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ENSAYO

Robert Gildea: Combatientes en la sombra. La historia definitiva de la Resistencia francesa

domingo 09 de julio de 2017, 17:53h
Robert Gildea: Combatientes en la sombra. La historia definitiva de la Resistencia francesa

Traducción de Federico Corriente. Taurus. Madrid, 2016. 645 páginas. 33,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

Nos hallamos ante una obra cuyo contenido honra a su título, fenómeno que se advierte en el predominio de las historias particulares de innumerables “resistentes”, la mayoría héroes anónimos, de los que Robert Gildea nos trae su perfil biográfico y humano. Con esta técnica, consigue mantener el interés del lector el cual no siempre puede estar familiarizado con nombres como De Gaulle, Petain, Churchill, acontecimientos como la reacción en Europa al triunfo de la revolución bolchevique o con ideologías como el nazismo y el comunismo.

Gildea se propone mostrar cómo la Resistencia ha sido empleada por la Francia posterior a 1945 de forma instrumental e interesada creándose un mito, es decir, una historia alejada de la realidad. Esto se observó ya en el momento en que tuvo lugar la liberación y De Gaulle la atribuyó en exclusiva el papel jugado por sus compatriotas. Frente a esta interpretación chovinista, el autor señala que: “Lo que se obvió por completo fue el papel desempeñado por los extranjeros en la Resistencia francesa. Muchos de los que participaron en las actividades de la Resistencia en Francia habían llegado allí en el periodo de entreguerras como migrantes económicos que buscaban trabajo, como exiliados políticos que huían de regímenes opresores o como una combinación de ambas cosas” (p. 221).

En consecuencia, los franceses no derrotaron solos a los alemanes sino que necesitaron de los aliados (Reino Unido y Estados Unidos). En efecto, mientras el apoyo británico a la Resistencia fue incondicional y perceptible desde el primer momento, el compromiso de Estados Unidos cabe calificarlo de gradual, entre otras razones porque hasta 1941 la citada nación no entró en la guerra.

Además, a partir de 1945, la rápida rehabilitación de los partidarios de Petain debe interpretarse más como una ausencia de autocrítica francesa que como una herramienta orientada al servicio del binomio normalización/rehabilitación. Como sentencia Gildea: “La nación francesa en su conjunto sufrió la humillación de la derrota, desde sus dirigentes hasta el pueblo llano. Era una derrota inesperada, ya que los franceses habían entrado en guerra en 1939 con la cabeza bien alta, confiados en el poderío de sus fuerzas de tierra, mar y aire […]. Fue un derrota decisiva porque supuso la desaparición de la República que encarnaba los ideales democráticos y patrióticos franceses desde 1870 y porque dio paso a un régimen autoritario dispuesto a negociar con Alemania” (págs. 37-38).

No obstante, a la hora de contar la historia de la Resistencia ha habido divisiones y fases en las que ha predominado un relato sobre el resto. Así, cada uno de los bandos que tomaron parte en la Resistencia ha pretendido hacer su propia versión, excluyendo al resto. Al respecto, una de las grandes dialécticas es la que enfrenta al relato gaullista con el procedente de los comunistas franceses. De nuevo Gildea aclara aspectos: aunque De Gaulle se opuso a la cobardía de Petain, su llamamiento mítico a través de la BBC a continuar la guerra contra Alemania despertó escaso interés entre sus compatriotas en un primer momento. Es más, algunos de los que pensaban como el general (Monnet, Mourois) desconfiaron de sus intenciones ya que de ellas se derivaba una excesiva ambición. Igualmente, en muchas ocasiones De Gaulle fue por detrás de los acontecimientos (p. 256). Quien sí le apoyó de manera incondicional fue Churchill, aunque “a veces se arrepintió de esta decisión” (p. 125), lo que incrementó las suspicacias entre los resistentes del interior de Francia.

En definitiva, una obra magna que nos detalla de forma pormenorizada a la Resistencia, un movimiento rodeado de abundantes mitos, gestas magnificadas y olvidos deliberados de contribuciones fundamentales, lo que ha conllevado una cierta desnaturalización. Robert Gildea nos muestra su complejidad a través de un trabajo minucioso que pone en valor el rol desempeñado por personajes anónimos cuya meta fue la restauración de libertad en Francia, reivindicando así memorias individuales que han quedado al margen de los relatos dominantes en cada época.

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