus sombras, de ahí su indagación constante en un mito lejano, por más que fuera su propio país.

Los siete cuentos se presentan como siete historias muy características y ejemplares de Tanizaki. Destacan la ya mencionada “El espía alemán”; “Los dos novicios”, una bella historia de ascetismo, renuncia, sensualidad y amor en definitiva; la popular “Los pies de Fumiko”, en la que el fetichismo del pie, un asunto tan propio del autor, tiene un desarrollo literario inédito en la época y todavía sorprendente por su sinceridad y naturalidad. Pies casi mágicos, curativos a través de la humillación recibida de ellos: “Sí, los pies de Fumiko nacieron con joyas incrustadas. Con solo cortar los dedos y unirlos con un hilo, se podría hacer un hermoso collar, digno de una reina.”

También es de notar “Nostalgia de mi madre”, un sencillo cuento onírico en su presentación, pero que refleja uno de los grandes temas de la literatura nipona a través de los tiempos: la agridulce nostalgia de una madre siempre ausente y fantasmal, nostalgia que se traspasa a todo lo existente a través del “mono no aware”, la conciencia de la transitoriedad de las cosas.

Atalanta, en esta selección de cuentos de Tanizaki, nos ofrece un pequeño mosaico del autor y sus contradicciones personales y literarias. Sus cuentos son el semillero de lo que después sería una de las aventuras literarias más interesantes del siglo XX. Y no nos referimos solamente a Japón y a los japoneses, sino a la aventura existencial del ser humano en general.

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