“Sin comprometer el patrimonio…”. Esta ha resultado ser la frase mágica para que, repentinamente, se arruguen muchos de aquellos que llevan años de dura lucha contra la “opresión” del Estado español, la “asfixia” a la que somete Madrid, una Hacienda que “esquilma” los recursos de los catalanes, la injusticia de un sistema de Justicia que “subyuga” y un aparato institucional y social que “reprime”.
¡Maldito parné!, que diría el castizo. Al final van a tener razón todos los que decían que el problema catalán es únicamente una cuestión de dinero. Ingenuo de mí. Confundí los términos. Pensaba que lo de la pasta era para disponer más en las arcas de los gestores de la cosa pública, siempre para bien de los ciudadanos y de Cataluña. Y resulta que no, que hablar de eso del bolsillo se refería al de cada uno, a lo que cada cual tiene ahorrado en su cuenta.
Y digo yo: ¿Ahora se dan cuenta de que ir contra la legalidad tiene consecuencias también en el patrimonio particular? ¿No sabían que, por ejemplo y sin entrar en más detalles, si te inhabilitan dejas de cobrar tu sueldo? ¿Desconocían que hay responsabilidades mal gestionadas que te pueden costar la pasta?
La verdad es que siento una profunda decepción. Ya lo siento. Imaginaba un futuro no muy lejano con una Cataluña volviendo a reivindicar su independencia sin éxito –esto es cíclico, como la economía o el calentamiento de la Tierra–, pero ensalzando a los héroes que perdieron su trabajo, su dinero y alguno hasta la libertad por luchar contra el sistema “opresor” de España. ¡Gloria a los mártires por la patria!
Pero no. No ha resultado así. ¡Ay, qué poco duran algunos ideales cuando la realidad toca el bolsillo!. Puigdemont va a tener que explicar muy claramente hasta dónde llega el compromiso y no mentir con las consecuencias. Porque una cosa es apoyar y suscribir acciones que dirijan a un referéndum independentista y otra muy distinta comprometer el patrimonio. Lo estamos comprobando.
Los socios de Gobierno se miran de reojo. Hay tensiones por la carga de responsabilidades dentro del ejecutivo de cara al 1-O: “Yo voy, pero si tú vienes. No sea que tenga que pagar yo solo. Y cuando llegan: tú primero. No tú. Que no tonto, tú primero…”. Lo triste es que mientras los que mandan se ponen de perfil para no asumir responsabilidades, meten en el lío a funcionarios y voluntarios.
Junqueras habría pasado a Puigdemont una lista con los consejeros que no cree que estén verdaderamente implicados y éste ya ha dejado entrever que no tendría ningún problema en reestructurar el equipo de Gobierno. Y así estamos todos, esperando a que alguien diga que es responsable de lo que hace, porque, de momento, alguno hay que asume tareas de coordinación en la organización del referéndum, pero sin “capacidad ejecutiva” sobre los consejeros.
Un sí, pero no del todo, no sea que me venga el de la multa. Mientras, todos miran al president, que dijo que designaría de manera formal a un coordinador que concentre todas las competencias, es decir, todas las culpas y responsabilidades en caso de denuncia.
Veremos cuantos levantan la mano.