No deja de ser una buena noticia que Rajoy y Sánchez se reúnan para hablar de sus cosas y de las de todos los españoles. Mejor aún que se entiendan (no ha trascendido hasta el momento si le ha vuelto a llamar “indecente”). Parece que coinciden en el análisis del problema –Cataluña, obviamente–, no así en la forma de cómo tratarlo.
No tendría que sorprender que dos líderes políticos ideológicamente contrarios quieran abordar cuestiones socialmente relevantes de forma distinta. Sí llama la atención que a estas alturas de la película (o del ‘procés’) todavía haya quien reclame diálogo como única vía para solucionar la cuestión catalana. Es como si se hubiera perdido la mitad de esa película, como si se hubiera incorporado a mitad de partido. Realmente es lo que ha pasado. Sin serlo, Sánchez parece un recién llegado.
¿Hablar? ¿De qué? ¿Qué argumentas a alguien que te dice que va a hacer algo contrario a la ley “sí o sí”? ¿Cómo dialogas con alguien que no quiere diálogo porque tiene claro que no se va a mover un ápice de su posición? Todos sabemos, o nos podemos imaginar, cómo discurriría una hipotética conversación (diálogo) entre un líder político independentista (I) y otro, por ejemplo, constitucionalista (C):
- C: Bueno, que me han dicho que estáis estudiando celebrar un referéndum sobre la independencia de Cataluña…
- I: No, no lo estamos estudiando, vamos a hacerlo.
- C: Pero sabes que eso es ilegal, ¿no?
- I: Me da igual, vamos a hacerlo.
- C: Ya, pero es que va contra la Constitución…
- I: Me da igual, vamos a hacerlo.
- C: ¿Has pensado en las consecuencias legales?
- I: Me da igual, vamos a hacerlo.
- C: ¿Y crees que tenéis suficiente respaldo social?
- I: Me da igual, vamos a hacerlo.
- C: Bueno, al menos Messi ha renovado por el Barça…
- I: Me da igual, vamos a hacerlo…
Sería bueno que los amigos de lo políticamente correcto, los que solo hablan a los medios de comunicación para decir siempre lo que queda bien de cara a la galería sin ir más allá del razonamiento obvio, explicaran qué argumentos darían a alguien que no escucha, que no tiene más objetivo que cometer una ilegalidad, que está advertido de las consecuencias y que, a pesar de ello, le da igual porque va a hacerlo.
Imagino que Sánchez, al final, está más cerca de la postura de Rajoy de lo que predica. No puede darle toda la razón al presidente del Gobierno que está obligado a odiar porque “su electorado” no se lo perdonaría. ¡Marchando otra de postureo! Pero hay que entenderle, bien empezamos si a las primeras de cambio se alinea con las posiciones del líder del PP al que hay que negarle casi hasta el saludo.
En cualquier caso, bien está que PP y PSOE hablen, ellos sí, aunque sería curioso, al menos argumentalmente, un diálogo entre un independentista partidario de hacer algo “sí o sí” y otro que se dice constitucionalista y que se caracteriza por recordar que “no es no”. La política es así.