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LOS ALTERCADOS SE SUCEDEN

Hamburgo, al borde del colapso por las protestas con el G20

Hamburgo, al borde del colapso por las protestas con el G20
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(Foto: Efe)
EL IMPARCIAL/Efe
viernes 07 de julio de 2017, 22:17h
Actualizado el: 08 de julio de 2017, 12:05h
Los disturbios empañaron este viernes, por segundo día consecutivo, la cumbre del G20 en Hamburgo, una cita que el anfitrión alemán y la ciudad que la acoge deseaban fuera impecable. Coches ardiendo, 159 policías heridos, jóvenes encapuchados enfrentándose a vehículos antidisturbios, lanzamiento de cócteles molotov y agentes tratando de dispersar a los alborotadores eran las imágenes del día.

A lo largo de la jornada se había informado de que Melania Trump estaba retenida en la residencia donde se aloja, por razones de seguridad, y de que había habido lanzamiento de objetos contra la policía que custodia el hotel donde se hospeda el líder del Kremlim.

No obstante, el semanario Der Spiegel afirmó, citando fuentes policiales, que las autoridades de esta ciudad del norte de Alemania han pedido refuerzos al contingente actual, formado por unos 19.000 efectivos.

Unas horas después de que se conociera esa noticia, la Policía de Hamburgo ha calificado de "muy seria" la situación en un distrito de la ciudad, sobre todo, por el reagrupamiento de grupos de radicales identificables como violentos. Por ello, y a través de Twitter, las autoridades han pedido a curiosos y transeúntes que abandonen ciertas zonas del barrio de St. Pauli.

Las manifestaciones violentas contra la cumbre son "inaceptables", condenó Angela Merkel, que lamentó las agresiones sufridas por agentes policiales. "Las manifestaciones violentas ponen en peligro vidas humanas", añadió la anfitriona de la reunión de los líderes de las principales potencias industriales y países emergentes.

La canciller alemana reiteró su "comprensión" hacia las marchas de signo pacífico que se desarrollan estos días en Hamburgo. Desde su Gobierno se ha insistido en que la crítica al G20 es "bienvenida" siempre que sea pacífica, en un claro mensaje de normalidad democrática en un país donde se garantiza la libertad de expresión, frente a la situación de otros miembros del grupo.

A falta de lo que ocurra hasta el final de la cumbre, este sábado, el balance deja dudas acerca de la oportunidad de elegir el centro de una ciudad como Hamburgo, con 1,7 millones de habitantes y barrios conflictivos o con tradición de combativos, como St Pauli, para acoger la cita de los más poderosos.

Estaba claro que la cumbre suponía un desafío logístico y policial, con invitados incómodos para la izquierda radical como Trump y una veintena de actos de protesta de distinto orden, desde imaginativas acciones en formato artístico o festivo a la posible presencia de hasta 8.000 extremistas o antisistema.

Ya el martes la Policía empleó cañones de agua a presión contra jóvenes que pretendían pernoctar en una "acampada anticapitalista". El miércoles la situación empeoró, al detectarse la presencia de un millar de encapuchados en la manifestación bautizada como "Welcome to hell" ("Bienvenido al infierno).

Los altercados se prolongaron hasta pasada la medianoche y se reprodujeron a primera hora de la mañana de este viernes. Grupos de entre 200 y 600 manifestantes prosiguieron durante todo el día con sentadas para tratar de bloquear los accesos al centro de congresos donde se celebra la cumbre.

Las fuerzas policiales bloquearon varias estaciones de metro, en unos momentos en los que la circulación por un amplio perímetro está reservada a vehículos autorizados, delegaciones o Policía.

El momento de práctico colapso se alcanzó coincidiendo con la llegada a la Elbphilharmonie, la recién inaugurada filarmónica de la ciudad, de la caravana de los líderes para el concierto que Merkel y su esposo, el catedrático Joachim Sauer, ofrecían a sus invitados.

El cielo de Hamburgo era un avispero de helicópteros, mientras barcas policiales y submarinistas controlaban que no se infiltraran intrusos desde el puerto a esa parte del Elba, en uno de cuyos depósitos se levanta ahora la Filarmónica, el más costoso proyecto cultural de Alemania y la nueva señal de identidad para Hamburgo.

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