Lució jerarquía para ganar con una soltura insultante.
Gabriñe Muguruza vuelve a la final de Wimbledon. Este viernes ha abierto la actividad en la pista central del All England Club para acribillar a su rival y resolver el envite en algo más de una hora. Un doble 6-1 ante Magdalena Rybarikova certificó la evolución de una jugadora española que apunta al título británico después de haber eliminado a la número uno y, desde entondes, mostrarse intratable en todas las facetas del juego.
La eslovaca sólo pudo resultar la víctima propiciatoria, otra más en esta edición del campeonato inglés, de una jugadora española que ha accedido a su tercera final del Grand Slam (subcampeona en Wimbledon 2015 y ganadora en Roland Garros 2016), y que se enfrentará a la ganadora del duelo entre Venus Williams y la británica Johana Konta. Y lo hará impulsada en la mejor versión de su carrera.
La consistencia mental era el factor que ha venido torturando a la caraqueña para amarrar la potencialidad de su calidad. Pero con la llegada de Conchita Martínez a su cuerpo técnico ese apartado parece neutralizado. A partir de ahí, a la jugadora hispanovenezolana, en pista, sólo le cuesta encontrar una rival de su categoría. Este jueves enfrentaba una prueba resbaladiza, pues partía como favorita y ese estatus le ha jugado malas pasadas en ocasiones anteriores.
Pero Garbiñe salió con la mimsa mentalización con la que acomplejó en el primer set de los cuartos de final a Svetlana Kuznetsova. La eterna rusa supo responder y equilibrar algo las fuerzas en la segunda manda, pero Rybarikova no dispuso de las armas suficientes para rebatir la dinámica intensda, agresiva e inteligente de una Mugurua iirefrenable. La red volvió a entrgar solidez a su calidad (19 puntos ganados en 25 subidas) y volvió a no ceder su saque ni una sola vez.
La estadística refleja cómo ha afinado su ejecución la primera finalista de esta edición de Wimbledon: ganó el 58% de los puntpos en los que restaba (neutralizando una de las mejores argucias de la eslovaca), y colocó 22 ganadores por sólo 11 errores no forzados. Esta relación de hechos convirtió la mañana en un clínic que revirtió en la impotencia de una Rybarikova que venía de eliminar a la checa Karolina Pliskova en la segunda ronda este año.
El juego vertical de la ganadora del envite terminó por desbordar la finura buscada por la centroeuropea y la concatenación de cinco juegos seguidos conduciría el duelo hacia un desenlace fugaz y esclarecedor. Muy pocas fisuras ha mostrado en las últimas tres rondas una tenista que analizó el resultado al término del partido: "He jugado muy bien, ella es difícil y ha hecho un gran torneo. Yo me he mostrado con mucha confianza. Estar en estas situaciones ayuda a manejar mejor las situaciones".
"Garbi es una jugadora fantástica, es la favorita al título final y todo puede suceder, los milagros se producen", expuso Rybarikova en la previa. Defrinitivamente éste no fue su día, impedida ante la ráfaga de golpes poderosos que le cayó, sostenida, de manera impenitente. Tanto que nunca llegó a coger ritmo. Se desdibujó, perdió la convicción en completar su sueño confeso y bajó los brazos.
"Muchas cosas tienen que hacer 'clic' para ganar un Grand Slam", proclamó Muguruza tras ganar los cuartos de final. Entonces, reflexionó sobre los ingredientes necesarios para avanzar a una nueva final de un grande: "Tengo que ser agresiva, no cometer muchos errores y estar bien físicamente y, además, no estar muy ansiosa ni nerviosa, liberar la mente y concentrarme en el tenis". Pues bien, parece que la senda marcada por la española está siendo cumplimentada con ortodoxia triunfal.